20 de enero de 2017
20.01.2017
Perfiles murgueros

"Sería sano que disfrutásemos todos un poco más y fuésemos menos talibanes"

Carlos Estévanez no se considera "un murguero mediático" ni tampoco quiere serlo

20.01.2017 | 01:06
"Sería sano que disfrutásemos todos un poco más y fuésemos menos talibanes"

No se considera "un murguero mediático" ni tampoco quiere serlo. La discreción rige sus pasos pero su fichaje por la Ni Pico -uno de los grupos con más solera del Carnaval de Santa Cruz- fue una noticia de marca mayor en 2014 tras su largo periplo en Los Trabas, donde vivió y disfrutó 16 ediciones del concurso. Cualquier murguero firmaría bajo sus reflexiones. Según dice Carlos Estévanez, a todos les iría mejor "si disfrutasen más y viviesen el concurso con menos talibanismo". Eso sí, no renuncia a la competencia ni a superarse febrero a febrero. "Trabajamos muchísimo", subraya.

Estévanez, que nunca halló el impulso para inscribirse en una infantil, vive la fiesta con pasión "desde pequeñito". Fue con 20 años cuando inició su periplo murguero, que halla un antes y un después con su sonado fichaje por la Ni Pico. "¿Lo que significó para mí? Pues la oportunidad de vivir una grandísima experiencia. Aquí me han tratado genial desde el momento en que llegué, si bien en Trabas también aprendí muchísimo", apunta. Su tándem con Óscar Gómez, del que habla maravillas, ha puesto al grupo de El Toscal otra vez en órbita. "Él ha sido clave y conocerle es de lo mejorcito que me ha pasado en este mundillo. Te aporta muchísimo y tiene la virtud de que saca lo mejor de los demás. Para mí es un referente por sus cualidades como persona y por sus ideas artísticas", señala Estévanez, cuyo ímpetu y tablas sobre el escenario también han sido cruciales para el salto cualitativo que ha dado la Ni Pico. Él, sin embargo, prefiere quitarse importancia. "Las cosas pasan porque tienen que pasar. Nos tocó a nosotros estar en ese momento donde superamos el bache que atravesaba la murga. Tuvimos la fortuna de ser los elegidos, pero no quiero decir que seamos mejores que los que estaban antes", esgrime desde la modestia.

El batuta de la Ni Pico se siente cómodo en un proyecto que han concebido entre todos. Y eso, se nota. "Creo que hemos ajustado un estilo donde nos vemos bien. Ahora, la gente espera que mantengamos el nivel. Una vez que cumples expectativas, te piden más. Cuando van las cosas bien, todo son elogios; y cuando van mal, lo contrario. Pero con los años te das cuenta de que hay que relativizarlo todo. Nos iría mucho mejor sin menos talibanismo, si disfrutásemos más", opina.

Su propuesta es ésta, resumida en unas pocas palabras: "ser una murga simpática, cantar letras hechas desde la ironía y la sátira, buscar un humor basado en la letra y caracterizar lo cotidiano". Sin desvelar sus cartas para este año, donde aspira a repetir presencia en la final, asegura que han trabajado muchísimo. "Con el objetivo de superarnos a nosotros mismos", puntualiza.

Con referentes en otros grupos como Javi Nóbrega (Bambones), Víctor Asensio (Diablos) o José Antonio el Flaco (Ni Fú Ni Fá), su propósito personal es crecer todos los días y en todos los ámbitos. "Coges cosas de unos y de otros. La mañana que me levante y no tenga nada que aprender, lo dejo", recalca. Su forma de ser es un ejemplo. En un gremio repleto de tensiones, controversia, mensajes cifrados y piques muchas veces desmedidos, Estévanez ofrece mesura. Y compromiso. "A veces es complicado compaginar la murga con todo, pero sarna con gusto no pica".

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