La Laguna, ¿capital cultural de Canarias? (y XIII). Bernando Álvarez, obispo de la Diócesis Nivariense
ERICK CANINO | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Bernardo Álvarez, obispo de la Diócesis Nivariense, con sede en San Cristóbal de La Laguna, afirma que la salud en materia cultural de la ciudad se sustenta con todo tipo de garantías en el potencial de su patrimonio, tanto en el monumental como el documental. Habla de una oferta rica en matices.
-¿Qué valoración hace de la realidad cultural de La Laguna?
-Permita que primero deje constancia de lo que entiendo por cultura. Lo hago con un texto del Concilio Vaticano II: "En sentido general, cultura es todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano". Aplicando este concepto a San Cristóbal de La Laguna, es justo reconocer que estamos ante una ciudad de una enorme riqueza y dinamismo cultural. Eso se nota en la conservación de su gran patrimonio monumental (arquitectura civil y religiosa) y de la gran cantidad de obras de arte que llenan las iglesias, museos y casas particulares (retablos, pintura y escultura), sin olvidar el rico patrimonio documental de los archivos eclesiásticos y civiles. El merecido título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad da razón de todo ello. Pero, además, La Laguna no vive anclada en el pasado sino que continuamente está generando cultura y desarrollando actividades culturales al servicio de todos los ciudadanos. Instituciones como La Sociedad Económica, El Orfeón la Paz, El Ateneo, El Casino, CajaCanarias, La Caixa, La Sala Conca… y hasta la propia Iglesia nos ofrecen periódicamente un variado programa cultural (conferencias, conciertos, exposiciones…). Asimismo, la reciente apertura del teatro Leal ha incrementado la oferta cultural, especialmente en el campo teatral y musical. En fin, es imposible nombrarlo todo pero no quiero dejar fuera las fiestas que en La Laguna, junto con su dimensión religiosa y espiritual, constituyen un vivo y rico patrimonio cultural.
-¿Qué aporta la Iglesia al panorama cultural de la ciudad?
-Como acabo de señalar, una gran parte del patrimonio monumental, artístico y documental de La Laguna es de la Iglesia Católica. Es expresión de la fe de los cristianos de ayer y de hoy que, en cada momento, aportan parte de sus bienes para la creación y mantenimiento del patrimonio que hoy disfrutamos. Además, el patrimonio eclesiástico está abierto a la contemplación de todos y es parte de la oferta turística de la Ciudad. Precisamente a finales de este mes de mayo, en virtud de un Convenio con el Ayuntamiento para garantizar la seguridad, se abrirán los templos y el Museo de Iconos de la Catedral para facilitar el acceso de los visitantes un mayor número de horas. Además, periódicamente nuestros templos acogen ciclos de música religiosa. Asimismo, el Archivo Diocesano, abierto mañana y tarde, se ha convertido en un centro de consulta de primer orden para los investigadores de historia. Y, no quiero dejar de lado nuestro Instituto Superior de Teología que aparte de ofrecer la formación teológica a los seminaristas y cientos de laicos, desde hace más de veinte años, con la colaboración de la Universidad de La Laguna, viene organizando el Congreso Diálogo Fe-cultura. Un congreso de carácter interdisciplinar en el que, con gran afluencia de público, sobre un mismo tema monográfico, intervienen teólogos, filósofos y científicos, y se realizan exposiciones de nuevos artistas, representaciones teatrales y actuaciones musicales. Más de cien universitarios se matriculan cada año en este Congreso que, con el reconocimiento de la Universidad, les aporta créditos de libre configuración para su currículo universitario.
-Si usted pudiera intervenir directamente en la programación cultural de La Laguna, ¿qué pretendería aportar?
