J. GUTIÉRREZ / V. GUERRA
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
El eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar Lamenta la forma en que Merkel y Sarkozy conducen Europa. Además, se pregunta por qué ningún juez ha sentado aún en el banquillo a los presuntos implicados en casos de corrupción en el Archipiélago.
–¿Corremos el riesgo de que la UE se convierta en la Europa de Alemania, Francia y el resto?
–Es lo que pretenden Merkel y Sarkozy, y como socialista europeo estoy en contra. Estamos sufriendo desde hace demasiado tiempo los dictados de un dúo germano francés que no escucha a la Comisión Europea y al Parlamento Europeo y ni siquiera a los demás estados miembros. Además, nos han impuesto un diagnóstico equivocado, una estrategia fallida y un recetario desastroso que han producido un estrago social sin precedentes a la UE.
–No hemos visto a Zapatero oponerse a estas tesis.
–Los socialistas europeos deploramos que los primeros ministros socialistas no hayan sido capaces de oponer una minoría de resistencia y hacer visible su mensaje alternativo. Los primeros ministros socialistas han sido sometidos a un estado de sitio desde el inicio de esta crisis precisamente por la imposición de los dictados germano-franceses en defensa de sus propios intereses nacionales. La gente tiene derecho a saber que cada vez que aumenta el diferencial del bono español con respecto del alemán, la traducción es que España debe consignar más presupuesto para pagar los intereses de su deduda y Alemania menos. O dicho de otra manera, España se empobrece mientras Alemania se enriquece.
–Algún socialista ha pedido más Europa. ¿Eso no significa también una unidad fiscal?
–Sin duda, pero Merkel entiende por unión fiscal lo que es exclusivamente la imposición de la política de contracción de presupuestos. Eso incluye al de la propia UE, que no tiene déficit público ni endeudamiento acumulado. Por tanto, es inaceptable que los presupuestos de la UE tengan que menguar porque estamos en crisis. Al contrario, porque estamos en crisis los presupuestos de la UE tienen que incrementarse y de forma muy expansiva.
–¿Qué efecto tiene esa obligación de recortar presupuestos?
–Impide el crecimiento, lo estrangula y destruye empleo masivamente. La crisis ha destruido 25 millones de puestos de trabajo en toda Europa y no vamos a salir de esto si no es a través de la financiación selectiva de estímulos a la inversión en proyectos medioambientales, de transportes, de comunicaciones y de innovación.
–¿Qué o quién determina los ataques a la deuda de los países?
–Es completamente falso que sea el excesivo endeudamiento público español el que determina los intereses que pagamos por financiarnos en los mercados. Es la indefensión de los estados miembros ante los mercados lo que determina esos intereses usurarios.
–¿Existen acciones concertadas de lo que llamamos mercados?
–Por supuesto que las hay, como las hay entre las agencias de calificación. A nadie le puede caber duda de que Alemania sirve a sus propios intereses. La gente tiene derecho a saber que Alemania se financia al 1% mientras Grecia e Italia lo hacen al 7%. Por eso Alemania está imponiendo estas restricciones e impide que el BCE acuda en defensa de los intereses de los países en dificultades.
–¿Es real el peligro de desaparición del euro?
–No debe suceder, porque una vez que adoptamos la moneda única, las consecuencias de dar marcha atrás serían económica y socialmente catastróficas. Hay quienes piensan que debemos salir del euro para regresar a las devaluaciones competitivas. Al decir eso se está ignorando que el euro en sí como moneda está sobrevalorado, con lo que podría practicarse una devaluación competitiva para impulsar las exportaciones en el conjunto de la zona euro, no solo en Alemania. Además se está ocultando que el desmantelamiento provocaría un pánico sin precedentes entre todos los que tenemos nuestros ahorros en cuentas corrientes que hundiría instantáneamente las economías de los países de la zona euro.
–¿Puede ocurrir que la crisis acabe con Merkel y Sarkozy?
–La crisis no ha tenido un impacto simétrico en el espectro político. Desde que estalló ha habido gobiernos conservadores que han sobrevivido a las elecciones, no así gobiernos progresistas.
–¿Por qué cree que es así?
–Porque la crisis ha venido acompañada de un discurso ideológico diseñado para desacreditar la relevancia de la política. Ese discurso ha sido fabricado para desmoralizar a los que necesitan la política para realizar sus esperanzas. En las sociedades avanzadas hay sectores sociales que están en mejor situación de defender sus intereses con recursos propios, de satisfacer sus necesidades educativas, sanitarias y de todos los ámbitos de la vida cotidiana sin el socorro de los poderes públicos. Pero los hay más vulnerables, que necesitan de los poderes públicos para poder satisfacer sus necesidades. A estos se les está diciendo que la política ya no es relevante, lo que resulta inadmisible, pero tremendamente desmoralizador para los votantes progresistas. La izquierda propende ahora a la abstención como nunca.
–Suena usted como posible nuevo secretario general del PSOE. ¿Es eso posible?
–En ningún momento he puesto en circulación mi nombre. Me importa el PSOE y su futuro. Voy a ayudar al PSOE a superar esta situación, que desde el punto de vista electoral y parlamentario es la peor desde la Transición.
