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JOAQUÍN ANASTASIO | MADRID
Aminatu Haidar ha podido finalmente regresar a su casa en El Aaiún y poner fin a 32 días de huelga de hambre en protesta por su expulsión de Marruecos el pasado 14 de noviembre por las autoridades de ese país. Durante este tiempo, el Gobierno español de ha visto abocado a una carrera diplomática contra reloj para impedir una situación irreversible en la salud de la activista saharaui y para frenar el riesgo de una crisis en las siempre complejas relaciones con el país vecino del sur. En la resolución del conflicto, España ha necesitado apelar a la ayuda de Francia y Estados Unidos, los dos países de mayor ascendencia sobre Marruecos y sobre el propio monarca alauí, Mohamed VI.
Revestido de una retórica humanitarista, el acuerdo, sin embargo, tiene una causa política clara que los países mediadores consiguieron finalmente hacer llegar hasta Marruecos para salvar a la activista saharaui y frenar el riesgo de una crisis en las relaciones con el país vecino del sur, consideradas prioritarias por parte española. Su actitud hacia la activista suponía para Marruecos "graves riesgos" para su imagen internacional y amenazaba con poner de nuevo sobre el tapete el conflicto de Sahara Occidental, que languidecía desde hace años en la escena internacional de forma satisfactoria para los intereses marroquíes. Como contrapartida a la cesión de Rabat para permitir a Haidar regresar a El Aaiún sin necesidad de que ésta se retractara, como exigía inicialmente el gobierno de Marruecos, los comunicados de España y Francia inciden, cada uno a su manera, en la legitimidad del dominio marroquí sobre territorio saharaui.
La clave de la resolución de la crisis, según apunta el eurodiputado socialista español Juan Fernando López Aguilar, que ha estado en todo momento al tanto de las gestiones diplomáticas, ha sido "la capacidad del Gobierno de España por involucrar a otros países y a las instancias internacionales en la búsqueda de una solución y de persuadir a Marruecos de que cada día que pasaba empeoraba su imagen en todo el mundo". Pero los mediadores también tenían claro que cualquier solución tendría que pasar por una negociación discreta y respetuosa con Marruecos. Esa fue la razón por la que los socialistas españoles solicitarán la retirada de una moción de apoyo a Haidar que iba a votar el jueves el Parlamento Europeo, justo en el momento en que las negociaciones entre España, Francia y Marruecos, con Estados Unidos en el fondo, para permitir el regreso de la saharaui estaban a punto de culminar. La propuesta de resolución contenía una explosiva carga para Marruecos, en la medida en que pretendía condenar la "violación flagrante de los derechos humanos" por parte de Rabat.
Aminatu Haidar fue expulsada del aeropuerto de El Aaiún el día 14 de noviembre por negarse a reconocerse como marroquí en la ficha policial de entrada a Marruecos el día anterior. Según desveló el jueves el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, su colega marroquí le llamó el mismo día 13 para anunciarle la expulsión de Haidar y lo hizo de nuevo el día 14 cuando la activista ya volaba hacia Lanzarote. Un día después, la activista inició su huelga de hambre en las instalaciones aeroportuarias, donde durante todo este tiempo ha recibido un sinfín de apoyos por parte de personalidades y colectivos de apoyo al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.
Las gestiones en esos primeros días por parte del Gobierno español se dirigieron únicamente hacia Marruecos, que se mostró inflexible. Haidar acusó entonces al Ejecutivo español de ser cómplice de la expulsión y de mantenerla "secuestrada". Su versión, que comparten quienes critican la actuación española, es que el Gobierno español no debió permitir ni su embarque en el avión que la devolvía a Lanzarote, ni su entrada en España por carecer de documentación. Pero el Ejecutivo de Zapatero señala que todo se hizo con arreglo a la legalidad en ambos casos y que así lo acredita una sentencia de un juzgado de Las Palmas de Gran Canaria.
