27 de febrero de 2017
27.02.2017
Carnaval de Tenerife

Los chicharreros salen a la calle de día

Cerca de 180.000 noveleros disfrutan de la primera jornada diurna de la fiesta este año y llenan las principales plazas de la capital

06.03.2017 | 16:19
Los chicharreros salen a la calle de día
Los chicharreros salen a la calle de día

No era un domingo cualquiera. Incluso las calles lo sabían. Después de una noche de fiesta soportando la novelería de los chicharreros, las vías y plazas céntricas de Santa Cruz de Tenerife soportaron un zafarrancho de limpieza que les puso a punto para recibir a lo largo del día a 180.000 personas. Por eso no era un domingo cualquiera. Ni un Carnaval cualquiera. La fiesta cada año es igual pero es distinta. Son otros los disfraces, incluso cuando son los que se sacan del armario. Y son otras las sonrisas y las carcajadas. Son diferentes las músicas que hacen mover las caderas, los pies y hasta la cabeza. Se despide febrero y en Tenerife se hace a lo grande: Saliendo a la calle de día.

Es uno de los actos más esperados por los carnavaleros y que ha ido ganando adeptos año tras años. Se parece al de la noche, el que tanta relevancia tiene fuera de las Islas, pero tiene sus particularidades más allá de que en lo alto del firmamento luzca el sol y no la luna. En la capital se nota casi desde primera hora de la mañana, cuando acercarse hasta el centro de la ciudad y buscar aparcamiento es un aventura y se convierte en odisea a medida que avanza la jornada.

El ambiente de Santa Cruz de Tenerife se torna en festivo. Las idas y venidas de mascaritas en las calles aledañas al cuadrilatero de la fiesta son una constante en la que las miradas analizando cada disfraz se convierte en una manera de empezar a meterse en jarana. Hasta que llega el sonido. Una batucada o un canción que levante el ánimo, que provoque los primeros pasos de baile antes de encontrar el sitio deseado donde disfrutar de una parte del mejor Carnaval del mundo.

Y es que en este acto cada colectivo tiene su sitio, no asignado, pero sí acostumbrado. Todos ellos con un denominador común: las ganas de pasarlo bien. Para aquellos que quiere disfrutar de actuaciones en directo, la organización dispone de varios escenarios, en los que la música se organiza en torno a estilos. El más comercial se desarrolló en uno de los espacios por excelencia de las carnestolendas chicharreras: La Plaza de la Candelaria. Nombres propios como Beatriz Luengo o Conchita y artistas de la tierra como Ricky Furiati o Jadel se unieron a la magia del Carnaval ante miles de chicharreros entregados.

El verdadero furor llegó cuando los presentadores, Pedro Rodríguez y MJ Castañeda, anunciaron la actuación de Cali y El Dandee. El dúo forman parte de los nombres propios del panorama musical de los ritmos latinos en los últimos tiempos y trajeron parte de sus éxitos para hacer bailar a los carnavaleros. Y gritar a sus fans, quienes una vez concluyó su intervención corrieron hasta la salida del backstage con el anhelo de lograr una imagen con sus ídolos. No pudo ser porque ambos artistas salieron escoltados por agentes de la Policía Local, eso sí, en medio del júbilo de los fans.

Éxito asegurado también es el repertorio de Ni un pelo de tonto. El grupo, con David Amador al frente, se entrega en cada actuación y los carnavaleros saben agradecérselo. Por eso en la Plaza del Príncipe canciones como Sufre Mamón se entonaron como si no hubiera un mañana tanto por parte de los artistas como de las mascaritas que abarrotaban la plaza y sus accesos. Precisamente, ese espacio se ha convertido en el más familiar. Es habitual que hasta esa zona se acerquen los padres con sus carritos o de mano de los más pequeños, especialmente durante las horas de la comida, puesto que la trasera del templete permite un descanso mientras se reponen fuerzas.

Además, son las familias y los grupos los que despiertan más miradas por parte de los compañeros de novelería. Ayer se dejaron ver conjuntos como Los Picapiedra, con Pedro, Vilma y la pequeña Pebbles. Si papá va de Ironman, el niño también. Y si mamá se viste de reina de corazones, la niña no podía ser menos. "Mira que gracioso" o "ay, que bonito" son algunas de las expresiones que despertaban estas familias.

Como ocurre en el Carnaval de siempre, en el de noche, también existen disfraces más espectaculares, o como suele decirse, aquellos que se lo curran. Mazinger Z junto a Afrodita, un grupo de cactus o un mono dentro de una máquina expendedora de peluches son algunos ejemplos de que aunque febrero sea una fiesta, hay gente que se lo toma en serio. Eso sí, sin dejar de vacilar porque cualquier excusa es buena para gastar una broma, posar para una fotografía o incluso saludar a un conocido aprovechando las dificultades para ser reconocido.

Los otros protagonistas de la jornada siempre son los grupos más numerosos. Familias que se reúnen para aprovechar el Carnaval de Día, amigos de siempre a los que se van sumando parejas e hijos e incluso compañeros de trabajo que suman miembros a la fantasía de cada año. Conocidos son, por ejemplo, los que se disfrazan de botellines de cerveza con caja incluida, pero para pasarlo bien no hace falta tanta creatividad.

Es lo que le ocurre a un grupo de cerca de 20 personas, entre adultos y niños que este año decidieron aprovechar que uno de ellos disponía de un disfraz de Minion para elaborar su fantasía en torno al popular personaje de dibujos animados. "Lo hacemos cada año para el Carnaval de Día y vamos al volver el próximo sábado", resumen Mónica y Dévora, dos de las chicas de este grupo que añaden que algunos de ellos se conocen desde el instituto "y ahora se han idos sumando más amigos, parejas e hijos". Directos desde El Cardonal, estos minions carnavaleros aseguran que el disfraz se preparó hace apenas unos días: "En una semana estaban terminados".

Escenarios al margen, las calles eran entorno perfecto para bailar al son de lo que ofrecieron los quioscos y, tal y como ocurriera el pasado sábado, el entorno del Bullevar sirvió de momento de juegos para las mascaritas más pequeñas, mientras los progenitores tenían algo más de tranquilidad. Entre tanto disfraz también había trabajadores que no pudieron disfrutar de la jornada como, seguramente, les habría gustado. Camareros o agentes de seguridad son un ejemplo, pero cabe destacar la presencia de empleados del servicio de limpieza que intentaron mantener las calles algo más limpias de lo que quedarían si ellos no estuvieran.

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