PEDRO GUERRA (ENVIADO ESPECIAL) | EL AAIÚN
"Esto es una victoria de los derechos humanos y de la Justicia". Djimi El Ghalia, amiga íntima de Aminatu Haidar, celebraba así la noticia de la vuelta de la activista saharaui a El Aaiún. Eran cerca de las 11 de la noche cuando en el domicilio de Haidar, en el antiguo barrio de Casapiedras, se concentraban más de 70 personas, entre familiares y amigos. Haidar aún no había entrado en casa, pero volaba ya desde Lanzarote a El Aaiún.
"Viva Aminatu, fuera Marruecos". Los vecinos de Haidar, sobre todo jóvenes menores de edad, celebraban con gritos contra el gobierno magrebí la llegada de la activista, que ayer cumplía 32 días en huelga de hambre. Los mayores se mostraban más prudentes a la hora de hacer manifestaciones públicas; no querían que se volviera a estropear el regreso de Aminatu.
Los accesos al aeropuerto de El Aaiún estaban cerrados a cal y canto por la policía y los servicios secretos marroquíes desde una hora antes de la llegada del vuelo. Una decena de periodistas fueron desalojados y se les impidió tomar imágenes.
Pero la fiesta estaba en el domicilio de Haidar. Su hijo Mohamed, impecablemente vestido para la ocasión, no paraba de gritar "viva Aminatu". El menor, de sólo 13 años de edad, había pasado la noche anterior llorando en compañía de su hermana, de 15, y la madre de Aminatu. Sorpresivamente, en la vivienda de Haidar la policía marroquí sí permitió el trabajo de los periodistas, consciente de que el mundo entero ponía sus ojos en su actitud.
Las muestras de júbilo de un gran número de activistas saharauis no se podían reprimir. Habían pasado 32 días desde que la líder pro saharaui iniciara una huelga de hambre que ha puesto contra las cuerdas a los gobiernos de Marruecos y de España, y había movilizado al Parlamento Europeo y a la Casa Blanca. Aun así, y pese a la algarabía, Djimi El Ghalia se mostraba prudente: "Vamos a esperar que Aminatu esté en casa para celebrarlo de una vez por todas".
Felicidad. El Ghalia, que se erigió como portavoz de la familia, explicó que la madre de Aminatu estaba muy nerviosa y no quería aparecer en público. Aun así, un grupo de periodistas pudo entrar en la casa de Aminatu y hablar con su hermano, con un tío y con varios primos. La alegría era incontenible, la felicidad desbordante; pocas veces el Sahara Occidental ha vivido una victoria como ésta.
Al cierre de esta edición, unas 300 personas, que se manifestaban frente a la casa de Haidar, comenzaron a increpar a las fuerzas antidisturbios marroquíes lanzándoles piedras.
La familia de Aminatou pasa de la angustia a la esperanza
La madre de Aminatu y sus hijos se han pasado la noche llorando", explicaba ayer Djimi El Ghalia, una de las mejores amigas de la activista y vicepresidenta de la Asociación Saharaui de Víctimas de Violaciones Graves de los Derechos Humanos.
"No tienen fuerzas ni para comer, sus hijos están muy afectados y su madre no para de llorar", explicaba El Ghalia poco después de visitar a la familia de Aminatu, ayer por la mañana. "Su hermana me llamó desde el hospital, llorando, y me dijo que Aminatu estaba muy débil, que no podía hablar". Djimi El Ghalia fue compañera de prisión de Aminatu en los cuatro años en que estuvo en la cárcel negra de El Aaiún.
Pero quedaba la esperanza de la vuelta a El Aaiún, que empezó a circular a media tarde de ayer. Djimi El Ghalia reconocía que "es una gran alegría, estamos todos muy contentos, pero no nos fiamos hasta que la veamos en El Aaiún".
Fue una jornada dramática en el domicilio particular de Aminatu. Su madre y sus dos hijos, de 15 y 13 años, se pasaron el día pegados a la televisión y con el teléfono cerca para recibir noticias. A las ocho, TVE informa de que ya había "luz verde" para que Haidar volara a El Aaiún.
En el domicilio de la activista se concentran en ese momento más de 50 personas, entre familiares y amigos. Los hijos de Haidar, se preparan para ir a recibir a su madre: "Es uno de los días más felices de su vida", explica El Ghalia.