Por dos veces, España intentó devolverla a El Aaiún en un avión medicalizado el 5 de diciembre, pero Rabat frustró sendas operaciones. Fue en ese momento en el que Moratinos, según diversas fuentes, comprendió que necesitaría una amplia operación diplomática con la participación de otros países e instancias internacionales. Según López Aguilar, "ha sido España quien ha conducido toda la estrategia negociadora y el ministro Moratinos quien ha dirigido con templanza y lucidez este proceso". Asegura que "no que los demás hayan actuado cuando España no podía resolverlo, es que España los ha implicado y comprometido para poder encontrar una solución".
Presiones y concesiones finales
El domingo día 13 de diciembre, un mes después de la expulsión de Haidar de territorio marroquí, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, empezó a involucrarse más directamente en la búsqueda de una solución a la crisis y comenzaron a aparecer los primeros signos de luz. La posibilidad de una intervención del Rey don Juan Carlos, solicitada por varios partidos, se descartó en ese momento. España propuso a Marruecos una fórmula por la que aceptase el regreso Haidar alegando razones humanitarias. Fuentes de Exteriores reconocen que el argumento central empleado por Francia y España ha sido el de convencer a Marruecos de que "resolver el problema humanitario de Haidar permitiendo su regreso sin que tuviera que pedir excusas no es que fuera a debilitar su imagen fuera y dentro del país, sino que iba a reforzarla".
Tras la entrevista de Moratinos el lunes 14 con la secretaria de Estado norteamericana, Hilary Clinton, y las mantenidas entre Marruecos y la Administración de Obama por enviados especiales de Mohamed VI a Washington, la diplomacia española empezó al día siguiente a trabajar más activamente con Francia, donde ese día el ministro marroquí de Exteriores, Taib Farsi Dihri, también conversó con su colega francés y con el presidente de la República, Nicolás Sarkozy. Fue el momento clave, porque Marruecos empezó a tener ya la presión norteamericana y francesa de forma directa y cuyas posiciones era coincidentes con la española.
Todo dejaba ya de ser casual. Cuando Aminatu Haidar ingresaba en el Hospital de Arrecife de Lanzarote en la noche del miércoles ante el empeoramiento de su estado de salud, ella conocía ya los avances que se estaban produciendo en la negociación. En la mañana del 17, en el entorno de la activista se mascaba ya una inminente resolución. Pero restaba aún el momento crucial de la redacción del comunicado, en el que se dejaba claro que la autorización para el regreso obedecía estrictamente a "razones humanitarias y sin condiciones" y con la advertencia de que este tipo de acciones no logran contrapartidas políticas.
En la resolución final del conflicto tienen gran importancia las contrapartidas que tanto Francia como España ofrecen a Marruecos en relación con la situación del Sahara, el territorio bajo administración marroquí por autorización de la ONU pero cuyo conflicto de fondo para un posible proceso de autodeterminación se mantiene bloqueado desde hace 32 años. Los comunicados francés y español tras el acuerdo sobre Haidar son cada uno a su manera legitimadores de las posiciones marroquíes. El español incide en el agravamiento de la situación humanitaria de Haidar" y en el "gesto que honraría" al Rey de Marruecos permitiendo su regreso a El Aaiún, así como reconociendo que mientras se resuelve el contencioso de la ex colonia española, "la ley marroquí se aplica en el Sahara Occidental". El comunicado francés es mucho más explícito en el apoyo a los planteamientos marroquíes de establecer una amplia autonomía para el territorio pero bajo soberanía del monarca alauí.
El propio presidente Zapatero trasladó el jueves por la tarde el acuerdo definitivo a Pilar del Río, la esposa del escritor José Saramago, que vive en Lanzarote, y ésta a su vez a la abogada de Haidar. Moratinos, entre tanto, había tenido que suspender una comparencia parlamentaria en la que estaba participando precisamente para explicar la actuación española en el caso Haidar. Realizó sus últimas gestiones desde la sala de Gobierno en el Congreso apenas dos horas antes de que la activista abandonara el hospital y se trasladara al aeropuerto de Lanzarote para volar de regreso a su casa y junto a su familia en El Aaiún.
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