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´Tenemos pocos críticos o comentaristas serios´

"Decidí que me interesaban más los secretos del corazón que las estructuras de la materia"

 22:44  

Hace ya años que Juan Pedro Castañeda (El Hierro, 1945), entrevistado entonces por Daniel Duque, reconoció que sus personajes "son gente sin palabrería, que hablan sólo lo estrictamente necesario". Esa misma impresión tuve de él desde que acudió al portalón para saludarme y conducirme hasta el interior de su casa. Allí nos acomodamos y le pregunté si estaba dispuesto a responderme a cualquier tema, limitándose por su parte a ojearme casi con una mirada cinematográfica.

ANTONIO JIMÉNEZ PAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
El autor de novelas como La despedida, Muerte de animales, En el reducto, Movimiento y reposo, Territorio del padre o Público y privado, así como de un buen manojo de poemas, me habló y se habló, y hasta fumamos un par de cigarrillos mientras tanto, de tal manera que con Juan Pedro Castañeda aprendí a diferenciar el valor del humo del de las parcas palabras. Al despedirme no supe si salía de una sala de cine o del interior de una de sus novelas.
-No sé si resultará para sus lectores un dato exótico saber que es un doctor en Ciencias Químicas que ha entregado gran parte de su tiempo a la escritura…
-No veo por qué… Los escritores han tenido los más variados oficios: profesores, nobles, boxeadores, trabajadores del muelle, amas de casa, científicos... Desde que a los 27 ó 28 años de edad, cuando terminaba la tesis doctoral, decidí que me interesaban más los secretos del corazón humano que las estructuras de la materia, tengo claro que escribir es un asunto serio, que en esa ocupación hay que poner todo lo que uno sea capaz, y que en primer lugar hay que leer a los que deseamos parecernos… Me compensa la convicción de que he logrado publicar un par de poemas que se pueden leer, y un par de libros que dos amigos y dos desconocidos consideran novelas.
-¿Estaríamos entonces ante un escritor que entiende la literatura como un lenguaje eminentemente preciso?
- Yo entiendo la literatura como un aspecto de las diversas formas posibles de acercarse a la personalidad, al ser humano. Así como la ciencia estudia la naturaleza, la materia, el cosmos, etc., la literatura aborda los sentimientos y el corazón del hombre, las relaciones entre los individuos, y entre éstos y la sociedad, etc. Dicho esto, sí que puedo decirte que me interesa más la literatura que va al centro de la cuestión que la que se ocupa en digresiones. Eso no quiere decir que algunos libros en los que también hay digresiones no me puedan interesar, pero casi nunca estimo los paréntesis ni los comentarios al margen.
-Siendo más conocido como novelista, ¿con el transcurso de los años ya se siente capaz de explicar por qué surge también una obra poética paralela?
-Inicialmente yo quería ser escritor y algunas sensaciones, algunos personajes, algunas imágenes, me daban pie para comenzar una novela y algunas otras podía abordarlas mejor a través de la poesía… A lo largo de mi vida me he decantado más por la narrativa, porque siempre he tenido un conflicto con la poesía, un conflicto que está relacionado con lo sublime y lo ridículo…
- ¿Con lo sublime y lo ridículo?
-Exacto… Hay poetas y poemas sublimes que podemos considerar la voz de la divinidad -para emplear palabras de Homero, el más sorprendente escritor de la historia- pero el cincuenta por ciento de lo existente en el campo poético a mí me parece ridículo. Y no me refiero a los muchachos que conocemos, a los que viven ahí, en la esquina, y que hablan de sus amores. Me refiero a algunos poetas de renombre, sobre todo a aquellos que solamente hablan del yo, del yo y de nada más que de su yo. Por ejemplo, el cincuenta por ciento de la obra de Juan Ramón Jiménez me parece ridícula, así como el ochenta por ciento de la mía. Dicho esto, podría añadir, siguiendo a Szymborska, que en ocasiones es igualmente ridículo no escribir poesía.
- ¿Qué vendría a ser, desde ese mismo punto de vista suyo, lo sublime en poesía?
- Un buen poeta, por poner un ejemplo casi contemporáneo a Juan Ramón Jiménez, sería Antonio Machado, el cual tiene una obra en la que no habla sólo de sí mismo, sino también de los otros, del paisaje, de la historia, de la geografía, de las costumbres, de los seres.
-Viéndole tan atrevido en sus observaciones, ¿también esa teoría de lo sublime y ridículo podría aplicarse a los poetas canarios?
-Y con agravante. De los cinco mil censados, cuatro mil novecientos noventa y cinco me parecen ridículos. Lo que no sé es si habrá alguno sublime como Píndaro, Lope de Vega o Hölderlin. Ahora bien, no tienen por qué preocuparse, nadie se ocupará de ellos.
-Tanta exigencia en criterios poéticos es algo que no me esperaba de usted…
