Antonio Gamoneda. Poeta y premio Cervantes en 2006

Antonio Gamoneda: ´Trabajar la poesía es lo más parecido a un milagro´

01.06.2008 | 00:00
Antonio Gamoneda: ´Trabajar la poesía es lo más parecido a un milagro´ Antonio Gamoneda: ´Trabajar la poesía es lo más parecido a un milagro´

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) cumplió el viernes 77 años. Y ese día en el que el autor del Libro del frío no sopló ninguna vela reconoció su temor a que el tiempo le robe la memoria, a que se lleve todo aquello que habita en su cabeza. Tras formar parte del congreso dedicado a Luis Feria, este maestro de las palabras recuerda su primera lectura, sus primeros versos.

Espera sentado, semidormido en uno de los sillones del vestíbulo del hotel en el que se aloja. Cerca de él, su mujer Angelines. A sus pies, su nuevo amigo de madera: su bastón. Saluda e intenta levantarse. Una sonrisa de bienvenida a cambio de un beso. Y un raudal de palabras cargadas de vida para no olvidar...
-Felicidades ¿Cómo lleva usted estos recién cumplidos 77 años?
-Bueno. Ahora lo que ocurre es que estoy aprendiendo a ser cojo. Hasta hace poco tiempo yo andaba hasta diez kilómetros todos los días pero me atropelló un coche hará cuatro años y ahora voy algo cojo. Lo peor es que esta cojera empeora y parece que no tiene arreglo. Tiene el arreglo de la paciencia y el de bajar algunos kilos.
-Inevitable resulta en esta ocasión el preguntarle por uno de los grandes poetas de esta tierra, Luis Feria. ¿Lo llegó a conocer en vida?
-Sí, una sola vez. Hace cuarenta años. Recuerdo que estuvimos hablando en Madrid, aunque ocasionalmente. Yo no sé cual sería su percepción en relación conmigo pero yo me di cuenta de que él era un hombre con una personalidad bastante especial y muy interesante.
-¿Qué valora de sus versos?
-De Luis Feria valoro la calidad esencial, en ningún caso trivializante, de su poesía, que es una de las más importantes de los que podemos llamar coetáneos. Luis Feria era un gran poeta; lo que pasa es que él decidió llevar esa vida insular. Aunque aquí se le ha estimado siempre, en la Península debiera ser más recordado y su escritura debiera ser más estudiada. Creo que esto se producirá si desde Canarias se crea una proyección hacia la Península de su figura y su obra.
-Pero no es Luis Feria el único poeta isleño que apenas se conoce en la Península....
-Efectivamente. La insularidad y la distancia crean un espacio en el que los reconocimientos funcionan con mayor dificultad. Eso debería salvarse.
-Parece que al estar inmersos en la era digital esos cometidos no se suponen tan lejanos... ¿O no hay en este mundo espacio para la poesía?
-No lo sé porque el elemento globalizador más importante es esto que llaman internet y yo no conozco ese mundo. Nunca he visto una pantalla de internet. Quizá sí, quizá resulte un elemento comunicante que pueda reducir las distancias entre las Islas y la Península dado que esa distancia, en lo que a la literatura concierne, es absurda pues vivimos en la misma lengua.
-Si viajamos con la mente a su infancia nos encontramos con el libro que lo marcó, Otra más alta vida, la obra que escribió su padre y con la cual usted empezó a leer y a amar la poesía ¿Conserva aún ese libro?
-Sí, por supuesto. Para mí este libro es un objeto casi sagrado.
-¿Lo lee a menudo?
-No, no lo leo demasiado. Hice una relectura seria de él hace siete u ocho años porque se reeditó la obra y yo me encargué de prologarlo y añadir algún poema más que había podido encontrar. Tengo un conocimiento bastante completo de ese libro. Además, el hecho de que fuera el libro en que aprendí a leer lo hace imborrable para mí.
(Una pausa y recuerda en voz alta sus palabras: "Rubén estaba triste como un soplo de viento...")
-En el año 36, apenas tenía cinco años y fue entonces cuando entró en contacto con la poesía ¿Cree que habrá algún niño que hoy en día aprenda a leer leyendo poesía como lo hizo usted?
-Descubrí la poesía y la escritura de forma simultánea. En esa época ya empecé a tener una noción, una noción infantil, de que existía un pensamiento y un lenguaje que no es el pensamiento discursivo normal, el lenguaje coloquial o informativo... No es muy probable que los niños aprendan así. A mí me ocurrió que, a los cinco años, en virtud de unas circunstancias excepcionales las escuelas estaban cerradas y yo quería aprender a leer y no había más que ese libro en casa. Es una circunstancia que sería difícil que se repitiera ahora, pero no imposible.
-No está muy interesado por ese universo que es internet. ¿Dónde escribe usted, usa el ordenador?
-Escribo a mano y luego lo paso al ordenador aunque muy torpemente. Manejo muy mal el ordenador y no se hacer en él ninguna otra cosa salvo escribir. Después saco una prueba de lo escrito en la impresora y le hago las correcciones a mano y las vuelvo a pasar a la pantalla. Sólo me ayudo con el ordenador, realmente yo escribo con esta pluma (señala su bolsillo)
-¿Por qué pluma? ¿Hay algún eco romántico en su uso?
-Bueno, puede ser por la edad. Yo ya no era un niño cuando los bolígrafos no existían. Puede que ahora sí haya algo de romanticismo al escribir en pluma pero es que antes se escribía siempre con pluma.
-¿Qué le inspira más a la hora escribir una sonrisa o una lágrima, la tristeza o la alegría? Es que parece que normalmente los momentos más difíciles el arte fluye mejor...
