Cantina ilegal

Los enteraditos

04.02.2016 | 11:42

Pues no puedo decir si la Gala me gustó o no me gustó; y no es porque esté cabreado ni mucho menos, lo digo porque fue tanta la gente que vino a verla en mi cantina que no me dejaron ni un solo segundo para fijarme en la tele y escuchar a los Mamels, o ver bailar a Cariocas. Apenas pude ver los colores de las plumas de alguna candidata en las pocas veces que, sirviendo vino o garbanzas, pude poner mis ojos en la tele.

Y por eso no puedo opinar; por eso no puedo dar la razón a toda esa legión de enterados que a partir de hoy analizarán todos y cada uno de los detalles de la Gala de anoche. Mañana viernes, el Carnaval saldrá a la calle y todo el mundo ya respirará tranquilo porque, habiendo terminado ya casi todos los concursos, toca el momento de opinar y, como opinar es gratis, muchos largan por esa boquita lo que no está escrito. Teóricos letristas que nunca han hecho una letra, supuestos diseñadores que lo más que han visto parecido a un diseño de carnaval es una escupidera, aparentes directores musicales que se piensan que toda partitura nace de un si bemol sostenido... Todos tienen su momento a partir de la noche del viernes cuando empezarán a analizar concienzudamente los repertorios de las murgas, los bailes de las comparsas, los disfraces de las agrupaciones y hasta el acierto, o no, en la dirección de Enrique Camacho al frente de la Gala. En eso el Carnaval se parece mucho al fútbol: igual que los equipos se ven apuradísimos para contratar a un entrenador mientras en la grada hay miles de ellos, en el Carnaval pasa lo mismo, los concursos tienen en sus gradas a centenares de especialistas cualificados, o entendidos, que si ellos estuvieran sobre el escenario, la actuación de tal o cual grupo hubiera mejorado ostensiblemente.

A veces me da pena observar en mi cantina a la víctima del entendido, tratando de mandarse las garbanzas de mi madre, y el vinito de la Matanza, con los decibelios en la oreja provocados por el palique exultante del que tanto sabe de todo. Ya mañana explota en la calle Don Carnal mientras yo estaré aquí, en mi humilde cantina, esperando la llegada de los enteraditos.

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