DANIEL MILLET
Nacido 15 días antes (3 de julio de 1936, Las Palmas) del estallido de la Guerra Civil, el socialista Jerónimo Saavedra Acevedo es un ex presidente de Canarias particular: el primero tras la Transición, el único que ha repetido (1983-1987 y 1991-1993), el único desalojado del cargo por una moción de censura (1993), uno de los políticos canarios que más responsabilidades ha ejercido en Madrid (ministro de Administraciones Públicas de 1993 a 1995; de Educación y Ciencia de 1995 a 1996) y posiblemente el más erudito. Este licenciado en Derecho por la Universidad de La Laguna y doctorado por la Complutense, siempre ha hablado claro, incluso en contra de algunas posturas de su partido, el PSC, del que fue secretario general. Político nato, no ha habido quien lo pare. Desde 2007, es alcalde de Las Palmas de Gran Canaria.
– ¿Por qué cree que Canarias está sufriendo tanto la crisis?
– Gran parte de mi vida la he pasado leyendo u oyendo opiniones sobre la necesidad de una economía alternativa para Canarias. Estoy convencido de que no es posible. No se pueden forzar las reglas de la naturaleza, que nos han dividido y nos han colocado donde estamos. El pueblo canario ha ido extrayendo sus limitados recursos para explotarlos al máximo, pero sustituir una economía basada en el sector servicios, ante una agricultura que ha ido desapareciendo, es impensable.
– Los canarios siempre han sido muy amigos de crear enemigos en el exterior. Ahí está Madrid. Pero, ¿qué autocrítica se puede hacer de lo hecho hasta ahora?
– Canarias es una economía dependiente, y no sólo de Madrid, sino del mundo. Si no vienen los turistas escandinavos o los turistas centroeuropeos, de eso no tiene culpa Madrid. Formamos parte de una nación, que es España, que tradicionalmente ha considerado a Canarias como una región dependiente, a lo mejor en el siglo XIX, durante el centralismo, con criterios casi coloniales. Eso afortunadamente cambió con la Constitución del 78 y eso nos ha permitido desarrollar nuestras posibilidades desde aquí y con la ayuda no sólo de Madrid, sino de Bruselas. Conviene no manipular esa dependencia y saber claramente que somos una región con unos problemas insuperables y que necesitaremos siempre la solidaridad de los demás.
– Habla del trato colonial. Ahora hay un resurgimiento del independentismo. ¿Qué opina?
– En plena crisis y en una región dependiente, me parece una locura que la gente se lance a reivindicaciones como la de la independencia. Viva la independencia, pero ¿quién nos sostiene? Habrá que nombrar embajadores, formar unas fuerzas armadas... ¿De dónde sacamos todo ese dinero? ¿Vamos a pagar más impuestos en una región que casualmente tiene una presión fiscal menor que la del resto de España? El independentismo no tiene ni pies ni cabeza. Es hablar desde la ignorancia y eso lo viví yo durante la Transición. La izquierda, en los años del franquismo, había rechazado esas ideas, porque consideraba que el nacionalismo era propio de la derecha. Pero hubo algunos que defendieron que se podía ser nacionalista y progresista a la vez. Fernando Sagaseta fue el líder de ese planteamiento y de ahí surge la Unidad del Pueblo Canario.
– UPC tuvo buenos resultados en las primeras elecciones del 79, pero esa influencia se esfumó.
– La solución ante el radicalismo independentista llegó con la llamada Lotraca, aquella ley de transferencias complementarias a Canarias, y paralelamente con el Estatuto de Autonomía, en 1982. A partir de ahí, el independentismo desaparece. Ha concurrido en diferentes elecciones y no ha conseguido nada. Apostar por la vía de la independencia es suicida. En Canarias, por su proximidad a un continente determinado y su lejanía del continente al que pertenece políticamente, se ha vivido con un temor a que nos dejaran solos. ¿Y quién nos defendería?
– ¿Qué opina del uso de la palabra godo?
– Se usa muchísimo menos que hace 30 años. Ha habido un cambio cultural en la sociedad canaria que se refleja en estos detalles. Habrá mucho fracaso escolar, pero si no es por el compromiso que la autonomía lanzó en favor de la educación, hoy tendríamos los mismos tabúes y traumas derivados de la ignorancia y el analfabetismo.
