ERICK CANINO | SANTA CRUZ DE TENERIFE
La llegada de Manolo García como parte de la gira de presentación de su último trabajo de estudio, Saldremos a la lluvia, se viene anunciado desde de el pasado año. La espera ha sido tanta que al final el cantante llega a Canarias para protagonizar los dos conciertos de despedida de esta conquista musical por numerosos puntos del territorio nacional.
El artista, en las horas previas a su actuación de esta noche en Gran Canarias y de mañana en el Pabellón Municipal de los Deportes de Santa Cruz (22:00 h.), insiste en que todo lo que no sea crear, dentro del complicado mundo de la industria musical, son en muchos casos males mayores con los que hay que lidiar. "Tengo unas ciertas normas éticas que mantengo firmes, un norte que no pienso abandonar nunca".
-Le confieso que tengo tanta curiosidad de preguntarle por la música como por la vida en su conjunto. Intuyo que para usted es casi lo mismo...
-Una cosa no se puede separar de la otra. La música forma parte de la vida de muchas personas. Mucha gente procura que la vida gire alrededor del arte, es una necesidad del alma. La vida material de esta sociedad industrial que nos ha tocado vivir a mucha gente no nos agrada demasiado. En el devenir de los tiempos, las cosas en lo material se están complicando. El ejemplo es esta crisis y el terrible paro, cosas truculentas que pueden amargar una vida. La música es un asidero, es una manera de darle un cierto sentido a los días y de levantar el ánimo. El arte está ligado a mí, de una manera firme desde siempre y por siempre.
-Cuando no está componiendo, cuando no está sobre un escenario, ¿cómo se sobrepone en el día a día a esa vida que a usted no le agrada?
-Aunque a veces vivimos un poco adormilados y asumimos que las cosas tienen que ser así, en el fondo todo el mundo busca una cierta placidez en los días. La vida moderna, los medios de comunicación, muchas veces se adueña de tu espacio y de tu tiempo. Hagas lo que hagas, la publicidad te machaca. No creo que esté al gusto de todos esa gran cacofonía, esos ruidos infernales que nos rodean. Ruidos de motores y dolor. Ahora bien, está claro que también hay esperanza y hay cosas bonitas. Somos muchos y hay para cubrir todos los aspectos. En todo esto, existe mucha gente que intenta llenar esos vacíos más que de una forma material, de una forma espiritual. Está demostrado que las personas que más poder tienen, las que están más alto en el escalafón, no son más felices. En todos los aspectos de la vida, el grado medio es lo correcto. Se trata de vivir y disfrutar el tiempo presente, porque es el único que tenemos.
-No es necesario marchar a una isla desierta...
-Yo vivo en una gran ciudad, con cuatro millones de habitantes. Hay cosas que me gustan y otras que no. Para alejarse de ese gran estruendo al que nos somete una ciudad se va por los caminos más sencillos. Una película, un libro, un disco en tu casa. Yo soy viajero de sofá. Tumbado cómodamente, con un libro en las manos, se puede viajar a lugares estupendos. La cultura en general es ahora muy importante, creo que más que nunca. Cuando han caído ciertos valores, cuando se ha demostrado que un neoliberalismo furibundo tampoco trae nada bueno, mucha gente se agarra a ese salvavidas, y muchos ya lo hicimos desde siempre. Es un poco hacer valer que lo que nos han contando nuestros mayores, las cosas más simples son las que más aportan a los seres humanos.
-En este último año el sistema ha sufrido un grave retroceso por la misma crisis que usted acaba de nombrar. ¿Manolo García es de esas personas que ahora piensan "yo lo sabía"?
-Sí es cierto que esa percepción viene de antiguo. Sólo usando un poco la lógica, el sentido común, uno se da cuenta. Ya en los años 70, cuando surgió el movimiento hippie, cuando se hablaba de la autogestión, se potenciaba la idea de que uno mismo tiene que vivir, e intentar hacerlo con el trabajo de tus propias manos. Esto, el sistema capitalista lo ha tumbado todo. Estos postulados de ideas simples florecieron e impulsaron músicas magníficas, como Jimi Hendrix, The Doors, Led Zeppelin... Todo esto ha quedado en el alma de unos pocos. Vivimos en un mundo en el que siempre se quiere más y eso no se puede mantener. No por lógico deja de ser cierto. Todos los sabemos, pero hemos estado ciegos. ¿Qué si se veía venir? Bueno, a toro pasado todo el mundo lo sabía, pero no se ha obrado en consecuencia. No creo que exista una solución universal, pero todos podemos arreglarlo un poco aportando lo nuestro.
-En un mundo tan complejo como la industria discográfica, esa lógica de la que usted habla debe toparse muchas veces con contradicciones...
-Intento hacer mi camino según mi parecer y siempre ha sido así. Tengo unas ciertas normas éticas que mantengo firmes. Tengo un norte que no voy a abandonar nunca. Desde que comencé en esto, siempre tuve muy claro que yo quería ser músico, ni famoso ni millonario. Ahora vivo de la música y lo acepto. Disfruto de un estado de ánimo general de bonanza, porque tengo una enorme suerte que agradezco absolutamente. Pongo algunos límites que van ligados a esa idea primera: no acepto patrocinadores, intento siempre que las entradas para mis conciertos tengan precios populares, nunca intento cobrar más que nadie al hilo de la demanda, etc. Todo esto me genera una enorme tranquilidad de espíritu.
