ERICK CANINO
Recuerdo la entrevista con Joaquín Sabina y de sus prolegómenos casi histriónicos hace ya un buen puñado de meses "Tienes diez minutos. Seguramente te coja el teléfono su mujer, Jimena. Suerte". Al final los 10 minutos se convirtieron casi en 20. Una conversación de lo más agradable. Esa vez, suerte la mía, Sabina fue torero, no villano.
Tampoco puedo olvidar lo mal que lo pasaron buena parte de los compañeros de la prensa regional cuando les tocó lidiar con la estupidez superlativa de Loquillo. A uno de los periodistas, gran amigo, le invitó incluso a revisar el cuestionario y llamarle en diez minutos. La que por entonces era compañera mía en el desaparecido La Gaceta de Canarias tampoco tuvo una conversación sana. De las cinco o seis entrevistas programadas con los medios locales, creo recordar que se publicaron sólo dos. La estupidez de Loquillo pudo con Loquillo.
Miguel Campello, vocalista y agitador del Elbicho, me quebró por la simpleza de su diálogo. De esto hace también dos o tres años. Por momentos era como estar compartiendo impresiones con un chiquillo. Algo raro. Justo lo contrario que Víctor Iniesta, guitarrista de la misma banda, con el que pude hablar en la última visita de la banda coincidiendo con el Festival Eólica 2008. Con esa pinta de hippie desnortado que tiene, Iniesta se me descubrió en esa entrevista como el líder del grupo. Aquello estaba amueblado, y mucho.
Las curiosidades son casi tantas como las entrevistas realizadas. Como la jovialidad y casi el compadreo de César Strawerry (Def con Dos); o las boberías de estrella remendada de Concha Buika, cuando por llamarla cinco minutos más tarde del horario pactado me dejó sin entrevista. De la receptividad con el artista, claro está, tiene que ver mucho el carácter del entrevistador. Como mi compañera, la incombustible Almudena Cruz. Su frase, cada vez cuelga el teléfono, es la misma: "Que persona más encantadora".
Durante la pasada semana estuve a la espera para entrevistar a Manolo García, que el próximo día 8 actúa en Santa Cruz. Por un motivo u otro, la entrevista nunca llegó a realizarse. El sábado, perdido en La Gomera en aquello maravilloso que se da a conocer como Atlántico Sonoro, me sonó el teléfono: "Hola Erick. Soy Manolo García. Te llamo para hacer esa entrevista que teníamos pendiente. Estoy a tu disposición, tú dirás". Todo esto, después de tantos miles de discos vendidos.
Entonces fue cuando Concha Buika se quedó aún más pequeña.