– El problema es que sigue existiendo la sensación de que a Canarias no se le toma muy en serio. Ahí está el Plan Canarias.
– No he hecho la suma de los números. Lo que sí sé es que se dijo que hay una cifra de 25.000 millones de euros en equis años y la distribución dependerá del ciclo económico. Pero ahora nos encontramos con que la situación del déficit público es un problema muy serio. Hay más cosas que se están diciendo desde el Gobierno central ante las que prefiero callarme por razones de identidad política y para que no se conviertan en titulares de prensa nacional, como suele ocurrir con algunas de mis afirmaciones.
– ¿De lo que hizo, qué fue lo más importante para mejorar las relaciones con el Estado?
– No he escrito mis memorias, pero cuando oigo a mis compañeros hablar de mayor autonomía ante Ferraz, recuerdo que precisamente eso fue lo que practiqué yo cuando fui secretario general. Hay que recordarle a los compañeros que el modelo que votamos en el 85 en el Parlamento de Canarias, de integración en la Unión Europea, no era el modelo que defendía Felipe González. Y eso no es un invento mío; eso está en el diario de sesiones de las Cortes, en la legislatura posterior, cuando González dijo que no compartía el criterio, pero respetó a Canarias, respetó al presidente de Canarias fuese o no de su partido. Y si yo fui a reclamar a Alfonso Guerra los Parques Nacionales, y los denominé gibraltares canarios, lo único que perseguía era una fórmula de cogestión. Los secretarios generales de los socialistas de las Islas tienen que tener claro que la insensibilidad sobre los asuntos canarios no es exclusiva de la derecha.
– Ya que se pone un tanto nacionalista, se puede considerar que usted fue crucial para el nacimiento de CC, porque fue necesario para derrocarlo en 1993 la unión de todos los insularismos.
– Se consideraban insuficientes las concesiones del Estado y se dijo que era imposible seguir apoyando a un partido estatal, como el socialista, por lo que se unieron todos, desde comunistas hasta la derecha de UCD, no la derecha del PP, que se abstuvo. Entonces creyeron que era suficiente con recuperar el poder y lanzar las proclamas que ya habían lanzado los insularistas desde la primera legislatura, desde Santa Cruz. Ahí están los discursos de Hermoso ante los Reyes, que no quiso que se sometieran a conocimiento previo de la Casa Real, y que generaban tensión, más teatral que de fondo. Todo eso germinó en la moción y dio lugar a Coalición Canaria, que plantea lo que había defendido Lorenzo Olarte desde su ex CDS: un pacto con el Estado a lo Puerto Rico. De ese pacto se habló en la moción, pero nunca más se ha sabido. Era un imposible, chocaba con la Constitución.
– ¿Cree que esa Coalición Canaria se ha derechizado?
– A medida que ha ido perdiendo sectores de izquierdas, evidentemente se ha ido derechizando. Donde más fuertes son, en Tenerife, el
electorado está compartido con el PP. Eso es una prueba evidente de que el nacionalismo no es un sentimiento profundo en Canarias y desde el momento en que haya un partido socialista que mantenga y defienda las posiciones de interés general de Canarias frente al Gobierno que haya, el que sea, el nacionalismo perderá todo su sentido. Ahora, si somos primero socialistas y luego canarios, entonces el nacionalismo tendrá siempre un buen abono.
– El popular Miguel Cabrera planteó que ya venía acercándose el momento de un pacto entre el PP y el PSC en Canarias. ¿Lo ve?
– En las elecciones autonómicas del 95, como secretario general, ya lo propuse, lo negocié y avanzamos. No salió, entre otras cosas por
decisiones del partido a nivel nacional. Pero ahí está el ejemplo de Euskadi o, sin ir tan lejos, de numerosos ayuntamientos y cabildos que han sido gobernados por socialistas y populares. Y no ha pasado nada. Esto sería una demostración de madurez democrática.
– Baleares y Canarias destacan en el mapa español de la corrupción. ¿Qué hace falta para acabar contra esta lacra?
– La corrupción va unida a la condición humana. Se puede reducir mediante un sistema electoral distinto. Por ejemplo, en la administración local, donde más abunda la corrupción, podría sustituirse el sistema actual, que obliga cuando no hay mayoría absoluta a hacer pactos y que, a su vez, genera el transfuguismo, por otro en el que el alcalde pueda gobernar sin mayoría absoluta ni pactos forzados. De todos modos, a veces nos pasamos en las exigencias a los políticos, como cuestionar el uso de una tarjeta en una comida.
