Desde la tele

Una Gala con sentido

El formato y la agilidad de la obra de Enrique Camacho convencen al espectador

05.02.2016 | 11:41

Hace años que la Gala de la Reina -como la final de la Superbowl o los Oscar de Hollywood- ya no solo se ve sino que además se comenta, critica y tuitea. El juicio sumarísimo se hace en 140 caracteres, a veces de forma apresurada pero siempre de manera categórica. No hay veredicto hasta que la red del pajarito levanta el pulgar hacia arriba? o hacia abajo. Y en este caso por mayoría ganó el sí. La Gala gustó. Agradaron el formato, los presentadores y hasta la duración. Hartos como estábamos de bodrios inacabables, se agradece que Camacho dejara el asunto en 2 horas y 39 minutos.

Convenimos todos en que la historia de la Gala vive un antes y un después a partir de Amargo. El excéntrico personaje se salió tanto de la ortodoxia que luego todos quisimos abrazar el estilo más convencional, de ahí que a continuación se aplaudiera a rabiar el regreso a los orígenes con directores posteriores. Ahora bien, si a Camacho se recurre es porque hacía falta -y además era imprescindible- una vuelta de tuerca en este momento. ¿La hubo? La respuesta es sí. Se vio algo diferente, dinámico, carnavalero. Calificativos justos, además indispensables para que la Gala superara el filtro de sus siempre exigentes telespectadores.

La ceremonia de elección de la Reina, acto central de los Carnavales pero no el más multitudinario ni el que genera mayor expectación, sufre en cualquier caso las consecuencias de un debate que amenaza con eternizarse en el tiempo. No se sabe bien si su propósito último es fomentar la promoción exterior de la fiesta o si, en realidad, lo que cuenta es hacer de la Gala un producto para el regocijo y consumo local. Hace años ya que los informativos de las cadenas nacionales no aparecen por Santa Cruz ni hay presupuesto para muchas alharacas. Así que, puestos a hablar desde la franqueza, más vale este miércoles para lo segundo (divertir al personal) que para lo primero (atraer turistas). De ahí que la apuesta conservadora pero acertada del director obtuviera la aprobación de la mayoría.

Gustó la obertura, asunto capital y para el cual se inspiró Camacho en lo mejorcito de la factoría Azpilicueta, que para algo fue su maestro. Si gustó fue porque resultó ágil, estuvo el escenario casi siempre lleno y, lo más importante, hubo continuas referencias a acontecimientos, películas y motivos que todos conocemos. Además, conectó el tema central de los Carnavales de este año con argumentos locales y personajes propios del paisaje local (El Flaco haciendo de súper tacañona, por ejemplo).

Otro acierto fue la presencia del siempre excelente Alexis Hernández entre los presentadores. Nadie más preparado ni adecuado que él para introducir -a lugareños y foráneos- cada detalle de la Fiesta que mejor conoce. Jadel no desentonó y le puso a su trabajo todo el entusiasmo que le faltó a Llum. La culpa es de quien la puso ahí y no de la mallorquina, que para colmo se declaró "no carnavalera". Seguro que María Doménech, Laura Afonso o Puchi Méndez lo habrían hecho un rato mejor. Puestos a mejorar, para años sucesivos tal vez haga falta afinar la puntería también para componer un jurado más mediático y que dé mayor realce a la Gala; elidir actuaciones metidas con calzador como la del cantante brasileño y programar mejor los cortes publicitarios.

¿Lo mejor? Que la Gala apelara a la emoción con Celia Cruz, que tuviese gotas de humor con Masi y Primi, que no perdiese el ritmo con Jadel y las comparsas, que fuese Carnaval. Y que las protagonistas fuesen la Reina y su corte de honor.

Una vez acabada, la obra de Camacho deparó críticas y también elogios. Pero antes de emitirlos tal vez conviniera definir qué queremos que sea la Gala. Si una tarjeta de presentación, si tan solo un aviso luminoso de que el viernes se sale, si es simplemente un miércoles para pasar un buen rato o si una noche para despellejarlo todo. Si es solo esto último, el objetivo quedó cumplido y Twitter echó humo (sobre todo cuando Llum llamó "aborígenes" a los del público). Eso sí, fueron mayoría los aplausos porque la Gala tuvo sentido. No enamoró, pero convenció. El esfuerzo de varios meses obtuvo recompensa en el sí mayoritario al formato y al buen gusto. Así que felicidades. Y a la calle, que es Carnaval.

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