GREGORIO CABRERA | ARRECIFE
La declaración de Aminatou Haidar ante la Policía Nacional destapa o amplía aspectos interesantes sobre su aventura, en especial los relacionados con lo que ocurrió, siempre según su versión, en el aeropuerto de El Aaiún. Insiste en que para su entrada en España intervino una "superioridad".
Cuando el avión de Binter con destino a El Aaiún inició la maniobra de descenso al aeropuerto de la terrosa capital del Sáhara Occidental el pasado 13 de noviembre, Aminatou Haidar le echó lo que podía ser el último vistazo a su pasaporte. Sabía que días antes las autoridades marroquíes le habían retirado la documentación a otros defensores de los derechos humanos en la terminal aérea de Casablanca y ella regresaba de Nueva York, con el Premio Coraje de la Train Foundation en una de sus tres maletas rojas de imitación de piel.
El comisario de policía Falah Mohamed, según consta en la declaración textual de la activista en las diligencias abiertas por la Policía Nacional tras su denuncia contra el Gobierno español por vulneración de sus derechos fundamentales, se dirigió a ella cuando hacía cola en la fila del control policial. Luego, señala, se sumaron el jefe provincial de la Policía Judicial (Sr. Ermid), el jefe de la Policía Judicial (Sr. Aboutayeb), otros oficiales de la Policía Judicial, un miembro de la DTS (policía secreta marroquí), un oficial de la Brigada de Información General, otro del Departamento de Asuntos Generales, el comisario del aeropuerto y otro de la Gendarmería. Y frente a ellos, la mirada sin fondo de Haidar.
Se atrevió a informarles antes de que comenzara un interrogatorio que, dice, arrancó a la una de la tarde y finalizó a las tres de la madrugada, que tenía los ojos sensibles después de haber pasado cuatro años con los ojos vendados en una mazmorra. Insensibles, siempre según la declaración de Haidar, le hicieron fotos durante horas y, con cada disparo, un flash. La grabaron también con tres cámaras de vídeo. A las diez y media de la noche trajeron a su tío y a otros dos funcionarios saharauis para que le dijeran a la cara que dejara la causa y abandonara la idea de un Sáhara independiente, según ha concretado ella misma. Más preguntas. Más luces.
A las 11.10 horas del día siguiente, atestigua, le muestran un billete y le informan de que va a ser conducida a territorio español en un vuelo de Canarias Aeronáutica. "De forma jocosa", asegura la propia Haidar en el informe policial, le espetaron: "¿Dónde vas a vivir más relajada y tranquila sino en España. Y desde allí puedes defender sin problemas tus planteamientos separatistas. Tú tienes otra categoría. No te vamos a detener. Tú te vas a España".
La tensión se disparó en el interior del aparato dentro de un triángulo formado por el comandante, Haidar y los policías marroquíes, tal como se incluye en las manifestaciones de Haidar. El piloto se negó a llevar a España a una mujer que carecía de pasaporte y recibió hasta cuatro llamadas que se mezclaban con las constantes interpelaciones del comisario provincial. "La tienes que llevar porque el Ministerio de Asuntos Exteriores español está informado y ha dado su conformidad", afirma Haidar que se dijo. "Tú la tienes que llevar y lo que estás es ganando tiempo para cobrárselo a la empresa", habría gritado otro mando.
El vuelo sale con Aminatou. Antes de tomar tierra oye por hilo interno el destino: Lanzarote. Mañana cumple un mes en su involuntaria trampa conejera.