– Debe ser usted el único alcalde de las dos capitales que no ha apelado al pleito.
– No creo en el pleito. La autonomía ha supuesto una superación del pleito, aunque hay grupos recalcitrantes que insisten. Si hay una cosa que a mí me permite explicar por qué el presidente actual, Paulino Rivero, se desenvuelve en la sociedad grancanaria con tanta normalidad es por su condición de no santacrucero. El pleito siempre estuvo reducido a minorías de las dos capitales, mucho menos en Las Palmas que en Santa Cruz.. Pero es que Rivero es de El Sauzal.
– ¿Se ha superado la crisis en el PSC?
– Sin duda, el congreso regional marca un punto y aparte. Mi objetivo era que hubiese cambios. Han tardado en producirse más de lo que yo creía conveniente.
– ¿Por qué fue tan explícito en sus críticas a su propio partido?
– Fui súper explícito en el congreso ordinario de 2008. Los partidos están para gobernar, no para estar en la oposición. No basta con estar denunciando la corrupción, la incompetencia, el cutrerío... Los partidos tienen que ofrecer alternativas, proponer enmiendas, pactar mejoras... Para eso están. Es que al final la gente no sabe cuál es la posición del partido en determinadas materias.
– ¿Cuál es su propuesta para una reforma electoral?
– Yo voy a opinar una cosa y me van a decir que ésa no es la línea del partido. Pero también le voy a decir que la enmienda presentada no está aprobada por el partido. Si el Grupo Parlamentario presentó la reducción de los porcentajes para acceder al Parlamento, yo me puedo permitir la libertad de decir que el principal problema es el de la desigualdad, la desproporcionalidad del voto según la Isla en que se resida, y eso sólo se puede corregir incrementando el número de diputados a elegir por parte de las islas más pobladas. Eso es ir a un sistema, válido en Alemania, de la superación de la lista estricta a una en la que el ciudadano emita dos votos: uno a la lista presentada por el partido y otro a la persona que se presenta en esa lista a título unipersonal.
"¿Control poblacional? No conduce a nada"
– Le pregunto por el Sáhara Occidental porque siempre se ha dicho que es usted una suerte de cómplice del régimen marroquí.
– Los años han venido demostrando que ahí cerca tenemos un problema y que nos secuestran ciudadanos. Es que Al Qaeda está un poco más abajo y está metido en Argelia, cuyo régimen no es precisamente democrático. Y resulta que el país que más garantías ofrece es Marruecos. Eso es realismo puro, que yo lo vengo aplicando desde hace veinte años. Yo no defiendo los abusos de los derechos humanos, ni en Marruecos ni en Cuba. Lo que pido es que haya una reflexión sobre qué es lo que conviene más para el futuro de ese territorio ante los acontecimientos que se están produciendo más abajo. Defiendo una máxima autonomía de los saharauis.
– ¿No ha sido demasiado laxo el Gobierno de España actual con la situación de Cuba?
– El mundo está lleno de dictaduras. Creo que democracias son 60 sobre casi 200 estados independientes. No sé si hay que cerrar los ojos o no ante las relaciones institucionales que hay que tratar de mantener con estos países, pero hay que influir para aminorar la pena, la calamidad y el sufrimiento que está experimentando, por ejemplo, el pueblo cubano.
– ¿Qué opina por cierto sobre la propuesta del presidente de Canarias, Paulino Rivero, de controlar la población?
– En la economía de libre mercado, la población se desplaza en función de las posibilidades de empleo. Si no hay opciones de empleo, baja la inmigración. Y eso ha ocurrido aquí: ha bajado notablemente la llegada de inmigrantes y se ha notado la crisis económica. Muchos que estaban en Lanzarote y Fuerteventura se han ido. Ese tema sólo sirve para crear problemas en los órganos comunitarios. No nos conduce a nada. Si hay crecimiento económico, que todos queremos que lo haya, tenemos que ser solidarios. Tenemos que aceptar que si aquí se organizan cursos de formación y la gente de aquí no se apunta, no se preocupa en esa oferta, pues tendrán que ser otros los que la aprovechen.