Los Cristianos

Una fiesta entre cholas y lentejuelas

Los Cristianos celebra su coso para disfrute de unas 25.000 personas, la mayor parte de ellas turistas

14.03.2016 | 11:28
Una fiesta entre cholas y lentejuelas
El color y la diversión inundaron ayer por la tarde Los Cristianos.

Con las cholas, las gafas de sol y aún con arena y sal en el cuerpo. Así es como miles de turistas, y algunos canarios, disfrutaron ayer del coso de Los Cristianos. Una cita que se ha convertido ya en histórica para el Carnaval, que casi casi despide las fiestas en la Isla. Cerca de 25.000 personas disfrutaron del desfile, según los cálculos de la organización, que reunió en torno a su homenaje a La Habana Vieja a 60 grupos con unos 5.000 componentes.

Comparsas, reinas, murgas y noveleros en general formaron parte del recorrido. El color inundó así la principal vía del pueblo costero mientras a ambos lados de la carretera miles de extranjeros comprobaron de primera mano que viajar a Tenerife en invierno no es solamente disfrutar del sol y la playa.

Es más, fueron los primeros en ir ocupando sus sitios para asistir al Coso, con sus sillas bien preparadas para no perder detalle sin que las piernas notasen la fatiga, alguna sombrilla por si el sol castigaba más de la cuenta y hasta algunos de ellos se atrevieron a sacar una mesita donde apoyar el refrigerio. Lo que no se dejó atrás ninguno de ellos fue la cámara de fotos a sabiendas de que iba a presenciar un espectáculo al que no están nada acostumbrados. Tal es su falta de práctica que, ansiosos de no disfrutar lo más posible del Carnaval, tuvieron que ser controlados de manera reiterada por el personal de Protección Civil.

El desfile arrancó con un sonido inconfundible para los chicharreros y que animó aún más al turistas: Una batucada. Los responsables eran los componentes de la comparsa Ritmo Sureño, cuyo paso sirvió para dar salida a la fiesta. Tras ellos, grupos del Sur de la Isla y de otros participantes en el Carnaval de la capital tinerfeña, entre los que destacan los ganadores de diferentes concursos. Cariocas (interpretación en comparsas), los chicos y las chicas de la sonrisa permanente de Joroperos (Ritmo y Armonía) o Mamelucos (ganadores del concurso de murgas de Santa Cruz de Tenerife), entre otros, se desplazaron hasta el municipio de Arona para prestar un poco de su Carnaval.

Las miradas de asombro sin embargo iban más bien a parar a las reinas, tanto de la categoría infantil como adulta, y sus cortes de honor. Como suele ser habitual la primera en pasar fue Vianney García, flamante reina adulta del Carnaval Internacional de Arona con la fantasía Con el diablo en el cuerpo. El responsable del diseño era Daniel Pagés, que este año ha vencido en las galas de Santa Cruz de Tenerife, Candelaria y Los Cristianos. Eso sí, a la joven desde la distancia apenas se le veía mucho más que el tocado ya que la carroza iba tirada de un camión demasiado alto.

Junto a Vianney García iba Nayara Plasencia reina infantil del municipio que lució el diseño Mirror mirror, ¿quién es la más bella del reino?, de Víctor Mesa y que regalaba una sonrisa encantadora a todo aquel que le saludaba. El mismo formato de joven y niña se repitió con las damas de honor de la Reina adulta e infantil a lo largo del recorrido.

Noveleros

Como en todas las fiestas de Carnaval de la Isla, hay un añadido en todo aquello que se sale de la organización. Más allá de grupos, son los noveleros, los espontáneos, los carnavaleros, los que sorprenden de verdad con su ingenio, su creatividad y su sentido del humor. Entre ellos, los ganadores de los premios en el concurso de disfraces: Los Lobos Canarios, en grupos y que además sorprendieron con sus aullidos; o la Leydi Dulzona en Arona, en la categoría de adulto.

Sin premio del que presumir desfilaron también un animado grupo masculino de princesas de las películas de Disney; las niñas de San Ildefonso con décimos de la Lotería incluidos o un montón de mascaritas recién salidas de la ducha. Hasta Francisco se dejó caer por Los Cristianos a bordo de su papamóvil y bendiciendo a todo aquel se encontraba a su paso.

Disfraces también había en medio del público, sobre todo entre los más pequeños que vistieron de bailarinas, de piratas, de vaqueros y hasta de Súper Mario Bross. Entre los adultos, algún antifaz ?y unos cuantos gorros de fantasía era todo el color que salpicaba al público. Al menos a los espectadores les sobraba sentido del humor. Ya se les acercara un alemán enfundando una pistola o un guardia civil de dudoso género para darle un beso, el resultado era siempre el mismo: Una sonora carcajada y una foto más para guardar entre los recuerdos del viaje.

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