SOL RINCÓN BOROBIA
SANTA CRUZ DE TENERIFE
La mujer de Edgar recibió en dos ocasiones el pésame por la muerte de su marido, allá en Colombia, su país. En aquel tiempo Edgar trabajaba como montador de redes de ordenadores. También formaba parte del Partido Comunista Colombiano y de La Unión Patriótica. Las dos veces que su esposa recibió las ´sentidas´ condolencias, su marido estaba vivo. Afortunadamente para él sólo se trataba, hasta el momento, de intimidaciones por parte de los paramilitares. "Tener ideas políticas diferentes trae problemas y las amenazas y la presión psicológica son constantes", explica.
Pero pasar de las palabras a los hechos podía ser cuestión de días, así que en el año 2000 decidió huir de Colombia y pedir asilo político en España. Su hermano y su cuñada hacía tiempo que vivían en Euskadi y le facilitaron el camino.
Edgar tomó conciencia de la situación de su país cuando tenía 15 años. "El Gobierno no garantizaba los derechos sociales y civiles", resume. Pero sus inquietudes políticas pronto empezaron a darle problemas. Entre 1985 y 1990 más de 5.000 miembros de La Unión Patriótica fueron asesinados. "Mis padres tenían miedo de que me pudieran matar también".
Tuvo que esperar cuatro años hasta que España le otorgó la condición de refugiado. Mientras tanto, su mujer se vio obligada a marcharse a otra localidad de Colombia en la que no sufriera tantas presiones y pudiera vivir más tranquila. En Colombia hay unos cinco millones de desplazados internos que sin salir del país tienen que dejar sus pueblos para salvar sus vidas. Seis años después pudo reunirse con su marido. Ahora viven en Canarias. Edgar no quiere dar muchos detalles, ni fotos, ni su apellido. Teme por sus padres, que se quedaron en Colombia.
Su vida en el Archipiélago es complicada, ya que se ha quedado en el paro. Pero, sobre todo, no deja de pensar en Colombia y en su familia. "Continuamente siento que me falta algo porque uno no se va de su país porque quiere, sino forzado. Me gustaría volver, pero los motivos por los que me fui siguen. El año pasado asesinaron a 103 sindicalistas".
Por lo demás, la integración en la sociedad canaria no le ha resultado difícil. Al menos, no tanto como a las personas que llegan de África. "Yo me parezco al canario por la forma de hablar, la apariencia, las costumbres... Es más difícil en la Península", asegura.
En el Archipiélago, Edgar está integrado en movimientos sociales de ayuda al refugiado y siempre que puede intenta concienciar a la gente de los problemas que hay en su país.
La historia de este colombiano es una más de las miles, millones, que hay en el mundo. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha hecho público estos días su informe de 2010, coincidiendo, precisamente, con el Día Mundial del Refugiado.
Según informa CEAR-Canarias, el año pasado solicitaron asilo en el Archipiélago 156 personas, casi todos por motivos políticos. Uno de los casos que más llamó la atención fue el de Abdoulaye Coulibaly, un africano albino de la República de Mali, que llegó a Tenerife huyendo de su país debido al color de su piel.
En algunos lugares de África, los ciudadanos albinos suelen ser víctimas de rituales que acaban con sus vidas. Aunque Mali no está considerado entre los países en los que se realizan estas prácticas, el Gobierno español decidió darle la condición de asilado.
Juan Carlos Lorenzo, Coordinador Territorial de esta CEAR, pone el caso de Coulibay como un ejemplo "prototípico" de lo que debería ser el trámite de una petición. Es decir, nada más pisar territorio español solicitó asilo, en dos días se admitió su petición y en seis meses se resolvió el expediente concediéndole el estatuto de refugiado.
Aunque este ciudadano de Mali vivió hasta hace un mes en Tenerife, finalmente decidió trasladarse a la Península para intentar encontrar un trabajo mejor. Muchos refugiados en esta Isla han hecho lo mismo debido a los estragos de la crisis económica.
En cuanto a las 156 solicitudes tramitadas desde Canarias, el 20% son de ciudadanos del Sáhara Occidental; el 10% de Venezuela; el 7% de Colombia; el 6% de Cuba y el 5% de Mauritania. Ahora, la Oficina de Asilo y Refugio del Ministerio del Interior tiene que resolver los expedientes.
