festival mueca 2009

De la lluvia y otros demonios

28.03.2009 | 00:00
La lluvia irrumpió en el Festival desde las siete de la tarde. La lluvia irrumpió en el Festival desde las siete de la tarde.

Esta vez, el Mueca se encontró con su enemigo de cara. La lluvia se hizo notar en diversos espacios de la tarde y la noche y la mayoría de los números tuvieron que ser suspendidos. El público amagó con una retirada generalizada según aparecieron las primeras gotas y con el avance de las horas las calles terminaron por quedarse vacías. Teatro urbano y casi ausente; telón virtual para un espacio abierto que quedó a medio camino de respirar otra vez como un escenario gigante. El cielo, caprichoso, ayer fue definitivo...

El cielo esta vez no supo ni pudo esperar. El Puerto de la Cruz, su espacio abierto, fue ayer marioneta de los grandes dioses. Nubes de mal agüero y ecos de lluvia. A ratos, con sentencia definitiva incluso, quebrando el ambiente con una sensación gélida de la que no se libró la Ciudad Turística en toda la tarde-noche.
El público tardó en desaparecer de las calles, pero ya nunca fue lo mismo desde que irrumpieron las primeras gotas apenas superadas las siete de la tarde. Para entonces, cuando el cielo comenzó a caer a su capricho, andaba Dorothy en busca de Oz en la representación de la Compañía Clapso en la Plaza de Europa. Ya había sido el tiempo de las actuación de Los Hijos del Viento, Kobuma, Roberto Rodríguez y de la primera muestra callejera de cómic.
Al igual que Dorothy, también doblaron las campanas para la compañía Jasteatro, que debía interpretar El comienzo de un largo viaje en la Plaza de la Iglesia. Cosas de la lluvia.
El festival continuó en los respiros que ofreció el cielo. Hubo hueco para Les Tonys, en su recorrido por la Calle Quintana con dirección hacia la Plaza del Charco en funciones de seguritas de lo urbano. El humor y la complicidad de los espectadores, protagonistas pasivos del espectáculo ofrecido por la compañía Albedo.
Y más caprichos, porque las gotas se hicieron incómodas otra vez cuando se aproximaban las nueve de la noche y las funciones quedaron de alguna manera maniatadas. Así, en vilo pasaron los números, con alguna nueva suspensión, de Garoe, Camping, Olimplaff, ConCierto Problema, Funny Business, Concierto desde la trinchera y Toin Thar Ceann, Les Vitaminés, espectáculos con los que se cubrió el espacio temporal que va de las 20:00 a las 23:00.
Es, de alguna manera, la historia del Mueca desde que decidió dar aquel paso de gigante y salirse del Parque San Francisco para tomar las calles del centro portuense: a expensas siempre de lo que venga de arriba.
La buena noticia estuvo en la respuesta de la gente. Hubo cierta desbandada cuando aparecieron las primeras gotas (las actuaciones de apertura contaron con el respaldo de unas 1.500 personas), pero un buen número se resistió a abandonar el centro de la ciudad hasta que no se suspendieron el resto de funciones. Mueca preveía unas 3.000 almas para el concierto de Los Salvapantallas.
El guión quedó marcado de tal manera por el irregular tiempo que desde primeras horas de la noche la organización dio por suspendido el número de The High Wire Walk. Al final, no hubo funambulismo y el hilo metálico que unía el muelle con la Casa de La Aduana a 20 metros de altura quedó huérfano de Didier Pasquette. Teatro de intermitencia para la jornada inaugural, dejando sólo en intuición ese halo mágico que convierte Puerto de la Cruz en un escenario gigante durante todo un fin de semana.
Hoy, el telón se abre a las once de la mañana, con más de 12 horas de espectáculo por delante. Eso, claro está, si el cielo quiere...

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