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EFE
En una entrevista con Efe, De Botton (Suiza, 1969), del que acaba de publicarse en España "La arquitectura de la felicidad", reconoce que "el tema" de la arquitectura es "de venta difícil" pero al autor del exitoso "Cómo cambiar tu vida con Proust" le pareció que tenía que escribir sobre algo a lo que se enfrenta a diario cuando va de su casa al metro: "¿cómo es posible que alguien haya construido algo tan feo?".
Su última obra, que edita ahora Lumen en España aunque está escrita en 2006, es "en cierto modo" un libro de autoayuda pero a quien trata de "echar una mano" es a los propios arquitectos, para que logren que el entorno sea más bello porque, sostiene, la arquitectura "es una parte de nuestra salud mental y un ingrediente de la felicidad".
"¿Qué que es un buen edificio? Esa es la pregunta más importante en arquitectura. Mi libro intenta hacer que la gente se pregunte por ello. Es sorprendente que en las escuelas la gente aprenda de escultura, pintura pero nadie ni en España ni en Reino Unido -donde reside- aprenda nada de arquitectura", plantea De Botton, que inunda su obra con fotografías de edificios "virtuosos" y "defectuosos".
"Sencillamente -desvela- carecemos del idioma de la formación y de la conciencia para oponernos a lo que construyen los promotores inmobiliarios. Somos muy vulnerables al entorno, y uno feo no ayuda a ser feliz".
En todos los periodos, detalla, hay arquitectura bella y fea pero el mundo moderno ha perdido la capacidad para construir "normal y corriente" y lo que falla, normalmente, son los promotores inmobiliarios, "que tratan de construir estructuras que les haga ganar dinero en cinco años".
Por eso cree que la crisis financiera e inmobiliaria proporciona "una gran oportunidad" de sacar la vivienda de "ese mecanismo agresivo capitalista".
"Espero que en los próximos diez años -desafía- la sociedad en su conjunto aprenda a exigirles que construyan bien y que respondan ante una escalera mal construida o una calle fea".
Ya pero, ¿quién decide lo que es bonito?. "La gente cree que nadie sabe lo que es bello, y esa sensación de duda ha sido un regalo maravilloso para los promotores inmobiliarios porque si alguien les dice que lo que hacen es un horror posiblemente le contesten que es un snob", especula.
"No creo que sea más difícil decir que un edificio es bonito o feo que decir que alguien es una buena o mala persona. Respecto al carácter humano sabemos cómo poner etiquetas a todo, hablar de virtudes y defectos, pues todos esos adjetivos pueden aplicarse sin complejos a las edificaciones", propone el autor.
En Francia o Inglaterra, lamenta, hay lugares "totalmente destruidos" por personas "que lo único que querían era ganar dinero rápidamente. Tenemos que despertarnos y actuar porque la buena arquitectura no es un lujo", mantiene, y pone como ejemplo "la rica" ciudad de Dubai, "feísima", y cualquier "pobre" pueblo andaluz, "seguro que muy bonito".
No cree que un edificio garantice que uno pueda ser feliz en él, y hace una analogía con las iglesias, hechas para "transmitir" valores como la caridad o la humildad, lo consigan o no. Esa función de capacidad de modificación del estado de ánimo es la que De Botton analiza en su libro.
"Con mi libro quiero darle a la gente motivos para que les guste lo que les gusta y para que no les guste lo que no les gusta", añade el autor que vive en una casa "imperfecta" en un "entorno de compromiso", "como casi todo el mundo".
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