ERICK CANINO | SANTA CRUZ DE TENERIFE
El Atlántico Sonoro se mantiene como una nebulosa, en algo de difícil comprensión, justo hasta el momento en que asomas la cabeza y participas de manera activa en ese contra-festival que desde hace cinco años toma vida en el municipio de Vallehermoso en La Gomera.
La cita se presenta como el Festival del Silencio y ahí justo empieza la diferenciación con las decenas de encuentros culturales que se desarrollan en toda Canarias a lo largo del año. Además, posiblemente en el resto del territorio nacional no existan muchos espacios, por no decir ninguno, que cumplan con las características del Atlántico Sonoro.
No hay prisas, aunque sí horarios. Hay música, pero en su marco justo, casi como banda sonora para un paraje que de por sí solo enriquece los sentidos. Calma casi absoluta. Calma que llena.
Lo que ocurrió en la noche del pasado sábado, con la actuación de Angélica y toda su revisión de parte de la cultura musical herreña (la artista es descendiente de la propia Valentina ´La de Sabinosa´) no deja de ser uno de esos instantes que se quedan grabados para siempre en algún espacio de la memoria. La música, su voz de seda, el inmejorable clima, la compañía de la luna... es quizás una imagen perfecta para ejemplificar lo que el Atlántico Sonoro significa dentro toda la amalgama de encuentros artísticos que acoge Canarias. Una gran burbuja en la que se cumplen con rigor todos los tópicos para una vida sana.
Hasta una cerveza bien fresca en cualquier momento en el que sol caiga sobre los hombros puede ser parte de efectiva de una simbiosis en la que los minutos, las horas y los segundos se fusionan hasta desintegrarse. Es cuando el paso del tiempo se hace lento porque no hay opciones para la prisa, cuando dos días de convivencia tienen más peso que semanas enteras vividas. Un un marco perfecto para calibrar mejor las miradas, los gestos, la intencionalidad de las palabras de las personas con las que incluso hayas tenido la oportunidad de compartir decenas de horas en el pasado reciente; una parada sabrosa en una vida casi siempre pasada de revoluciones.
El Festival llegó en el presente a su quinta edición. Comentan los veteranos de la cita que Atlántico Sonoro ha sabido aprender de sus propios errores hasta tal punto en que este 2009 el programa se desarrolló con precisión suiza.
Talleres y espacios para el masajes a lo largo y ancho del Jardín Botánico del Descubrimiento del municipio gomero. Los horarios y las señalizaciones de cada espacio, las listas para establecer un orden lógico en las actividades que lo requerían; los turnos para el aprovechamiento de un espacio que por momentos parecía quedarse en bien poco ante el numeroso público que acudió a una cita que además es gratis. Orden y buen hacer. Todo lógico por otra parte... lógica que no siempre se da.
La fórmula es casi tan hermética como rica en matices. Por un lado, talleres de corte más lúdico. Como las actividades de teatro, la danza del vientre, la biodanza... por otro, una amplia muestra de terapias para la salud. Pequeñas muestras de 20 minutos que no alcanzaban para comprender, sentir en su totalidad, toda la grandeza de prácticas como shiatsu, reiki, reflexología o masaje tailandés... muestras, en cualquier caso deliciosas.
Una manera suave, silenciosa, un goteo continuo de personas por los senderos del jardín botánico en busca de lo que estaba en todas las esquinas: ese silencio enriquecido por terapias, por susurros, por encuentros en pausa... por una cura antiestrés de dos días que ojalá pudieran ser una semana.
Pero no, el Atlántico Sonoro es un gesto extenso que se torna en fugaz una vez que el fin de semana queda ya a las espaldas. Viernes de presentación y actividades nocturnas musicales. Sábado y domingo a pleno rendimiento, con sus talleres, con masajes, con sus momentos vividos, con su mañana, tarde y noche que se funden en un único relato indivisible: el Atlántico Sonoro.
Los organizadores ya hablan de la sexta edición. Las fechas del 2010 coincidirán con las fiestas lustrales de Vallehermoso. Otra oportunidad única.