-Creo que, de hecho y sin pretenderlo, la Iglesia interviene directamente en el desarrollo cultural de La Laguna: baste pensar en la Semana Santa, el Corpus, las Fiestas del Cristo o, ahora mismo, la Visita de la Virgen de Candelaria a La Laguna. Son celebraciones religiosas que, en sí mismas, llevan consigo expresiones culturales, además de suscitar otras manifestaciones complementarias como exposiciones, conciertos, etc. Aparte de esto, yo personalmente intensificaría la promoción cultural de los niños y jóvenes, organizando ciclos pedagógicos que les permitan comprender y valorar el patrimonio que tenemos, así como posibilitar que se puedan experimentar las distintas expresiones, literarias, musicales y artísticas. En cierto modo ya se está haciendo algo, pero se necesitaría un proyecto más amplio y que se prolongue en el tiempo. La influencia dominante de la TV lleva al mimetismo cultural que, a la larga, quizá sólo valora la cultura-espectáculo ligada, además, a la fama y al éxito comercial.
-¿Cree que los lazos de retroalimentación con la Universidad son los necesarios? ¿Se desaprovecha ese motor que aporta la vida universitaria?
-No tengo elementos para opinar con detalle sobre esta cuestión. Las universidades en España, por lo general, no pasan por buen momento. A sus problemas de siempre se suman las dificultades para acoplarse al, así llamado, Plan Bolonia y esto hace que se pierda mucho tiempo en resolver problemas internos y de organización. Está claro que la interacción entre universidad y vida social es fundamental. Universidad significa explicar lo diverso y conducirlo hacia una unidad superior que integre, como parte de un todo, lo particular en la categoría de lo universal. Sin esta sinergia, tanto las expresiones culturales como la universidad pierden categoría y razón de ser. Creo que sí hay cauces para esa retroalimentación, lo que pasa es que a veces las personas -de uno y otro lado- no saben, o no quieren, aprovechar las oportunidades que se les ofrecen
-Desde su punto de vista, ¿qué tiene de bueno y de malo las nuevas corrientes artísticas?
-Si algo tienen en común las expresiones artísticas es la libertad con que se desarrollan. En sí mismas, como todas las demás realidades humanas, no son buenas ni malas. A nivel artístico puede gustar más o menos. Los críticos de turno se encargarán de convencernos de que es una magnífica obra de arte o de lo contrario. En todo esto hay mucho de subjetividad, pues resulta determinante la sensibilidad personal, tanto para la creación artística como para la valoración de la misma por parte de los demás. Lo que si me parece importante es que el artista -sea literato, músico, escultor, pintor o arquitecto- sepa comunicar los que quiere expresar y, por tanto, conectar con los destinatarios de su obra. El arte es "expresión humana" y el ser humano es relacional por naturaleza. Una persona se expresa para comunicar a otro lo que lleva dentro: su pensamiento, sus sentimientos, su sensibilidad. Tal vez no todos comparten mi opinión, pero creo que cualquier expresión artística no es plenamente tal hasta que alguien, distinto del autor, se la apropia, no en el sentido de posesión del objeto sino en cuanto que la recibe y asimila a su personalidad.
-¿Dónde cree usted que está el límite del arte?
-El arte en sí mismo creo que no tiene límites. Los que sí pueden tener un límite son los artistas, si quieren hacer honor a tal nombre. Yo creo que, como cualquier ciudadano, los artistas no deben faltar al buen gusto, al sentido común, al respecto a los demás, al bien común de la sociedad, etc. Igual que no admitimos que una persona insulte con sus palabras, tampoco es admisible que una persona insulte con una manifestación artística. Es verdad que el arte es expresión de un ser humano que está siempre en constante desarrollo y evolución. Ahora bien, hay épocas de la historia que se caracterizan por una mayor calidad artística y otras más mediocres. Si bien es verdad que toda obra de arte tiene su valor, no todo me parece que vale igual ni todo es signo de crecimiento y esplendor artístico. Como en tantas otras realidades humanas, en el arte también se producen crisis porque los seres humanos son como son y no dan más de sí. Igual que la sociedad en su conjunto, la creación artística responde a los valores y contravalores del momento.
-¿La Iglesia ha dejado un lado el papel de mecenas hacia los artistas?
