Miles de Indianos invaden la ciudad

El cónsul general de Cuba en el Archipiélago da la nacionalidad cubana a Víctor Molina por encarnar durante más de 20 años al personaje de la Negra Tomasa

09.02.2016 | 01:53
Un momento de la fiesta de Los Indianos, celebrada ayer en Santa Cruz de La Palma.
Miles de Indianos invaden la ciudad

Miles de personas abarrotaron ayer las calles de la capital palmera para recibir a la Negra Tomasa, personaje emblemático de la fiesta de Los Indianos y que marca el comienzo de este tradicional evento que parodia el retorno de los emigrantes que a principios del siglo XX llegaban enriquecidos desde América.

Los sones y ritmos cubanos, trajes de lino, el ron de caña y el tabaco, y por supuesto el polvo de talco, contribuyen al cambio de fisonomía de la ciudad de Santa Cruz de La Palma para convertirla en un trasunto de La Habana. Durante todo el día, la fiesta tiene tres puntos neurálgicos: la Plaza de la Alameda, el Puerto capitalino y, sobre todo, la Plaza de España, rebautizada en este día, como Plaza de La Habana.

Desde por la mañana, las orquestas y grupos de música cubana comenzaron a poner por todos los rincones de la ciudad el sonido de este día. A las 10:30 horas comenzaba la actividad en la Plaza de España, con la participación de los actores Antonio Abdo y Pilar Rey, creadores de La Espera, una primera parodia que dio lugar posteriormente a la Fiesta de Los Indianos.

El personaje más popular de Los Indianos, la Negra Tomasa, entrañable personaje encarnado por Víctor Díaz Molina, Sosó, tras arribar al Puerto en una embarcación en la que también llegaron sus familiares y séquito, hizo su presencia pública en la Plaza de España, dando así comienzo de manera oficial a la gran celebración de Los Indianos.

En esta edición, el cónsul general de Cuba en el Archipiélago, Ulises Barquín, tras descubrir la placa que rebautiza por un día a la Plaza de España como Plaza de La Habana, dio la nacionalidad cubana a Víctor Díaz Molina, Sosó, por sus más de 20 años acercando La Palma y Cuba con este entrañable personaje carnavalesco. De ahí en adelante, todo fue fiesta. Por la tarde tuvo lugar la batalla de polvos talco, donde el Ayuntamiento repartió más de 5.000 botes, para rememorar así un suceso histórico acaecido en la ciudad cuando un carguero arribaba al Puerto con una partida de harina en mal estado, que fue lanzada a todos los transeúntes.

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