-Puede ser. Pero en todo caso, la poesía, incluso la que está fundamentada en el sufrimiento, está orientada a convertirse en una forma de placer. Aristóteles al referirse a la tragedia griega que era argumentalmente terrible decía que los hechos sangrientos y tristes de la tragedia no son obstáculos para que originen un placer peculiar. Con la poesía ocurre algo por el estilo, que aunque ésta parta del sufrimiento está orientada a la transfiguración de ese sufrimiento en un objeto de palabra que debe ser causa de placer.
-¿Es la poesía un calmante de dolores para el poeta?
-Algo de eso. La poesía es liberadora para el autor y para el lector porque éste cuando lee se convierte en coautor. Y es que el poema que él lee no es el mismo que el poeta escribió.
-¿Retoca, revisa cambia mucho su poesía desde que nace hasta que llega a un libro?
-Sí, mucho. Incluso la retoco después de que haya llegado al libro y en otras ediciones puede cambiar.
-¿Conserva todos esos retales de poemas que va realizando en momentos espontáneos?
-No. Cuando aparece la nueva literalidad del poema yo destruyo los anteriores. Un amigo mío, ya muerto Claudio Rodríguez -quizá el poeta más importante que ha tenido España en la segunda mitad del siglo XX- no tuvo la precaución de destruir poemas que él no quiso publicar porque con acierto consideraba que eran poemas fracasados. Se murió y no los destruyó. Después hubo personas que se han interesado por ellos y han logrado, no sé de qué manera, convencer a la viuda y los han publicado. Esos poemas no ayudan nada a la obra de Claudio, en todo caso la perjudican. Son fracasos y es que grandes poetas como Claudio pueden tener esos fracasos. Hace un par de años publicaron esos poemas fracasados y yo me entristecí mucho por ello. Por eso yo los rompo inmediatamente.
-Usted suele decir que la poesía no es literatura ¿Por qué?
-Para ser más prudente, yo diría que la poesía es literatura secundariamente porque se identifican mejor como literatura aquellas creaciones -muy respetables, claro- que parten de la ficción. Y yo pienso que la poesía, al menos la poesía que merece la pena, nunca es ficción. La poesía expresa nuestro mundo interior, nuestro gozo, nuestro sufrimiento, nuestros temores, nuestro amor... y eso jamás pude ser ficción.
-¿Cree que hoy en día en esta vida tan acelerada hay también hay menos tiempo para la poesía?
-Claro, hay unos medios tecnificados muy potentes... Pienso por ejemplo en internet, en los anuncios, en la televisión... todo eso está creando estímulos estéticos buenos o malos, ya no entro en eso. Pero ocupan un espacio de la sensibilidad, un espacio mental y temporal. La poesía no tiene mucho campo receptivo, lo que pasa es que parece que es natural que las cosas sean así. La poesía tiene una parroquia pequeñita, minoritaria pero muy fervorosa. Esto no me parece mal del todo, incluso le encuentro algunas ventajas. Si hubiera una gran demanda de poesía se convertiría en un producto de mercado y tendría que obedecer a las leyes de mercado. La falta de dimensiones que le proporciona a la poesía el hecho de ser ciertamente muy minoritaria, tiene una gran ventaja y es que la hace ser la única creación auténticamente libre. La poesía está fuera de esas leyes impositivas que crea el mercado y el consumo, esto es una garantía de pureza y veracidad que quizá no se da en otras formas de creación
-Cuando fue la ultima vez que escribió unos versos?
-Creo que hace cuatro o cinco meses que no intento escribir un poema. Sí reescribo algunos poemas que hago de manera apresurada en aeropuertos o en trenes y que he acumulado.
-¿Cuándo un nuevo libro de poesía?
-Tengo poemas aunque no tengo conciencia de que estén terminados, ni de que sean integrables en un solo libro. Por eso un libro de poesía aun puede tardar mucho. Si mi cabeza sigue funcionando bien tal vez en el plazo de dos o tres años pueda haber otro libro de poesía sino es posible que se anticipe el libro de memorias. Yo no creo en los milagros pero trabajar la poesía es lo más parecido a un milagro... Cuando funciona bien, claro
-Vuelve a decir si la cabeza le funciona bien... ¿Le preocupa mucho esto, verdad?
-Mi amigo Claudio decía que los poetas somos como los yogures, tenemos fecha caducidad (jeje...) Pero grandes poetas como Jorge Guillén, Dámaso Alonso o Rafael Alberti no hicieron más que tonterías al final de sus vidas. Yo no quiero que me pase eso. Por ello, ya he recomendado a mis amigos más jóvenes e intelectualmente más solventes que cuando vean que mi cabeza empiece a patinar que me avisen y me digan que hay que terminar... que se acabó la escritura. Y es que no se pueden decir bobadas.

Las memorias de una infancia

-¿Ha terminado de escribir sus memorias?
-Aún me falta darles un último repaso pero para eso necesito quince días de tranquilidad y eso ahora no los tengo. Viajo mucho y apenas estoy en casa. Pero puede decirse que ya están terminadas. Son memorias de infancia únicamente.
-Alguna vez dudó en publicarlas...
-Sí quiero publicarlas aunque pueden traerme problemas porque yo hablo de un tiempo muy difícil, la guerra y la posguerra y de personas concretas. A pesar de que en aquella época era un niño me daba cuenta de muchas cosas. Quienes no quieren que las publique es una parte de mi familia porque tienen miedo que me traigan problemas.
-¿Cree que Un armario lleno de sombras le podría traer problemas?
-No lo sé. Pero el hecho de que me traiga problemas no va a cambiar mi decisión.

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