Historias de murgueros 

45 años y la ilusión del primer día

Manolo Peña, que se define como "mameluco y murguero", tiene tras de sí una de las trayectorias más longevas del concurso

19.01.2016 | 02:32
El murguero Manolo Peña

Manolo Peña tenía solo un año cuando consiguió su primer premio, el que distinguía su atuendo de Robin Hood como el mejor de todos en el concurso de disfraces del Círculo de Amistad. Alguien con sangre tan carnavalera solo podía salir murguero. De pura cepa. Su amor por la fiesta se lo contagió su abuelo materno, andaluz, de quien recuerda que se disfrazaba de cocodrilo. "Se hacía trajes muy simpáticos y se iba por los pueblos entonando sus críticas sobre los temas de la época", recuerda Peña, sin duda uno de los personajes más respetados y carismáticos del concurso.

Este año cumple nada menos que 45 como murguero. La primera vez fue en el 71, con Los Tontos del Bote. Solo cinco febreros más tarde se trajo a los Casi Nada para La Cruz del Señor y luego llegó su incorporación a la Ni Pico. "Entré el lunes y ya el viernes me nombraron director de la infantil", apunta con excelente precisión y una memoria envidiable. Casi toda su vida en la fiesta, sin embargo, es una historia de dedicación plena y sincera a Mamelucos, su murga y una de sus más grandes devociones.

"Sigo en la fiesta porque me apetece, ahora todavía más porque ya estoy prejubilado", cuenta Manolo, hombre respetado y querido por todos. Le contempla una trayectoria sin máculas, de absoluta pasión por la fiesta y de magnífica relación con los demás grupos. "No tengo enemigos, nunca en la vida los he tenido", subraya. "Yo no soy mucho de visitar otros locales pero sí da gusto sentirme cómodo y bien con los componentes de otras murgas. Me siento orgulloso por cómo me tratan, y no solo ellos, también los carnavaleros de otros concursos y hasta los periodistas que nos siguen", comenta.

Desde su privilegiada óptica de murguero veterano, curtido en mil Carnavales, explica que la fiesta chicharrera por antonomasia "ha experimentado una transformación importante, lo cual no quiere decir que sea mejor o peor que antes". "Pasa lo mismo en las Fallas de Valencia o los sanfermines, que también evolucionan", compara. Y en cuanto al concurso, apunta que el nivel ha crecido considerablemente. "Nada que ver las murgas de ahora con las de antes: los montajes, la forma de interpretar, las voces, las parodias... Tal vez sí hubo un par de años donde pareció que el nivel se estancaba, pero otra vez se ha tirado hacia delante", indica.

De sus 45 años como murguero no tiene dudas cuando se le pregunta por lo mejor. "La gente que he conocido y los grandísimos Carnavales que he disfrutado", enuncia. Lo peor, "la tristeza" por haberse tenido que separar de aquellos que se fueron. "Se nos marcharon Enrique González, Tom Carby, también algunos comparseros célebres y más recientemente el Cotena o Suspi", añora.

Peña, que se define como "mameluco y murguero", afronta con suma ilusión esta nueva edición del certamen y empuña una amplia dosis de ambición "para arrancar la espinita de 2015, donde la murga no estuvo a la altura en la final". Sueña con el podio aunque afirma que acercarse a los cartones es difícil. "Nuestro principal enemigo somos nosotros mismos", dice, siempre desde el respeto a los demás. Antes letrista y ahora uno de los indiscutibles referentes de la murga de la Casa del Miedo, destila Carnaval por los cuatro costados y ofrece historias de una riqueza impagable. Del 71 hasta ahora, de Los Tontos del Bote a Los Mamelucos, de niño a adulto con el entusiasmo intacto y la ilusión del primer día.

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