DIEGO F. HERNÁNDEZ | LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Un espectáculo entre amigos donde la nostalgia por el ausente dará paso a la celebración de una grandísima producción musical alrededor del timple y del más grande de sus innovadores: José Antonio Ramos. El timplista grancanario vio quebrada su vida el 4 de junio del pasado año, a los 39 años de edad, justo cuando su carrera profesional aún no había terminado de explotar.
El timple enmudeció en un verano maldito, para ahora un año después, amplifica todo su potencial con un multitudinario homenaje que se celebra mañana en el Auditorio Alfredo Kraus, con la presencia de una treintena de artistas ligados a la obra de Ramos.
Una noche de timple con mayúsculas con dirección musical a cargo de Andreas Prittwitz, productor de varios de los trabajos discográficos de Ramos y músico que le acompañó en numerosos directos; y dirección escénica de Manuel González Ortega. Como invitados, artistas de la talla de Pancho Amat, Kepa Junkera, Javier Ruibal, Javier Paxariño, Nono García, Antonio Serrano, Nathan Kumar, Mario Ferrer Mayin, Mestisay, Charlie Moreno, Totó Noriega, Paco Marín, Polo Ortí, José Manuel Ramos, Abraham Ramos, Héctor González, Roberto Alemán, Carlos Teja, Víctor Galván, Mariví Cabo, Luis Morera, Domingo Rodríguez El Colorao, Mestisay, Totoyo Millares, Benito Cabrera y Germán López, entre otros. Todos ellos con el apoyo de una banda base de diez músicos que estará integrada por Valentín Iturat (batería), Javier Saiz (bajo), José Carlos Machado (contrabajo), Carlos Oramas (guitarra), Antonio Toledo (guitarra), Mónica Acevedo (violín), Luis Fernández (teclados), Juan Carlos Melián Pana (percusión), Sergio Martínez (percusión) y Andreas Prittwitz (flauta, clarinete y saxo). El repertorio es uno de los secretos mejores guardados de esta producción, y que comenzó a hilvanarse durante la jornada del pasado jueves cuando dieron comienzo los ensayos en la sala Alegranza del Auditorio Alfredo Kraus.
Lo que está claro es que se tocarán todos, o casi todos, los palos de estilo en los que Ramos se fajó en vida: desde sus primarias incursiones en la música popular con Trío Timple, proyecto que dejó referencias como Más que un sueño (1990) y Tanekra (1994); y su trayectoria en solitario que iniciaría con Cuatro gigantes (1998), primera escala en el viaje más universal que ha protagonizado el timple, que continuó cobrándose vibrantes episodios musicales, ejercicios de estilo y de experimentación que se tradujeron en trabajos como Puntales (2000), Jeito (2001), Para timple y piano (2003) registrado junto al pianista Polo Ortí; Los versos de la vida (2004), sobre textos de Pedro Lezcano; José Antonio Ramos y Andreas Prittwitz (2004); Las manos del maestro (2006), la ansiada colaboración con su maestro Totoyo Millares; y Very JAR (2008), su disco póstumo, entre otros trabajos y colaboraciones infinitas.
En medio, la gran explosión mediática que tuvo el timple, que retrataba en diciembre de 1999 a los tres grandes músicos que se empecinaban en dar un valor universal a un instrumento ligado a lo popular y parrandero. Fue el proyecto Timples@2000, que reunió al malogrado Ramos con Benito Cabrera y Domingo Rodríguez El Colorao, tres artistas que seguirían caminos musicales muy distintos. Dos de ellos, El Colorao y Cabrera asisten ahora al Auditorio con el vacío que supone no tener enfrente al amigo. La semana pasada, Domingo Rodríguez, en un alto en sus clases, decía que el recuerdo que permanece de Ramos es el de un hombre experimentador, capaz de aglutinar voluntades como nadie.
EL LEGADO DE RAMOS
"Cada uno tenía su estilo, nos respetábamos mucho, y le quedaba mucho por hacer", apunta El Colorao. Poco sabía el timplista majorero de la parte que Andreas Prittwitz le tenía reservado en el espectáculo de mañana. Lo mismo decía Benito Cabrera, la otra mano que junto a la de Ramos y Rodríguez comenzó a cimentar otras carreteras por las que el timple nunca había transitado. "Es necesario mantener la labor que hizo José Antonio Ramos con el trabajo diario", explicaba Cabrera, "y seguir con los proyectos que teníamos, entre ellos que el timple entre en los conservatorios". Al igual que El Colorao tampoco sabía cuál iba a ser su rol en La Noche de José Antonio, pero sí tiene muy claro "hacía falta un acto de este tipo para celebrar un tributo, espero que la nostalgia deje paso a la alegría".
Quien no quiso faltar es Totoyo Millares, el maestro de Ramos. Si de pequeño le enseñó las mañas del timple para que el protagonista caminara solo, a su antojo, y años más tarde se quedó boquiabierto al ver a su pupilo cortando el aire gélido de Tejeda con un sonido nuevo y excitante, ahora sólo tiene palabras nobles para mentar una figura irrepetible en la música popular canaria. "Es recordar algo que no se olvida fácilmente, y es duro hacerlo, porque era un tipo excepcional como creador y ejecutante, y su gran locura, a la que dedicó su vida, fue innovar con una capacidad de creación única". El homenaje es una celebración del legado de José Antonio Ramos. Su familia no descansa en perpetuar el quehacer artístico del grancanario, y para ello se gestiona la creación de la Fundación José Antonio Ramos, institución de futuro que se erige para inculcar su enseñanza, con una nobleza de las que no abundan, a las nuevas generaciones.