-Sí, y lo hago a propósito. Es tanto una convicción como una postura, porque hay muchas personas que escriben dos versitos y ya creen que son la voz de la divinidad, cosa que no es cierta. Esa voz está reservada a muy pocos. Un caso curioso, digno de observación y estudio, es el del poeta que, sin ser completamente ridículo, se cree único, un artista, un genio, un intocable… cuando sólo es aceptable en el mejor de los casos. Pones en duda uno de sus pequeños poemas y lo has ofendido para siempre.
-¿Y cómo calificaría su propia obra poética?
-Creo que soy autor de dos libros de poemas, el primero estaría constituido por ohrrohrrr (poesía 1975-1985), una poesía irónica, fea, descreída, referencial, menor, sin importancia, que en ningún momento quiere ser sublime sino todo lo contrario, y luego los otros tres libros posteriores que también constituirían un todo en la que se aborda la palabra poética con más seriedad.
-¿Y no podría trasladarse al género novelístico esa misma idea suya sobre lo sublime y lo ridículo en poesía?
-No, las novelas no son ridículas porque no pretenden ser sublimes. Las novelas pueden ser malas, muy malas, o aún peores, pero no ridículas.
-Me interesa conocer ese cambio de percepción: ¿por qué las novelas no?
-Te lo intentaré explicar… Las novelas pretenden dar cuenta de seres próximos o extraños al escritor y de las relaciones de esos seres con sus semejantes, con la sociedad y con la naturaleza, y eso puede estar hecho de muy mala manera y con muy malas frases, pero a un posible lector no le parecerán ridículas. En cambio, "una oración" a un dios en el que sólo cree el poeta, un suspiro de amor que sólo compete al suspirante...
-Desde La despedida, su primera novela publicada en 1977, hasta la última, Público y privado publicada en 2008, ¿algún distanciamiento en temática o estilo?
-Las primeras son novelas de la memoria, novelas que se emparentan con mi infancia rural. Luego hay una ampliación del territorio novelesco hacia lo urbano y la imaginación; es decir, dejo de rememorar ambientes y más bien los imagino ayudado por el cine y las ciudades que transito. Lo que ocurre es que más que de dos etapas claramente diferenciadas podemos hablar de actitudes alternas, porque si nos fijamos en las dos últimas novelas que he publicado, Territorio del padre estaría en el terreno de la memoria mientras que Público y Privado estaría en el de la imaginación, entendiendo que esto es una forma de hablar, porque cuando aludo al terreno de la memoria no quiero decir que la imaginación no cumpla ningún papel y viceversa. Son, en el fondo, dos actitudes que llevan aparejadas dos formas de abordar la escritura. Dicho esto, también podría decir que tanto unas como otras son realistas.
-¿Hasta qué punto podría certificar esa vinculación, sugerida por algunos, del entramado de sus novelas con el sistema de montaje cinematográfico?
-Es verdad que se ha señalado el parentesco de mis novelas con la narración cinematográfica y también es verdad que a mí no me repugna eso. Creo que he publicado una novela donde dicho parentesco es directo y buscado. Me refiero a Movimiento y reposo, en la que no sólo se utilizan técnicas del lenguaje cinematográfico sino que, además, está estructurada en parte como una película y se explicita que uno de los protagonistas procede no de la realidad sino del cine.
-¿Pero en general no hay en todas un predomino de ensamblaje cinematográfico?
-En general sí, pero no todas las partes de todas mis novelas tienen que ver con el cine. Pondré algunos ejemplos. En Público y privado hay despertares y cenas que son como secuencias, al igual que la inauguración de una exposición de pintura a la que se hace referencia en el primer capítulo de la segunda parte; pero también contiene artículos periodísticos o pensamientos en torno a la ideología, a la amistad o a la existencia que difícilmente podríamos "ver". El primer capítulo de Territorio del padre está, en parte, organizado mediante secuencias: vemos a un niño que espera la llegada del padre, a un hombre que se desplaza en coche y luego en barco, etc.; por el contrario, el capítulo segundo es la perorata de una mente que ya no rige bien, que recuerda sin orden, aspecto que difícilmente se puede emparentar con el cine. Lo mismo podría decir de Muerte de animales y de En el reducto.
-Cine y narración, narración y cine… ¿El cine es narración y la narración cine?
-Que el cine es narración es algo que no podemos olvidar, al menos en el 80% de los casos, y que en este sentido se relaciona íntimamente con la novela. Podríamos decir que, en cuanto son narraciones, las novelas y las películas se parecen, sean de quien sean, aunque no siempre en el mismo grado. Tal vez convenga señalar que un buen número de películas tienen como base una novela. Ya que hablamos del cine, y ya que se supone que soy un apasionado de ese arte o de esa forma de narración, déjame decir otra cosa. He visto películas de todos los tiempos y de todos los territorios, lo que quiere decir que me fascina. He visto cien o doscientas películas que me han abierto los ojos, que han ampliado mi visión. Pero también lo aborrezco profundamente. Aborrezco que en el cine sea tan fácil matar. Aborrezco que sea tan abundante el mal y tan escaso el bien. Aborrezco que se le preste más atención a la parapsicología que a la psicología, más a los instintos que a la razón. Aborrezco que en las películas haya más criminales y putillas que ingenieros, compositores, telegrafistas, profesoras, planchadoras, arquitectos, bailarinas, médicos, escritoras…
