G.C.-ARRECIFE
Los matices desconciertan. A las once y media de la mañana de ayer, mientras una nutrida representación de saharauis comienza a tomar posiciones en el Hospital Doctor José Molina Orosa, un vehículo rojo, viejo, abollado y humeante trata de arrancar.
Desde su interior, asoma la cabeza uno de los dos hombres que van en el interior y vocifera: "¡Tanto jaleo por esta saharaui!" Y dicen cosas peores, mucho peores. Son marroquíes. Siete y media de la tarde. Procedentes del país vecino llegan hasta el aeropuerto de Lanzarote y de ahí al Hospital, muy poco antes de que aparezca Aminatu Haidar, representantes de seis delegaciones marroquíes que se dicen defensoras de los derechos humanos. "Estamos aquí para defender la vida", dice uno de ellos, Boutayeb Abdessla.
Matices marroquíes al margen, la jornada de ayer estuvo marcada por dos llamadas. Una, aunque no confirmada por la interesada, la que se comentó que recibió la mujer de José Saramago, Pilar del Río, del propio José Luis Rodríguez Zapatero para comunicarle la buena nueva. Otra, la realmente importante y práctica en realidad, la del secretario general de Presidencia del Gobierno, Bernardino León, a la abogada Inés Miranda para confirmar la existencia de un acuerdo político definitivo.
El último matiz. Carmelo Ramírez, portavoz de la plataforma rompe a llorar emocionado al anunciar él mismo la noticia. Tenías razón, Carmelo (pensaron algunos): había calderos al fuego.