María Cañadas: "Tenía que comerme el escenario"

La nueva Reina de los Mayores desfiló pensando en ganar

29.01.2016 | 10:39
María Cañadas, Reina de los Mayores, y su diseñador y hermano, Miguel Cañadas.

Energía, positividad y ganas de pasarlo bien. A María Cañadas no le hace falta mucho más. "Los problemas los tienen otros, para qué estar mal si todo lo que me rodea es bueno", expone con una gran sonrisa. El jueves se proclamó Reina de los Mayores del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, un premio por el que luchó desde el momento en el que se abrieron las puertas para desfilar ante las 4.000 personas que se encontraban en el Recinto Ferial. "El trabajo ya estaba hecho, yo solo tenía que disfrutarlo y comerme el escenario". Y así lo hizo.

María es sincera. Sabía que tenía oportunidades, al menos tantas como el resto. "Allí estábamos todas, mirándonos unas a otras, con los trajes tan bonitos que había; cualquiera podría haber sido la reina", afirmó. "Pero yo sabía que para poder ganar tenía que creérmelo: tenía el mejor traje, al menos para mí, y al mejor equipo detrás", sentenció. Salió a comerse el escenario y, al notar como el público respondía, asegura que se vino arriba. Al abrirse las puertas se olvidó de todo lo que le habían dicho: que si tenía que mover los brazos y no parar de sonreír, que lo importante era bailar, que si mirar al jurado. Nada. Ese mismo escenario se presentó ante ella y disfrutó, sin más. "Creo que esa fue la clave, porque está claro que lo demás lo tenía", remarcó. Al final, entre bromas, resume que lo está viviendo como si fuera un parto. "El premio es mi bebé, que ha llegado después de mucho trabajo y esfuerzo; no importaba nada, lo importante era tenerlo al final, que todo saliera bien, y así fue", aclara.

Ese mismo equipo que la ha asesorado es el que le ha dado la fuerza y motivos necesarios para no decaer nunca. Su hermano pequeño es el diseñador de su fantasía, Dos gardenias. Miguel Cañadas llevaba muchos años dedicándose al mundo del Carnaval y al estilismo. Desde el año pasado, en verano, decidió presentar candidatas. "Llegó, me dijo que diseñaría un traje y me alegré muchísimo por él; de repente me dijo que también me alegrara por mí, porque presentaba reina adulta pero también para la tercera edad". Con su hermana la apuesta era segura y, además, durante este tiempo la idea ha girado en torno a ella. En su opinión, el traje tienen mucho que ver con ella, con mucho blanco pero tampoco con color, con vida. "Era un traje ganador", presume.

Su familia, como no podía ser de otra manera, la está apoyando en todo. No solo el equipo está formado por su hermano como diseñador. Su hija fue la encargada de maquillar. "Reconozco que gracias a que estuvieron ellos todo fue mucho mejor, como más perfecto", subraya. Además, no se puede olvidar de sus patrocinadores, la Asociación de la Tercera Edad Corazón de Jesús, de García Escámez, y Velázquez Peluqueros. "Sin ellos hubiera sido imposible estar aquí hoy y con esta alegría tan grande", matiza.

La experiencia, de momento, está resultando maravillosa para ella. Agradece al Ayuntamiento de Santa Cruz y a todo el personal de Fiestas el trato que ha recibido. "Son todos muy amables y nos hicieron sentir como auténticas reinas desde el primer momento, siempre muy pendientes de nosotras", añadió. Si a alguien le tiene que dedicar su premio es a su hermano. "Se lo merece más que nadie", añade.
Quizás, para ella, el momento más "mágico" fue en el que escuchó que ella era la Reina. Se divirtió desfilando durante los tres cortos minutos que duró su presencia ante el jurado y el público. Pero esos minutos, los que duró la coronación, sí que se le pasaron muy despacio. Cuando empezaron a nombrar a las damas de honor se fue poniendo nerviosa pero justo en el instante en el que dijeron que ella era la Reina hasta dudó de si estaba escuchando lo que realmente oyó. "Me costó llegar hasta el centro del escenario, donde nos habían dicho que nos teníamos que poner para recibir el cetro, con el alcalde", dice. Parte de sus amigos y familia que se encontraba entre el público le comentó al felicitarla después que la vieron resoplar y hasta se asustaron. Nada más lejos. María se sintió feliz, contenta de cumplir con su objetivo y darle a su hermano el título.

La calle

Ahora llega el tiempo de disfrutar de los actos en la calle, lo que es para esta mujer lo más importante del Carnaval. Tiene muchas ganas de disfrutar de la Cabalgata y del Coso. "Ahí es donde se demuestra si tu traje es bonito o no, si gusta o no, porque el público que te está viendo lo deja muy claro con su cara, con su expresión y las muestras de cariño que te dan", asumió.

Ese cariño no será nuevo para María. Hace años formó parte de la comparsa Rumberos, una etapa que recuerda como perfecta. Disfrutó del Carnaval, de los concursos y del cariño del público, algo que buscará este año también. Nunca soñó con ser Reina del Carnaval, aunque sabía que esa posibilidad existía. De hecho, cuando tenía tan solo 18 años (ahora tiene 63), Enrique González, fundador de la Ni Fú-Ni Fá, le propuso representar a su murga en el certamen de Reina. "Yo me puse muy nerviosa cuando se acercó a la tienda de fotografía donde yo trabajaba y me lo dijo", recuerda.

En ese tiempo, asume, tenía toda la vergüenza de la que carece ahora. Le dijo que sus padre no le dejaban, algo que no era cierto porque ni se lo preguntó. "¿Dónde iba yo, tan cría, una niña nada más, a presentarme a eso?", valora. Siempre se le quedó eso en el recuerdo como algo que podría haber sido y nunca llegó y, aunque no lo tenía en su memoria como una espinita clavada a fuego, sí que conserva la proposición como un aliciente que ahora, este año, rememora más que nunca.

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