08 de febrero de 2017
08.02.2017
Concurso de Murgas Adultas de Santa Cruz

Frenéticos Mamelucos

Los Xerach Casanova interpretan una fase cargada de intensidad y son sendos finales soberbios para demostrar que mantienen la impronta de los últimos años

15.02.2017 | 23:58
Frenéticos Mamelucos
Frenéticos Mamelucos
Primera fase del Concurso de Murgas Adultas del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2017
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Primera fase del concurso de Murgas Adultas del Carnaval 
Segunda Fase del Concurso de Murgas Adultas del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2017
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Segunda fase del concurso de Murgas Adultas del Carnaval 

Mamelucos cumple con creces, mientras que Diablos y Triquikonas pasan el corte. Esa puede ser la lectura más rápida y sencilla de la tercera fase del concurso de murgas adultas celebrada este miércoles en el Recinto Ferial de Santa Cruz. Una eliminatoria que prometía mucho más de lo que al final dio, pero que fue salvada brillantemente por unos 'Mamels' pletóricos, seguros en su interpretación y frenéticos en su desarrollo. Suficiente para dejar muy atrás a otros colectivos como Diablos Locos y Triquikonas que lejos de cumplir, pincharon en sus respectivas actuaciones. Aún así, y a juicio del jurado, a ambos les dio para colarse en la final del sábado. Una cita que tendrán que ver desde la grada Desbocados, Klandestinas, Los Que Son Son y, especialmente Los Trabas, sobre los que se habían generado grandes expectativas para este 2017. La ausencia de La Traviata, de lo más destacado de la primera fase, tampoco se entiende.


Desbocados

Desbocados abrió la noche y lo hizo con una cuidada entrada en la que varias féminas dieron brillo a sus armas corales. El primer aviso de que el grupo de Juani Padilla mantiene una correcta progresión (con unas voces muy bien empastadas y sin desmerecer a nadie) de la que ya dieron muestras más que manifiestas en 2016 y, sobre todo en 2015. Y precisamente por el buen rédito que le había dado tirar por la vertiente de lo autóctono, los de Cuesta Piedra arrancaron en la fase con 'La voz de mi folclore', una clara defensa de las tradiciones musicales canarias, "nuestras señas de identidad". A ritmo de chácaras se les vio muy potentes y seguros y lograron conectar nombrando a personajes y grupos conocidos caso de Los Sabandeños, José Antonio Ramos, Benito Cabrera, Luis Morera y Fabiola Socas, "los que mantienen vivo nuestro folclore". En la misma línea sacaron a escena la bandera de las siete estrellas verdes y aunque trataron de darle una vuelta de tuerca con cada una de esas estrellas, se quedaron a medio camino mezclando elementos como "el origen guanche" y "el sonar de un timple" con otras como la "ley de dependencia". Chirrió un poco. Un solo a ritmo de malagueña ("quien lucha por sus raíces defiende su identidad") y una conclusión con reproducción íntegra del popular tema 'Bendita mi tierra guanche' ("no soy capaz de cambiar la letra", se excusaron) les sirvieron para levantar por completo a la grada y llevarse una gran ovación, si bien el contenido del epílogo, totalmente populista, supo a poco.

Y cuando se podía esperar el plus para que Desbocados entrara en las quinielas de los finalistas, Juani Padilla y los suyos se hicieron un lío con 'La ley del yoyoismo'. Una supuesta historia de egocentrismo que nunca tuvo una dirección ni un desarrollo claros. Desde autoproclamarse inventores del Carnaval y de las mejores letras de las murgas, pasando por un secuestro del director por parte de la murga para que esta se lleve todo el protagonismo mientras bailaba por completo fuera de los micros. El tema discurría hacia el abismo y aunque ganó en conexión cuando criticaron a aquellos "que hablan de las murgas sin verlas" y pidieron "entradas gratis para los concursos", terminaron de caer al hablar de Soria ("esta es la clase de mercenario que robando está") y de "egocentristas de los que está repleta mi sociedad", en un final potente en lo musical (salvando dudas anteriores), pero vacío de contenido. En lugar de ir a más, se autodescartaron de cualquier opción.

Diablos

Entrada a medio camino entre rondalleros y el carnaval de Venecia, envueltos en un disfraz muy colorido, con gondolero incluido, y con la grada en pie y entregada. Esa fue la tarjeta de presentación de Diablos Locos. Lo esperado y que solo había logrado Bambones hasta ese momento, aunque en el caso de los trónicos los decibelios y las vibraciones fueron mayores. Los de Masi Carvajal siguen siendo un indiscutible fenómeno de masas y en esta ocasión el Recinto Ferial volvió a rendirse a sus pies solo con su entrada. Una puesta en escena "para entrar en calor", tal y como requería su maestro Víctor Asencio. Temperatura cálida que sin embargo le costó mantener a los trónicos con una actuación que dejó mucho que desear (en base a lo que se puede esperar de ellos) pero que, al menos fue de menos a más. Salvoconducto para evitar una inesperada y desagradable sorpresa.

