Dosis de contención emocional

Las cuatro psicólogas que atienden sin cobrar a familiares y amigos de los pacientes del Hospital del Carnaval admiten que su trabajo no es nada fácil, aunque "engancha mucho"

15.02.2016 | 15:15
Dosis de contención emocional

"A mi amigo lo trajeron aquí en una ambulancia. Se encontraba mal. Solo quería saber cómo está". Esta es una de las frases que más se escuchan durante las largas noches del Hospital del Carnaval de Santa Cruz, situado en la Plaza General Gutiérrez Mellado, junto a la sede de la Presidencia del Gobierno de Canarias. Al otro lado de esta conversación, una integrante de la Unidad Psicosocial (Unips) de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil capitalina inicia una batería de preguntas concretas para ubicar al paciente. Son cuatro las psicólogas que prestan servicio de manera voluntaria en el Hospital del Carnaval, Virginia, Pili, Cristina y Trini. Además reciben el apoyo de otra voluntaria, Esther, que colabora como una más del equipo. Algún día les ayuda también Erick, otro voluntario. Por quinto año consecutivo se ha ofrecido este servicio a los familiares y amigos de quienes han sufrido algún percance durante la fiesta chicharrera o han consumido en exceso bebidas alcohólicas.

El trabajo de las psicólogas del Hospital del Carnaval no es precisamente fácil. Deben cada noche de la fiesta en la calle conjugar el nerviosismo de los acompañantes y familiares y sus deseos de saber con el respeto a los procedimientos sanitarios y la legislación sobre protección de datos. "Lo más importante es saber qué no se puede decir. Por ejemplo nunca podemos comentarle a alguien si su amigo o familiar ya está recuperado. Insistimos en mensajes como que está en buenas manos, les explicamos cómo es el procedimiento que se sigue y los tranquilizamos. Eso sí, en cuanto se le va a dar el alta se lo comunicamos", explica Virginia.

"Aquí se aprende mucho. Además, al terminar la noche te vas a casa con la sensación de haber hecho algo que vale la pena", comenta Trini, una psicóloga natural de Gran Canaria. Este es su segundo Carnaval en la Unips. Reconoce que tenía una idea muy distinta de cómo funcionaba el dispositivo de seguridad y emergencias del Carnaval chicharrero. "Pensaba que todo era más caótico. Una vez dentro te das cuenta de que detrás de todo este operativo hay mucha organización, profesionales y voluntarios que hacen un trabajo que muchos ciudadanos desconocen", apunta esta joven de 25 años.

Cristina, también psicóloga con habilitación sanitaria y grancanaria, destaca que "somos la cara, la ventana que el público ve del dispositivo". "Gestionamos la relación con las personas que vienen a la sala de espera del Hospital de Carnaval y nos coordinamos con la central de datos de Cruz Roja que controla la atención de los pacientes", añade. Reconoce que con las habilidades y conocimientos de los que disponen gracias a su formación, "tratamos de tranquilizar a los familiares y amigos, hacerles ver que a veces la recuperación de una persona que ha bebido demasiado, por ejemplo, puede tardar un par de horas".

Dice que una de las cuestiones que pocas personas entienden se refiere a la imposibilidad de acceder al interior del Hospital del Carnaval. "A quienes insisten en pasar les explicamos que no estamos en un hospital al uso, no hay habitaciones, los pacientes comparten espacio de atención. Ni a los padres podemos dejarles entrar hasta que el menor está recuperado y se le va a dar el alta", explica esta psicóloga.
"Al final nuestra labor todas las noches del Carnaval, entre las 23:00 y las 08:00 horas, se podría resumir en la aplicación de enormes dosis de contención emocional, incluso descubrimos habilidades para dar la mejor respuesta a cada persona. Algunos vienen nerviosos, otros preocupados, más de uno bajo los efectos del alcohol, pero creo que logramos tranquilizarlos y que comprendan la situación", declara Pili, una de las pioneras de este servicio. Para esta psicóloga, con más de 15 años de experiencia, "nuestra herramienta es el diálogo, el tono adecuado para cada persona, no hacemos terapia, somos psicólogos de emergencias", puntualiza.

Aunque no perciben compensación económica por esta labor, aseguran que se sienten "más que pagadas" con la experiencia y con el trabajo que realizan codo con codo con sanitarios, policías y el resto de los voluntarios. Una parte del equipo de la Unips durante estos carnavales es Esther, una voluntaria que ha descubierto el trabajo de la unidad de psicología. "No sabía a qué se dedicaban las compañeras, y la verdad es que tienen una forma de tratar a la gente, una paciencia y organización de la que se aprende mucho". El trabajo psicosocial que desarrollan supone que, armadas con un bolígrafo y una libreta, enlazan los datos de los ingresos en el Hospital con los familiares o amigos que esperan a los atendidos.

Una consigna que tienen muy clara es que a todo el mundo que aguarda en la sala de espera del Hospital del Carnaval se le trata por igual. "Los ciudadanos en general no son conscientes del trabajo que se hace aquí, tenemos asumido que así debe ser, pero nosotras creemos que no estaría mal organizar algún año visitas de jóvenes al Hospital del Carnaval en pleno funcionamiento, hay que tener claro que cuanta más información tengan mejor y si es de primera mano mucho más útil", señala Pili.

Casi todas ellas reconocen, en mayor o menor grado, ser "muy carnavaleras". "Disfrutábamos de la fiesta como cualquiera hasta el amanecer, lo que ocurre es que ahora estamos a este lado del Carnaval y también nos encanta", manifiesta Virginia, una gallega afincada hace más de dos décadas en el Archipiélago.

Cachondeo

"La gente que acude aquí, en general, viene con muy buen tono, simpatía e incluso algo del cachondeo. Así, con humor y diálogo, logramos que todo salga bien y la espera no sea muy aburrida", explica la psicóloga Pili. Cierto es que al final de la noche recorren varios kilómetros dentro del Hospital del Carnaval para verificar datos, informaciones, entradas y altas. "Esta labor o no te gusta o te engancha. Nosotras estamos, lógicamente, en el segundo supuesto", dice Virginia.

La edil de Seguridad Ciudadana, Zaida González, destaca que "tenemos que estar muy agradecidos a todo el personal que trabaja en el dispositivo de emergencia de nuestro Carnaval, pero en especial a un buen número de ellos que, como este equipo, lo hace de manera voluntaria". "Han logrado regularizar la atención al público en el Hospital del Carnaval", añade.

El embrión de la Unips ha ido creciendo, pero fue tras el trabajo realizado durante varias jornadas hace algunos meses debido a la desaparición de un vecino de Afur, que desgraciadamente apareció fallecido, cuando esta unidad ha madurado. Ahora, como voluntarias participan en atender a familiares en desapariciones, recientemente a los inquilinos de un edificio que tuvieron que ser desalojados por un incendio, en los grandes eventos y conciertos de la ciudad. "Somos psicólogos de emergencias, tenemos más presencia en la calle, hacemos una atención durante la emergencia y otra después, realizamos gestión de conflictos y ayudamos a nuestros compañeros cuando intervienen. "l apoyo psicosocial se está revelando fundamental también desde la agrupación de voluntarios de Protección Civil de Santa Cruz", concluye Virginia.

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