Cantina ilegal

Cerrada por tristeza

13.11.2015 | 12:00

Es la primera vez desde que regento esta cantina que debo cerrar la puerta, no por descanso, sino por ser hoy uno de los días más tristes que me ha tocado vivir. En la madrugada de ayer jueves, nuestro Carnaval sufrió una de esas heridas que cuestan cicatrizar. Uno de los GRANDES de nuestra Fiesta, El Suspi, nos dejó para siempre y subió al encuentro de otros personajes inolvidables de nuestras carnestolendas. Víctima de una cruel y veloz enfermedad, nos dejó para tocar a las puertas del cielo donde, con toda seguridad, habrá sido recibido ya por su amigo Cotena, por El Compinche y por El Maestro Enrique González, quienes le habrán puesto la alfombra roja de las grandes ocasiones para que entrase a ritmo de bombo, caja y platillo.

Pero no solo nuestro Carnaval sufrirá tan injusta ausencia; también mi cantina se queda huérfana de amistad, de ilusión, de amor por la fiesta. Me vienen a la mente tantas y tantas historias de carnaval, tantos buenos momentos, tantas reuniones hablando de proyectos que engrandecieran nuestra fiesta: una radio de Carnaval ya funcionando, una Aula de Cultura, un hermanamiento con Cádiz, una exposición filatélica que se quedó a las puertas, una Federación de Murgas que nació por su empeño, un libro, un cartel€ una lentejuela. Se nos quedó pendiente también esa entrega de carne a los comedores sociales que ya teníamos en marcha y que se hubiese sumado a tantos empeños solidarios que siempre tuvo. Día triste en el que me debato entre la rabia o la impotencia por su marcha y el agradecimiento a Dios por haberle conocido. Recuerdo, siendo gerente de Fiestas, las veces que tocó a la puerta de mi despacho a pedir por las murgas, por todas ellas, por un colectivo en cuya unión creyó hasta sus últimos días; y es que su vida era ser un Bambón€ o la murga que ustedes quisieran.

Asistir a Cádiz con él y disfrutar de una final en el Teatro Falla me sirvió para reafirmar la grandeza de quien se hacía querer allá donde fuera. Su imagen, su ilusión, su sonrisa y su amistad han dejado una huella imborrable en mi cantina. Es por eso que hoy he puesto en su puerta un cartel que dice: "Cerrada por tristeza?.

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