-Usted ha dicho que cuando inicia una gira y ve toda la gente, trabajadores, que mueve su espectáculo, siente una enorme responsabilidad. ¿Esa sensación llega a limitarle en algún momento, por ejemplo, al componer una nueva canción?
-No es tanto así. Cuando me pongo a componer, tengo la capacidad de abstraerme de esa idea. Cuando estoy en ello no pienso en complacer a los demás. Estoy de alguna manera plasmando en mi cuadro y no pienso en que pueda gustar ni en la repercusión que pueda tener. Ahí lo que prima es la necesidad del creador. Alguien decía que la música pop-rock era un arte menor. Yo no estoy muy de acuerdo en eso. Esos sonidos son importantísimos para mucha gente. El otro día estuve viendo a los Eagles en Madrid, con un repertorio de canciones antiguas y canciones nuevas y me emocioné, lo pasé muy bien. Ellos estaban a gusto sobre el escenario y nosotros durante dos horas disfrutamos de una cota de libertad altísima. Eso es un poco lo que yo hago cuando empiezo a componer de nuevo, buscar esa poesía que tiene la vida. La vida no es sólo lo que cuenta el periódico, casi siempre con malas noticias. Yo me alejo de es cacofonía humana y me dedico a la poesía de luz y sombra. Cuando hago canciones, busco un cierto lirismo, pretendo acunarme, cantarme una nana. Luego me doy cuenta, cuando esa canción llega a oídos de otros, que esa misma canción también hace compañía a otras personas. No sólo hay crisis. Hay cosas maravillosas, la amistad, los pequeños momentos. Si no puedo cambiar de coche cada año, pues no pasa nada. Si no puedo viajar al Caribe, seguro que en Canarias hay rincones magníficos en los que compartir con mis amigos y darme unos baños estupendos. Mi abuela no salió de su pueblo en 50 años, en un área de 40 kilómetros cuadrados, y la recuerdo siempre sonriente. No conoció nada más y nunca le hizo falta. Ella fue feliz, seguro.
-Después de tanto tiempo componiendo, años, decenas de canciones, al ahora de retomar el proceso creativo, ¿Cómo esquiva la repetición, cómo se puede seguir siendo original?
-Para mí sólo existe una manera, no estar apegado siempre a mi condición de músico. Yo acabo las giras y durante un tiempo extenso que no está premeditado, me cambio de traje y retomo mi otra vida. Vuelvo con mis cuadros, con una existencia que no tenga que ver con la música. Me alejo de ese mundo para no ponerme enfermo porque también se puede morir de éxito. La forma para encontrar las canciones es ser humilde, no forzar la máquina. No pretendo estar siempre en la cresta de la ola. Acabo las giras, con una actitud digna y honesta, después de haber trabajado mucho con los músicos que me acompañan, y procuro alejarme un poco de este mundo que a veces llega a ser un poco truculento. El lugar del escritor de canciones está en su casa en soledad. Yo me abstraigo y no tengo nada que ver con el negocio musical. Cuando estamos metidos en el lío, cuando se trata de negociar con promotores y demás, se intenta a hacer de la mejor manera posible, siendo ecuánime. Ese alejamiento es el que quizás me proporcionará el futuro. No hay otra manera.
-¿Cómo presentaría usted su última obra musical, el disco que viene a presentar esta semana a Canarias?
-Es un disco que busca esperanza. Ya desde el mismo título, Saldremos a la lluvia, puede quedar claro. Es una declaración de principios en el sentido de regenerar, de buscar ese frescor. Si te dejas llevar por el abanico de problemas que ofrece la vida, malo. Ese instinto del ser vivo de levantar la cabeza y avanzar es un poco un manifiesto para mí. No es que pretenda combatir demonios con este disco. Simplemente es una actitud vital. Hay que huir de la costumbre que a veces adormece los sentidos. Es un poco esa idea, buscar la luz, nunca la sombra.
-¿Se atrevería a nombrar algún proyecto de música nacional como su favorito?
-Del flamenco escucho mucho a Póveda, y por supuesto Camarón, toda su obra completa. Del pop-rock, siento algo especial por Calamaro, tiene algo que me ofrece una placidez concreta. Tengo todos sus discos y me gusta escucharlo.
El retrato
-¿Vino o ron?
-Vino
-¿Un vinilo o un cd?
-Un vinilo.
-¿El día o la madrugada?
-El día.
-¿Internet o una carta tradicional?
-Una carta tradicional, siempre.
-¿Un concierto o un cd en casa?
-Cada opción en su sitio es algo magnífico.
-¿Derecha, centro o izquierda?
-Izquierda.
¿Una entrevista o una siesta?
-También puede ser lo que estoy haciendo ahora. Una entrevista tumbado en el cama.