La prometedora máquina del tiempo que pusieron sobre las tablas como primer tema acabó mareando a la murga, y despistando a la grada, en una sucesión de comparaciones entre los viejos tiempos con el presente. El arranque aún así, generó cierto interés al contraponer, por ejemplo, "los colorines y los balones de trapo" de los años 50 frente a "las calles vacías el día de Reyes". Arrancaron alguna sonrisa en su paso con los años 60, y tiraron de recuerdo en los 80 con el Carnaval del Corinto y la Plaza España, lo que les sirve para criticar que "hoy San José no se llena porque no la gente no baja del Orche". Cuando las comparativas empezaban a difuminarse en medio del planteamiento, Diablos se pasó de rosca con la máquina y apareció en 2036, donde relataron que "comen 22" de la pensión del abuelo, o que "siguen gobernando PP y PSOE". Diablos no terminaba de encontrarse a sí mismo y, cual boxeador al borde del KO, la campana del final del tema le salvó.

Al menos en su segundo, una tómbola, los de Masi Carvajal recobraron su identidad. Con una cuidada puesta en escena, los de la Cuesta Piedra fueron tirando de las típicas cuerdas de las que fueron saliendo diversos personajes. Les sirvió para criticar a Soria y sus papeles en Panamá, y fueron más Diablos que nunca recreando, a su manera, el popular episodio de la señora que tuvo un conflicto con un conductor de Titsa. "La vieja de la curva, usted sí que da caguele; el fantasma dimitió", cantaron mientras le arrancaban una sonrisa a la grada y antes de subir otro escalón con una crítica al cartel, quizá la más sólida y con más chispa de todas las cantadas hasta ese momento: "Dígame usted qué coño es esto para mi carnaval. Esta cosa no representa a mi carnaval". Con la entrada en escena del 'Típico de Tenerife' ganaron en frescura a base de coreografía y chorradas hechas casi a medida para la murga. Con los elementos necesarios para poder despegar y darle un buen empaquetado a su interpretación, Diablos recurrió, como último premio de su tómbola, a "las siete estrellas verdes" y "también La Graciosa". Su recorrido por las siete islas les sirvió para llamar veleta a Oramas, y arremeter contra "nacionalismo que" le "avergüenza". Era casi un remake de la apuesta previa de Debocados. "Canarias, mi tierra, Canarias" fue su potente final para levantar a la grada. Conexión que, sin embargo, no escondió un pinchazo mayúsculo (y no es el primero de fase en los últimos años) de Diablos. Al menos los Diablos que todos esperamos.

Klandestinas

Terceras de la noche, Klandestinas llegaba para demostrar el buen sabor de boca del año pasado y su línea ascendente. Amagaron ya con ello en una entrada reivindicativa para recordar a "esos grupos que no tienen local donde ensayar" y dejar claro que "todos somos importantes". Su primer tema fue en clave de construcción, con obreros, arquitectos y jefazos ("financiamos campañas de partidos que nos dan las obras si salen elegidos"). Algunos pasajes destacables como que en la "administración es normal que tengan problemas con la electricidad con tanto enchufe", pero muchos otros que se quedaron a medio camino y que no tuvieron la pegada suficiente. Subieron enteros con el mono que regalan a los políticos "para que suden y se ganen el sueldo a pico y pala" antes de derrumbar lastres para la sociedad como "las tasas, las listas de espera para que no muera nadie más, el machismo y la pobreza". El tema no terminó de explotar.

Bien distinta fue su segunda interpretación (tanto por contenido como por interpretación), en este caso bajo la percha de controladoras de aeropuerto, donde sacaron todo el juego posible a las maletas que inspeccionan a diario. Un argumento que les sirve para arremeter contra la concejal Gladis de León, a la que solo permiten "pasar siete maletas a ver qué se siente" en clara alusión por el número de finalistas del concurso. También trataron la maleta del canario que debe emigrar, o la del turista que no ve "a los que están en los cajeros durmiendo". Rampa de despegue para una notable actuación que quedó frenada en seco por unas voces que por momentos fallaron por completo. Tiraron de fibra recordando el carnaval de antaño (quizá de una forma algo forzada) y ganaron enteros en su final cuando sacan de la maleta "un traje de princesa" para arremeter contra el maltrato. "No vivas con miedo, tu vida está en juego, sal a denunciar", cantaron en un buen final, potente, que conectó con la grada y que sirvió como broche a una elaborada letra. De menos a más.

