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HEMEROTECA » |
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FRANCISCO POMARES Y además empezaron algo más tarde de lo que suelen, parece que porque había que abrir con preguntas al presidente del Gobierno y Rivero no había llegado.
Antes que Rivero llegó al Parlamento la noticia de que el TSJC sobreseyó en un auto la querella de Luis Soria contra los diputados socialistas Paquita Luengo y Blas Trujillo y contra el periodista Salvador Lachica, por tomarles unas declaraciones sobre el affaire Tebeto. Doña Paquita –que ayer sí llegó puntual– andaba eufórica por los pasillos hablando de la alargada sombra de los hermanos Soria y acusando a ambos dos –José Manuel y Luis– de "utilizar los tribunales para amedrentar a todo aquel que les planta cara". Blas Trujillo, que también debía estar contento, no dijo ni pío, que es lo que suele hacer últimamente. Y Salva Lachica lo celebró con un cortado gratis servido por el catering del Parlamento en la sala estilo remordimiento que fuera sede del Monte de Piedad de Santa Cruz de Tenerife, y donde ayer también sirvieron bollitos rellenos de chocolate y pastelitos. Los periodistas solemos acudir al quite en cuanto baja la acción en el salón de plenos, algo que ocurre cuando no coinciden Miguel Cabrera y Santiago Pérez, o Soria y Santiago Pérez o José Miguel Pelopincho González y Pérez.
Ayer fue un día de mucho bar, pero no hay dicha que dure eternamente: llegó Rivero y tuvo que enfrentarse a cuatro primorosas preguntas de control al Gobierno. Las dos primeras, de las fáciles, preparadas ad hoc por los diputados del Gobierno, para presidencial lucimiento: preguntó doña Australia Navarro sobre unas declaraciones del comisario europeo de Política Regional, que dijo el hombre que lo de soltar pasta sin freno a las regiones más alejadas se iba a poner feo en los próximos años. Quería saber qué opinaba del pronóstico el presidente, y respondiole Rivero –muy mañaneramente circunspecto– que las perspectivas globales no son buenas, que fácil no va a ser y que no hay que bajar la guardia, todo ello de corrido y sin aspirar siquiera. Doña Australia puso cara de amén bendito y dejó paso al diputado Barragán, majorero por la minoría coalicionera, que preguntó a Rivero sobre el balance que hace el Gobierno de las reclamaciones presentadas por los empresarios a la Ley de Medidas Urgentes, esa ley requetechula que remató la moratoria sin nocturnidad ni anonimato, o sea, con luz y taquígrafos.
Y ahí Rivero se traía la respuesta ensayada: "el Gobierno va a ser proactivo en el desarrollo de la ley", dijo, y luego explicó qué significa lo de ser proactivo. A saber, que el Gobierno va a buscar acuerdos con los empresarios y (aquí el presidente levanta la voz y mira al frente, como un matador al brindar un miura) "si no consigue el acuerdo, luego expropiará, pero nunca indemnizará". Pidió rápidamente Barragán la palabra y no por alusiones, sino feliz y alborozado, y era para explicar su gran contento: "A mi grupo parlamentario le agrada mucho cómo se va a aplicar el 17.1", gorjeó cantarín. Parecía encantado de que al empresario que no se ponga en un de acuerdo le calcen expropiación y tente tieso: Barragán no es muy alto, pero gusta de las políticas contundentes...
Los socialistas no dijeron nada, bueno fuera. Siempre se están quejando de que el Gobierno se gaste los cuartos en indemnizaciones, y este Gobierno no va a indemnizar "nunca". Más que las que ya tocan. Además, en el turno de preguntas no se puede añadir ni un punto ni una coma, y por eso suelen ir muy rápido.
Le tocó luego el turno al socialista Manuel Marcos, que quería interrogar al jefe del Gobierno sobre su opinión de los funcionarios. Concretamente quería saber el palmero si Rivero piensa como Soria, que tenemos una Administración festiva y playera. Respondió Rivero que la política del Gobierno es la misma sea Soria o él quien la proclame, y recordó que lo que quiere el Gobierno es que los funcionarios curren "para mejorar la competitividad y prestar servicios de calidad". Y ése era al parecer el debate en cuestión, en fin, que aprovechó Marcos para descargar ingentes cantidades de babosería y arrumacos sobre los excelentes funcionarios de esta región "que están siendo puenteados con encargos a asesores, consultorías y a la nómina de amiguetes del pacto". Luego pidió que el Gobierno evalúe el trabajo de los cargos públicos y el personal de confianza (de confianza del Gobierno, se entiende), y lo compare con el de los probos y honestos currantes de la Administración, "porque los trabajadores no son responsables de las indemnizaciones millonarias". Lo dicho, que los socialistas acabarán por aplaudir las expropiaciones por la vía del artículo 17.1 –la que agrada mucho al sin par Barragán–, que vaya usted a saber si es como la Ley de Mahoma, pero en materia expropiatoria.
Remató cansinamente Rivero explicando que lo de meter en cintura a los funcionarios es cosa de todos, que "el objetivo compartido por los empresarios, los sindicatos y la gente con sentido común, es ganar en productividad". Eso dijo, y añadió que para lograr tal objetivo, el día 15 se reunirá la Segunda Mesa de la Concertación Social, contra la economía sumergida y el absentismo, a la que apoyan todos "con la única excepción de usted". Marcos no se dio por enterado: a él no le ha invitado nadie a la Mesa esa, ni falta que hace, porque con la patronal, el Gobierno, UGT y Comisiones, ya están las cuatro patas necesarias para que la mesa se sostenga.
Total, que se quedó Marcos peripuesto, pero no se dio por vencido: traía la pregunta estrella del día, sobre la entrevista que la radio del Gobierno le hizo a Diego, el padrastro de la niña Aitana, cuando aún andaba el hombre sedado por la tragedia y los ansiolíticos. Quería saber Marcos qué opinaba el presidente de esa entrevista, pero Rivero no le contestó. Sólo le dijo que los 500 trabajadores de la Radiotelevisión del Gobierno hacen un gran trabajo, como demuestran la audiencia de un millón de canarios. Entonces se subieron un poco el tono, porque Marcos le espetó lo del amarillismo, la ausencia de deontología y el uso partidario de los medios públicos para crear una sensación de inseguridad permanente y colar la guanchancha. Rivero volvió con los 500 curritos y le sumó 2.000 más, que –explicó– son los que colaboran con la tele (debía referirse a los que trabajan para las productoras que viven de la tele), y dijo que "todos hacen un gran trabajo". Y es que Rivero, para candidato a presidente es sin duda el mejor posible e indiscutible, pero como redactor jefe no se ganaría nunca el sueldo...
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