PACO ESTUPIÑÁN | SANTA CRUZ DE TENERIFE
A pesar de la austeridad impuesta por la crisis financiera y musical, este jueves último dio comienzo un abreviado Santa Blues de Tenerife (y van cinco, ¡enhorabuena!), con un llamativo cartel y una nutrida asistencia de público dispuesto, así lo demostró, a disfrutar del directo.
Fue una velada guitarrera en la que sobresalió la Vargas Blues Band. Javier Vargas, un músico hecho y reconocido como pocos en España, estuvo acompañado por una sólida banda de la que destacó un magnífico y dotado vocalista que también supo concitar atención para su trabajo. Pero la hermosa Telecaster de Vargas fue el centro de un repertorio encauzado por las sendas canónicas del blue-rock, proveyendo fraseos ordenados, vigorosos y comunicadores, no exentos de virtuosismos técnicos, que encontraron respuesta entre los asistentes.
Un paseo notable por un repertorio de sonoridades familiares que sólo se vio entorpecido por una acústica con excesivo dominio de los graves. Antes había subido al escenario de La Noria The Deans, un joven trío irlandés que llegó precedido de una buena propaganda de la organización, aunque lo que quedó patente es que están musicalmente por definir, pues su positiva energía escénica luego quedaba reducida, en la práctica, a una miscelánea de rasgueos del folk patrio entreverado, de forma delicuescente, con la escuela de los doce compases.
No obstante, supieron conectar con un público deseoso de rítmica y saldaron su actuación con el justo pago del calor humano de los allí presentes. Y estamos seguros, además, de que es un dotado grupo que irá a más.
Sólo esperamos que el sonido mejore en las dos jornadas restantes y que la nutrida asistencia del primer día no decaiga. Porque, además de buena música, se encuentra uno con estimados amigos como el trompetista Edi Díaz y se tiene la oportunidad de conocer a jóvenes promesas musicales tinerfeñas, como esas dos gemelas sureñas que, discretamente, preparan su repertorio blusero con el ánimo de probar fortuna en el escueto circuito insular. En fin, un público que sabe lo que quiere (que no es que todos quieran lo mismo) puebla la cálida noche en la plaza de la deteriorada iglesia de la Concepción.