Liturgia de una final

La Opinión de Tenerife acompaña a Zeta Zetas desde primera hora de la mañana hasta que se bajaron de cantar

26.01.2016 | 10:08
Zeta Zetas durante su actuación en la final de murgas del carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2016

El día más especial del año empezó para los componentes de Zeta Zetas con dificultades para conciliar el sueño y con todavía más problemas para concentrarse en cualquier otro asunto que no fuera la final. Su actuación –en segundo lugar, tras Mamelucos– y el propósito de gustar era lo único que tenían entre ceja y ceja desde que amanecieron, tan ilusionados como estresados, tras la noche del último ensayo. Javi Lemus reunió a su tropa en el local del Mercado de La Salud en la víspera de su interpretación de ayer. Como el resto de murgas, sus componentes recibieron entonces la última consigna ("que disfruten", les dijo su jefe), pulieron los detalles de sus dos temas y hasta tuvieron margen para ajustar parte del montaje espectacular que acompañaría cada una de sus canciones.

La mañana es frenética pero también lo es la noche antes. Como los niños que esperan a los Reyes Magos, los integrantes del grupo prepararon su actuación como quien se ocupa de un asunto capital. Para ellos, lo es. Llegado el día se cumple –de forma milimétrica– la liturgia de todas las grandes noches y las costumbres, las manías y los hábitos de siempre.

La noche antes. Uno de los componentes se afana en pulir los detalles del montaje visual que aparecerá en el escenario. Son las tantas de la madrugada y aún no se han ido a casa.

Con ayuda

Desde un instituto de Granadilla vinieron las chicas que se ocuparían de maquillarles para que el disfraz luciera a la perfección. "La colaboración de Laura y Elena ha sido absoluta", cuenta José Daniel, murguero que cumple su segundo año en la formación. "Y sería pecado olvidarnos de la gente de Burlonas o Tras con Tras, que han estado con nosotros siempre", completa. El caso es que la cercanía y complicidad con estos otros grupos (ya apeados de la final) convierte a sus integrantes en aficionados acérrimos de la murga de Lemus.

Un trabajo ímprobo. Las maquilladoras vienen desde el instituto de Granadilla. "Es uno de los momentos más especiales", confiesan los componentes. El de pintarse la cara de blanco y hacerlo con tanto cariño como si les fuese la vida en ello.

La jornada fue vertiginosa. Pero también de mucha camaradería. Muchos de los componentes optaron por reunirse a almorzar juntos y compartir entonces sensaciones, inquietudes... y quinielas. Por estas fechas se hace habituales que todas las murgas sepan bien qué llevan a concurso las otras. Y se discute, se debate y se comenta todo.


Almuerzo para hacer piña. Los componentes sin compromisos laborales o académicos quedan para comer antes del concurso. Nervios a flor de piel, debate sobre la final y los nervios, que ya empiezan a aparece



Cosquilleo

Son las tres y el cosquilleo en el estómago ya se percibe. "Anoche acabamos hasta las tantas, pero hoy estamos con unas fuerzas enormes", relatan los murgueros conforme se acerca el viaje al escenario. Nada más ver el Recinto desde la guagua vuelven a aparecer los nervios. Con la adrenalina por las nubes, aún hay margen para calentar las voces, oír de nuevo al director y prepararse para cantar. La suerte está echada.
Al final, la felicidad es completa porque el trabajo de varios meses encuentra recompensa en el aplauso de la grada. Aparecen los micrófonos de televisión y radio. La emoción de haber actuado ante un Recinto hasta los topes es "inigualable". "Una experiencia única, algo como para repetir y repetir y repetir". Lo pasarán en grande en las actuaciones, el día de subir a las tablas de la Plaza de la Candelaria, en los centros comerciales y sobre todo por las noches. Pero lo de ayer fue, para ellos, el momento cumbre.

"El día por el que nos hemos dejado tantas horas que perdimos la cuenta", que así lo definen. Su esfuerzo, titánico, valió la pena.


En el Recinto. La llegada al escenario es otro instante "especialísimo", explica el presidente, Adrián Fuentes. El tobogán de sensaciones es vertiginoso hasta que a las dos de la madrugada se lee el fallo del jurado.

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