Trabas

Solo con oír los primeros acordes de Trabas se notó la mano de David Padilla, cuya llegada ha permitido a los de José Mari Tejera ganar en belleza coral y una potencia musical descomunal. Primera carta desvelada de una murga que subía al escenario rodeada de una gran expectación en base al salto de calidad que podían dar. Su primera canción fue 'Mayorías y minorías', la excusa para arremeter, por ejemplo, contra los políticos y la contaminación de la refinería en estrofas que sin embargo no conectaron., un defecto que trataron de corregir involucrando a la grada haciéndole partícipe de mayorías como el "entrar gratis en el Recinto" y buscar "otro presidente para el Tenerife". Situación participativa que solo fue el preámbulo de un cóctel sin orden ni concierto, desde cantarle al "puto alemán que provocó el incendio de La Palma", y se quejaron de que "sí hay dinero para corrupción". Acabaron con potencia, pero€

Trabas necesitaba algo más para confirmar su progresión. Y 'Rufino el cascarrabias' parecía el camino perfecto para ello en un intento de "hacer algo diferente". Un monigote de peluche que, como reconoció la propia murga, hacía recordar a apuestas anteriores de Chinchosos y Trapaseros. Primer lastre. José Mari Tejera y los suyos desperdiciaron un par de minutos hablando del caso de los titiriteros de Madrid, quizá como pretexto para intentar ponerse en situación de su personaje. Segundo lastre para un muñeco que acabó siendo como el Guadiana, apareciendo y desapareciendo de escena entre largos parones que iban camino de matar definitivamente el tema. La murga volvió a interactuar con la grada para comparar a los tinerfeños con los canariones, pero su mensaje se perdió.

El punto álgido llegó, a modo de vuelta de tuerca, cuando la mitad de la murga abandonó el escenario y, a los ojos del espectador, dejó el muñeco solo. Efecto visual notable, pero que no estuvo acompañado de estrofas cargadas con la suficiente chispa como para remontar el vuelo. Y de nuevo otro parón para que la murga regresara y antes de un final donde cupo de todo: Chovito, Soria, el hotel en La Tejita... A Trabas no se le puede reprochar su intención de de buscar algo diferente, de ir más allá. Pero sí quizá un excesivo atrevimiento para no percatarse de que su idea era casi imposible de ejecutar en un concurso. Vísperas de mucho...

Triquikonas

Con ellas llegaba otro momento de los más esperados de la tercera eliminatoria. La grada aguardaba un necesario soplo de aire fresco para darle más agilidad a la fase, y Triquikonas afrontaba una reválida para confirmar que su estilo, ese que las ha encumbrado y ha permitido marcar tendencia, todavía tiene recorrido. Pero las de Almudena Domínguez pincharon, por muy emotivo que resultó su entrada en modo de homenaje a sus familias ("por el tiempo robado") y a las que subieron a escena. Como si de una obligada estructura y trámite se tratara, la primera de sus canciones volvió a tener una vertiente crítica. Bajo el paraguas de la inteligencia humana ironizaron sobre aquellos comportamientos de las personas que precisamente hacen dudar sobre dicha inteligencia, desde los refugiados que huyen hacia Europa, las armas, el acoso a los transexuales, o la discriminación a la mujer por su peso. Su potencia musical del inicio había dejado paso a una pérdida de dicción mientras se quedan en sujetador. Un golpe de efecto al que quisieron darle continuidad abordando temas delicados como las denuncias por falso maltrato y los divorcios que terminan pagando los niños. Ahí Triquikonas se quedó sin gasolina y para terminar de darle forma a su canción tuvo que repetir argumentos a modo de resumen y rellenar estrofas a base de tacos ("me cago en la puta homofobia").

Cumplido el trámite de aquella manera, Triquinokas se introdujo en su terreno favorito, el del show a base de coordinación de movimientos y gags frescos. Para ello recurrieron a una muñeca (visualmente una continuación a la niña de la primera comunión que el año pasado no pudieron cantar en la final) maltratada por su dueña. Salpicaron el tema con varios chispazos, como pintarse los labios o interactuar con otros muñecos de su dueña y sus amigas: "Spiderman, ¿por qué no vienes y me quitas las telarañas?", y una estudiada coreografía que, sin embargo, no tuvo un solo momento explosivo. Y si en el primer tema se desprendieron de la parte superior de su vestuario en este se quedaron en bragas. Parecía una huida hacia adelante para tratar de conectar, algo que nunca lograron del todo las de Almudena Domínguez, que también fieles a su tradición, enlazaron su final del tema con la despedida. Insuficiente para ponerse a la altura de sí mismas, pero de sobra para confirmar que Triquikonas debe plantearse, seriamente, un cambio de registro tras ordeñar hasta la última gota un estilo que las colmó de numerosos parabienes para llevarlas ahora a casi morir emborrachadas de éxito. Un casi que se queda en eso gracias a su pase a la final, donde tendrán la ocasión de desquitarse.