No obstante, Lorenzo asegura que los porcentajes de admisión son los mismos que a nivel nacional; el 47,97% son admitidos a trámite pero sólo el 11,6% logran algún tipo de seguridad, bien sea el estatuto de refugiado, la protección complementaria o la protección por razones humanitarias.
CEAR-Canarias comenzó a trabajar en las Islas en 1986 con un grupo de juristas voluntarios. Ahora la organización ha crecido y ofrece otra clase de servicios, como formación, ayuda a la integración laboral, campañas de sensibilización y otros de tipo social. Todo es poco para ayudar a los refugiados, que cuando llegan a España sufren otros muchos problemas además de sus desgracias personales.
En Canarias, el trato que se les dispensa por parte de los ciudadanos varía según las circunstancias. En líneas generales, la sociedad es más afectiva con los refugiados que con los inmigrantes, asegura Juan Carlos Lorenzo. "Se sensibiliza más con las personas que han tenido que huir de sus países que con las que vienen para mejorar su bienestar", explica.
Además, el contexto económico también tiene mucho que ver. En situación de crisis como la actual la percepción que se tiene del inmigrante es negativa.
Por este motivo, Lorenzo considera importante la implicación de los medios de comunicación y la de los políticos. Cuando el Gobierno de Canarias aboga por controlar el crecimiento de la población, en CEAR se echan las manos a la cabeza. "Entiendo el discurso de la sostenibilidad, pero también hay que ampliarlo a la sostenibilidad económica, política, social... Lo que no entiendo es la ecuación simple en la que la conclusión es que aquí no cabemos todos, que no tenemos capacidad de dar empleo a todos", afirma Lorenzo.
Este activista enfatiza que las personas que piden asilo "llegan en circunstancias muy dramáticas" y su situación es muy delicada. Son personas anónimas para la sociedad canaria pero para las que están en juego los aspectos más vitales de cualquier ser humano. Por eso, aunque la protección de datos en la mayoría de los casos es una necesidad que no se cuestiona, Lorenzo aboga por hacer visible el asilo como institución, como un derecho y como una cuestión humanitaria, con el ánimo de acabar con actitudes xenófobas y generar talantes hospitalarios en la sociedad.
En su informe de 2010, CEAR advierte de un problema nuevo en España: la reducción del número de solicitudes de asilo. En 2009, lo hicieron unas 3.000 personas, un 33´6% menos que en 2008.
La Comisión Española de Ayuda al Refugiado señala como una de las causas la lucha contra la inmigración clandestina. Según esta organización, la prioridad, "casi obsesión", de la Unión Europea de frenar las migraciones "tiene como una de sus víctimas el derecho de asilo".
"Las personas que necesitan protección internacional huyen de la persecución mezcladas con aquellas que emigran en búsqueda de trabajo. Y juntas llegan a territorio europeo, si es que pueden llegar en medio de los crecientes controles de fronteras", explica CEAR en su informe. Las acciones de Frontex (la agencia de la Unión Europea cuyo fin es controlar las fronteras exteriores de los Estados miembros) y los convenios bilaterales han convertido a los países de origen y tránsito de emigrantes "enormes cárceles", añade.
Una de las historias personales que recoge el informe es la de Azam, un afgano de la provincia de Faryab que es homosexual en una sociedad profundamente homófoba. Cuando fue descubierto tuvo que huir para salvar su vida. Atravesó a pie la frontera entre Irán y Turquía ayudado por grupos kurdos, hasta que en la ciudad de Dyarbakir se subió a un autobús camino de Estambul. Cuando tuvo oportunidad entró en Grecia, donde se le impidió pedir asilo. Decidió probar suerte en Italia, donde se encontró con la misma situación. Nuevo intento fallido en Francia. Finalmente llegó a España, donde al ser detenido por la Policía Nacional se le informó que podía solicitar asilo, cosa que hizo, siéndole denegada su solicitud por carecer de pasaporte u otro tipo de documentación que acreditase su nacionalidad e identidad.