-Se suele reconocer la existencia de una generación de novelistas de los setenta en Canarias a la que se supone que usted pertenece…
-Suelo decir que una cosa son los especialistas en temas literarios y otra bien distinta los escritores... Dicho esto, ése es un asunto de estudiosos o de profesores en el que yo no me voy a meter. A mí me da lo mismo que exista o no, ya que considero que mis novelas no son análogas a ninguna de los que se nombran como representantes de dicha generación.
-¿Su mayor "cabreo literario" fue cuando se enfrentó al crítico Jorge Rodríguez Padrón por unas declaraciones suyas alusivas a los escritores de los setenta?
-No, mi mayor enfado con lo literario sucedió el año pasado cuando un año más no me dieron el Nobel… Ahora bien, que venga un señor a decir que hay un genio en la generación de los setenta y que todos los demás somos unos vagos y unos cobardes me resultó y me sigue resultando intolerable, máxime cuando toda la obra de ese supuesto genio -según el crítico en cuestión- no vale lo que una página de mi primera novela.
-¿Qué es lo que le ha llevado a convertirse en un autor de escasa vida pública, casi oculto? ¿Tal vez el funcionamiento de nuestro mundo literario?
-Más que un autor oculto, yo diría que frío. Yo escribo, edito lo que escribo y casi siempre hago una presentación del libro, ahí acaba todo. No me interesa exhibir mi obra más allá de la presentación… Esto puede deberse tanto al ambiente literario del que tú hablas como al estado de mis huesos, que no me permiten moverme demasiado.
-Con novelas tan singulares como las suyas, ¿cómo puede su autor soportar tanto silencio sobre ellas y continuar escribiendo con ahínco y dedicación?
-No sé si existe ese silencio ni si, en caso de que exista, es el que merezco debido a los escasos méritos de mi obra, o el que se me asigna teniendo en cuenta mi carácter poco social. Tal vez sea debido ese silencio, en caso de que exista, ya digo, a que no hago nada por mis libros, aparte de escribirlos. No hablo con este ni con el otro respecto al tema ni le pido a nadie que me saque una fotografía. Tal vez porque tengo una cosa clara: como escritor lo único que debo hacer en todo momento es escribir lo mejor que pueda en cada momento.
-Suele indicarse como uno de los males de la literatura surgida en Canarias que no sea capaz de traspasar sus propias fronteras…
- Estoy en completo desacuerdo. El principal mal es que en líneas generales la literatura canaria es mala, desde hace años se vienen editando libros que el autor no debería darle a leer ni a sus abuelas. Nosotros podríamos quejarnos de que se nos hace fuera poco caso cuando produzcamos un Coetzee, un Sebald, etc. Afortunadamente sí que nació aquí en algún momento un gran escritor: Benito Pérez Galdós… Tengo entendido que sucedió hace ya tiempo. Además, ¿cómo nos vamos a quejar de que no se nos hace caso fuera cuando tampoco se nos hace caso dentro de este territorio? Se edita un libro interesante y se venden cien ejemplares como mucho, la misma cantidad que vende el más rancio de los libros… Por otro lado, en nuestra parcela geográfica hay pocos críticos o comentaristas serios, personas que lean con conocimientos e interés, y que opinen ateniéndose a la obra y los criterios, no a las amistades y los prejuicios. Eso conlleva a que los lectores -si es que existen- vean todo como si fuera la misma cosa, sin distinguir entre unos libros que son aproximadamente novelas y otros que ni se le parecen. Una lástima.
- ¿Tan convencido está de eso?
-Si no, sácame de dudas, cítame unos libros, unos textos, unos autores, unos críticos o unos ensayistas que puedan contradecir lo que te he contestado.
- Pero supongo que en su juventud, cuando empezó a publicar seguro que tenía otra idea del funcionamiento de este mundo…
-Sí, entonces tenía más esperanzas y más ingenuidad.
-Fue uno de los cofundadores del proyecto editorial "Liminar". ¿Tampoco se salva desde su perspectiva transcurrido el tiempo?
-Tuvo una importancia mínima en un lugar determinado, nada más. No obstante, puedo decirte que a mí me hizo ilusión editar por primera vez Conjuro en Ijuana de Isaac de Vega y La memoria olvidada de Félix Francisco Casanova, dos libros de autores canarios de los que aun hoy creo que vale la pena leer.
- Unas veces me resulta un autor desencantado, otras un cáustico de mucho cuidado, otras un silenciado sin justificación… Por eso mi siguiente pregunta: ¿en qué consiste el sentido irónico para usted?
-Tomar con media sonrisa y una pizca de sarcasmo los comportamientos y actitudes de ciertas personas, de algunos colegas.

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