–¿Cómo puede reactivarse al electorado de su partido?
– Va a haber que realizar un trabajo muy serio para recuperar la confianza en la política, para vincular política y democracia. Además, hay que promover un cambio en el modelo productivo, en el patrón de crecimiento y en los hábitos de consumo responsable, para que sepamos que no podemos basar nuestro bienestar en la destrucción del medioambiente o en el consumo destructivo. Después de una derrota tan contundente como la que hemos sufrido, el PSOE tiene que sentarse a pensar. No podemos hacer un congreso de atrezzo, tenemos que tomarlo en serio y vincularnos a la respuesta socialdemócrata europea con las tremendas dificultades que está padeciendo la izquierda en toda Europa. Tenemos que hacerlo sin tiempo que perder.
–Coincide usted con José Manuel Soria en la necesidad de cambiar el sistema electoral.
–Sucede que yo no lo sostengo oportunistamente solo cuando gano, sino siempre y desde siempre. En Canarias el prestigio de la política está desfondado de manera difícilmente reparable desde hace tiempo. La única reforma que reclama y exige el Estatuto de Autonomía es la que concierne al sistema electoral. He conocido centenares de definiciones de democracia, pero la más lúcida es la que enseña que quizá la democracia no garantice el derecho al mejor gobierno y quizá ni siquiera a un buen gobierno, pero sí tiene que garantizar al menos el derecho a deshacerte de un gobierno que no te gusta con el voto. Cuando no puedes deshacerte de lo que no te gusta con el voto, no estás en una democracia y ese es el caso de Canarias.
–¿Contribuye al desprestigio de la política que Miguel Zerolo sea designado senador?
–Nunca me meto en consideraciones personales, pero lo que pone de manifiesto es que pese a imputaciones graves que no han sido archivadas se producen decisiones que nada tienen que ver con el interés general ni con la dignidad de la política, sino con intereses personales. De este caso sabemos que miembros del equipo de gobierno de Santa Cruz estuvieron años sin mover sus cuentas corrientes llevando trenes de vida inexplicables en un servidor público. Quien es capaz de estar años sin mover euros de sus cuentas corrientes es porque está percibiendo dinero por otras vías..
–El exalcalde santacrucero dijo que le tocó la lotería.
–Todo el mundo tiene derecho a saber que los billetes de lotería son el mecanismo más frecuente de blanqueo de dinero. Que esto haya tenido lugar durante años en Canarias creo que sacude la conciencia de los que quisiéramos una recuperación de la dignidad y la decencia en la vida pública. Y subrayo la responsabilidad de la ciudadanía en la corrección de este estado de cosas con el voto.
–No parece que ocurra aquí.
–En toda España hay un mapa asimétrico de comportamiento electoral frente a la corrupción. Es un hecho empíricamente constatable que una buena parte del electorado conservador no castiga a la corrupción, mientras que una buena parte del electorado progresista no la perdona.
–¿Le repugnó tanto la corrupción en Canarias hasta el punto de decidir marcharse?
–Hago mi trabajo en Europa por convicción y por devoción, pero mi combate frente a una forma de hacer política degradada, sucia, baja, que es muy frecuente en Canarias, ha sido constante a lo largo de mi participación en la vida pública y lo sigue siendo ahora.
–Su campaña contra la corrupción le reportó 26 diputados.
–Nunca introduje un ataque personal. Sí los sufrí. Tampoco hice de la corrupción un eje de mi discurso. Sucede, sin embargo, y se puede comprobar en las hemerotecas, que el discurso de los adversarios hizo inevitable que se convirtiera en un asunto de campaña. Insisto en que mi repugnancia por la corrupción es tal que me cuesta hasta informarme de ella por los medios de comunicación. Me recuerdo teniendo que superar mis náuseas para informarme de lo que fue el caso Eólico, el caso Góndola, el caso Faycan, el caso Teresitas. Ninguno de ellos son el invento de una imaginación, sino casos muy reales.
–Los sumarios siguen abiertos.
–Me parece que es hora de pedirle a la Justicia que se ponga en paz con esta sociedad, porque invita a la reflexión que un caso como el de Telde todavía no haya sentado a los imputados, cuando son indicios clamorosos de enriquecimiento ilícito, de financiación ilegal, de todos los delitos cometibles en el ejercicio de cargo público. La gente tiene derecho a preguntarse por qué no se han concluido esos sumarios y no se han ventilado las presuntas responsabilidades. ¿Por qué la Justicia actúa con los poderosos con este ritmo tan lento? ¿Por qué resulta tan fácil enviar a un pobre desfavorecido por la desigualdad a prisión preventiva y resulta tan difícil incoar un sumario cuando se trata de los poderosos? ¿Qué está pasando aquí?
–¿Su manera de entender la política le granjeó enemistades?
–Considero inexcusable la integridad y la decencia en el manejo de los dineros públicos. Esto lo considero innegociable y lo saben quienes habiéndolo constatado decidieron ponerme proa. Esto es algo que deberían explicar muchos de los que me pusieron proa.
–Entonces le pusieron proa.
–Pero eso va en el ejercicio de cualquier responsabilidad. Sin duda sucedió. Pero lo tenía asumido.