Opinión

La final de Mamelucos (y explico por qué)

26.01.2016 | 10:08
Mamelucos durante la final del concurso de murgas adultas 2016

L a que anunciaron a bombo y platillo como la gran final del último decenio traicionó las expectativas y jugó con la impaciencia de la apasionada feligresía. La sensación de magua fue permanente. Parecía que lo mejor estaba por llegar pero el caso es que el concurso acabó y no hubo actuación alguna que cruzara para siempre el umbral la historia.

Bambones está tan habituada a la excelencia que no puede decir que fuera su mejor día. Las letras exprimidas al milímetro, las ideas bien pulidas, la coherencia y el trabajo se veían a la legua. Pero faltó el factor diferencial que elevara sus temas hasta llevarlos a su colección de oro. Así que no es ninguna falsedad que Bambones compite desde hace años contra las demás, pero también consigo misma. Las comparaciones con el pasado están a la orden del día. Y aparecen cada año.

Algo semejante puede decirse de Diablos. Los de Masi Carvajal partieron de una idea brillante (no del todo bien ejecutada) con Juan Luis Guerra como invitado estelar. Su punto de destino era otro show marca de la casa. Absolutamente trónico, con momentos disparatados y ese desorden ordenado al que apela el incombustible Víctor Asensio, su director musical, como la clave indiscutible sobre la que pivota todo en Diablos.

Si hablamos de Zeta Zetas vale el mismo argumento. Tampoco puede decirse que fuera su día más feliz porque los de Lemus hallaron mejor pálpito el miércoles. Son una genial factoría de talento, una inacabable fuente de ideas geniales y una murga grande, sí, con todas las letras. Pero se quedaron en el intento de explotar su artillería. Mamelucos, en cambio, sí ganó. Venció a sus miedos, a las dudas, a los debates sobre el estilo, al mal fario, a su racha de infortunios y a tantas otras zancadillas que su destino le ponía hasta ayer. Resulta que salió al escenario la murga de la Casa del Miedo y la sintonía con la grada fue instantánea. Les cuadró la actuación soñada, pareció su sonido música celestial y la emoción, de repente, les embargó por completo. Se lo merecían. No hablo de los cartones y sí de algo que de verdad importa. De recuperar la autoestima, salir rebosantes de felicidad, disfrutar al máximo de una final –en 2015 no lo hicieron– y confirmarse Xerach Casanova Cabrera como el director magnífico que es. Enhorabuena.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine