Cantina ilegal

Hipoteca disfrazada

12.02.2016 | 02:00

P ues anoche hice lo que les dije: Pegué un zafarrancho de limpieza a mi cantina, que buena falta que tenía, cerré tempranito y me fui a casa a descansar, no sin antes pasarme por uno de esos kioscos que vienen de la Península a mandarme un pinchito y una caña porque yo soy de esos que opinan que un carnaval, sin un buen pinchito, no es Carnaval. Me paré en el mesón que está instalado en la Plaza de la Candelaria y mirando la lista de precios, me quedé un poco absorto nadando entre la sorpresa y la incredulidad.

Reconozco que ese tipo de instalaciones deben pagar una buena pasta a Fiestas para poder instalarse allí pero igualmente reconozco que sus precios dan un poco de escalofrío y es que, pagar por un pinchito con tres trozos de carne y una caña cinco euros, con los tiempos que corren, está al alcance de pocos carnavaleros. Ni qué decir tiene si te pides un plato de calamares o paella y repites caña€ medio sueldo se va volando. Algo similar ocurre en la feria donde pagas una media de tres euros por atracciones que, cuando hay mucha afluencia de gente, no llegan a durar tres minutos, casi que a euro el minuto, y esto es mucha pasta. Un padre de familia que tenga dos o tres hijos y que decida pasar una tarde en la Feria del Carnaval, entre las subidas a las atracciones y el algodón de azúcar o la golosina de rigor, ya puede pedir una ampliación de la hipoteca o, como mínimo, de la tarjeta de crédito. Y ese es, tristemente, el denominador común en los puestos de Carnaval, sean kioscos, churrerías, perritos calientes o venta de mojitos y similares.

Menos mal que siempre quedará el recurso de los chinos porque, si a esto le añadimos que los disfraces y accesorios de carnaval también cuestan un pico, llegamos a entender perfectamente que haya padres de familia que le tengan más miedo al mes de febrero que a una película del exorcista. De seguir esto así, no sería de extrañar que los bancos y entidades de crédito, que tan rápido responden a las "necesidades de la clientela", acaben algún día por ofrecer a sus clientes un nuevo producto que bien se podría llamar: la hipoteca disfrazada.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine