G.C. -ARRECIFE
Haidar apareció cubierta por una melfa amarilla, como un sol. Perfectamente consciente a pesar del sufrimiento físico soportado durante 32 días en huelga de hambre, la mujer que ha convertido un cuartucho del aeropuerto de Lanzarote en epicentro temporal de la política internacional habló como activista y como madre, porque Haidar es las dos cosas.
Intervino primero la conocida defensora de los derechos humanos y de la causa saharaui. "Esto es un triunfo, una victoria del derecho internacional, de los derechos humanos, de la Justicia internacional y de la causa saharaui". Haidar aclaró que no abandonaría de manera definitiva su huelga de hambre hasta traspasar el umbral de su casa en El Aaiún.
"Estoy feliz", confesó. También agradeció el apoyo de todas las personas que de un modo u otro han estado a su lado durante estos largos y duros días. Aclaró que, en caso de que se abortara el viaje, como ocurrió hace dos semanas, exigiría no moverse del avión preparado para devolverla a su hogar en el Sahara Occidental.
Llegó a continuación el turno de palabra para la madre de 42 años. "Lo primero que haré al llegar será abrazar a mis dos hijos y a mi madre", explicó la consumida mujer.
Una muchedumbre rodeaba su silla de ruedas. Sus ojos brillaban en un rostro que presenta un color poco saludable, igual que brillaba su melfa amarilla en la plácida noche de Lanzarote. Recibió aplausos y vítores, pero a esa hora ya soñaba con los besos de sus hijos.