Los que Son

Los Soldados de la Atlántida de Los Que Son Son llegaban a concurso con la intención de reeditar la notable actuación de 2016, cuando hicieron méritos, con su barrendero, para haberse colado en la final. Pero esta vez los de Fran Aldana retrocedieron un par de pasos. La cuidada entrada para dar lustre a su disfraz no estuvo en consonancia con sus temas a concurso. El primero 'La incultura no es la cura', lo abordaron desde el punto de vista del profesor, para denunciar las continuas reformas educativas y los recortes realizados por el Gobierno en esta materia. Sin dar con la tecla para otorgarle un sentido ascendente a su interpretación, tuvieron que lidiar con problemas de dicción y varias frases metidas con calzador que le dejó al borde del ahogamiento. Trataron de que su parte final pivotara sobre los niños ("el verdadero motor de la educación") y sobre la figura del maestro y el maltrato que recibe. "Los consejeros que se han cargado el futuro de estas islas" cantaron en un epílogo, eso sí, con mucho ritmo (quizá demasiado) y potencia.

Lejos de agotar sus opciones de luchar por un lugar en la final, Los que Son terminaron de naufragar con su particular constructor, Antonio Paciencia. Abordaron los tejemanejes que mantienen los empresarios con los políticos, pero su forma de tratar el asunto les impidió ofrecer una crítica dura ni llegar a un humor ácido, pese a algunas frases con mensaje. Repitieron calzador, pero también un final arriba mientras, ya en la piel del murguero, si viven "en el paraíso de la corrupción". Se echó en falta a Los Que Son de 2016.

Mamelucos

Mamelucos se subía al escenario como la última murga en concurso, con la responsabilidad de hacer gala de su primer premio de 2016 y, además, con la necesidad de elevar el nivel de una fase que hasta ese momento no había ofrecido tanto como se podía esperar en un principio. Su potencia de voces y su habitual fantasía de primer nivel combinan a la perfección para un inicio que engancha, pese a que esta vez los de Xerach Casanova desafinaron un tanto en su entrada.

'Cambiando de tema' fue su primera canción. Una producción con el sello de Airam Bazzocchi, donde cada frase tiene contenido y en el que los primeros minutos se convierten en una sucesión de mensajes en ocasiones (por la cantidad) hasta complicados de digerir. Buen golpe para los que han transformado la tradición de ir caminando a Candelaria en una fiesta, antes de un complejo juego de cambios de ropa (y costumbres) que deriva en alguien "vestido de payaso" en una romería. Se ponen más serios para comparar la riqueza de la que disfrutan en Madrid frente a las necesidades de Canarias, culpando en parte a Ani Oramas. Con un registro de potencia casi inalterable, Mamelucos, tiró de sentimiento para subir a escena a Tito Rosales director de Chancletas en Las Palmas. Un alegato de dos murgas que "llevan más de 30 años luchando por el Carnaval" y "sin que nos cambien los estilos". Muestra de hermanamiento que puso en disposición a la grada antes de darle valor a lo de aquí y "no endiosar lo de fuera". Una recta final con potencia y ritmo vertiginoso a partes iguales. Y es que Mamelucos ha cogido la costumbre, buena costumbre, de pisar a fondo el acelerador para acabar muy arriba, algo que solo se logra con confianza. Y de eso Mamels ahora va sobrado.

Recurrieron a las frases y los slogans para su segunda canción, recordando algunos de corte político que marcaron época, caso de Tenerife Amable o Santa Cruz + Viva. Preparación casi perfecta antes de varias estrofas al máximo nivel ancladas en el actual "Santa Cruz, el corazón de Tenerife". El pretexto para llamar romántico a Bermúdez, y hablar de "unos barrios a los que les da un infarto", o "un balneario y plazo de toros en fase terminal". Más ironía para pedirle a Sergio Araujo que "si bebes no conduzcas", y de nuevo seriedad para comparar el cartel del año pasado con el de 2017. Bajaron un poco el nivel con la nueva Ley del suelo de Clavijo, en lo que resultó ser solo un paso atrás para coger impulso. Y es que Mamelucos tiró de populismo para recordar las frases más identificativas de muchas de las murgas con más tirón y que "se parten el alma aquí encima". Un guiño para celebrar el centenario de este colectivo y que terminó de poner a sus pies al Recinto en un nuevo final frenético. Mamelucos, al menos en fase, mantiene la impronta de 2016.

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