-Yo pienso que no. Quizá no tanto como en otras épocas porque los medios económicos no lo permiten. Pero hoy se siguen haciendo iglesias y adquiriendo obras de arte religioso y para ello se cuenta con artistas actuales. El anterior obispo, mi antecesor D. Felipe Fernández García, promovió la participación de arquitectos, escultores y pintores de nuestra tierra en la realización de las nuevas iglesias. El siempre decía, y sigue diciendo, que el arte religioso no terminó con el estilo del barroco y de los artistas del siglo XIX. Gracias a su impulso hoy se pueden contemplar en nuestros templos magníficas obras de arte religioso realizadas, por así decir, en estilo moderno. Para la Iglesia, "creatividad, innovación, cultura nueva y presencia de toda la herencia cultural en la vitalidad de la fe no se excluyen, sino que son una sola realidad: son presencia de la belleza de Dios y de la alegría de ser hijos suyos" (Benedicto XVI).
-¿Se puede llegar a Dios a través de la cultura?
-Sin duda. Es más, sería imposible llegar a Dios y relacionarse con El sin la cultura, porque como le decía en la primera pregunta, "cultura es todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales". La fe religiosa no es tal si no se expresa y comunica externamente con palabras y gestos. Eso supone realidades visibles (celebraciones litúrgicas, imágenes, adornos, vestidos, etc.) que plasmen los contenidos de la fe y los sentimientos que la misma suscita en los creyentes. El así llamado "patrimonio religioso" es, al mismo tiempo, expresión de la fe y medio para comunicarse con Dios; también, por su visibilidad es anunciador de Dios y, por tanto, está llamado a despertar la fe en los poco o nada creyentes. Como recientemente ha dicho el Papa: "Los iconos siguen hablando hoy al corazón de los creyentes; no son cosas del pasado. Las catedrales no son monumentos medievales, sino casas de vida, donde nos sentimos en casa: en ellas encontramos a Dios y nos encontramos los unos con los otros. Tampoco la gran música -el canto gregoriano, o Bach o Mozart- es algo del pasado, sino que vive en la vitalidad de la liturgia y de nuestra fe". Además, cualquier expresión cultural, en cuanto que es capaz de manifestar la verdad, el bien, la belleza y los valores universales, aún sin pretenderlo directamente, es susceptible de abrir las personas a Dios de quien procede todo lo bueno y noble que el ser humano, creado a su imagen y semejanza, puede realizar. Con el Papa Benedicto XVI, podemos decir: "La belleza conduce a Dios y viceversa, es decir, Dios conduce a la belleza. La meta de los artistas cristianos será convertir la materia y las formas sensibles en lugar viviente de revelación de lo sagrado, de encuentro con Jesucristo".
-¿Qué siente al ver que la Iglesia es atacada por determinados artistas modernos?
-Con su pregunta, usted da por sentado que "la Iglesia es atacada por determinados artistas modernos". Yo no creo que la cosa sea tan simple. La Iglesia, como el mismo Jesucristo, es aceptada por unos y rechazada por otros. Y es lógico, porque además de ser una realidad social, para los que formamos parte ella, la Iglesia es una realidad de naturaleza espiritual que nos vincula con Jesucristo. Entre los que la rechazan hay una variada gama de personas, también del mundo de la cultura. No es extraño, por tanto, que puedan existir artistas que se sirvan de su arte para manifestar unos valores distintos a los que la Iglesia católica propone e incluso para hacer militancia en su contra. Es una actitud que responde a las convicciones de cada uno y forma parte de la libertad de expresión a la que tiene derecho todo ser humano. Ahora bien, la libertad de expresión, de acuerdo con las leyes que la regulan, no es un derecho ilimitado, sino que supone la veracidad en las afirmaciones y el respeto a las creencias de los demás. Si para afirmar la propia identidad hay que despreciar la identidad ajena, eso significa que uno se define por lo que no es o no quiere ser. ¿No es más lógico afirmar lo propio, lo que sí soy, y proponerlo a los demás? La calumnia, la mofa y el insulto, deben desaparecer de toda manifestación humana (sea o no artrítica), si de verdad queremos construir una sociedad de convivencia y tolerancia con los que sienten y piensan diferente.