SARO DÍAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Cuando la actual Constitución Española cumplió los 18 años, a algún lumbreras se le ocurrió compararla con una señorita preparada para su puesta de largo. Extrapolando ese absurdo símil, puede decirse que a sus 31 años la Carta Magna sabe lo que quiere y contempla impertérrita cómo los demás quieren hacerle su primera intervención quirúrgica para evitar que envejezca. Lo cierto es que el acto que conmemoró su aniversario ayer en el Parlamento de Canarias careció de los brillos de antaño. Las obras trasladaron el discurso al Salón de Cabildos, que sin embargo no quedó pequeño ya que no llegó a la veintena el número de diputados que asistió al acto, contando miembros de la Mesa y algunos del Gobierno.
El presidente del Parlamento, Antonio Castro, se ocupó del discurso en el que no faltaron las ya clásicas referencias a que "Canarias necesita la delimitación de sus aguas territoriales; capacidad para las relaciones con el entorno africano y América y competencias en Comercio Exterior". Recordó también que las Islas aspiran a "asumir la gestión tributaria" y "gestionar las infraestructuras". Más competencias, vaya.
Algo tan banal como un atasco de coches retrasó media hora el ritual, en espera de que el presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, llegara. Luego ni intervino ni quiso valorar el discurso de Castro, cual hombre objeto cuya función es adornar sin molestar demasiado.
Alrededor, autoridades militares, cuerpo diplomático, algún que otro representante sindical y algunos veteranos como Victoriano Ríos o Manuel Hermoso se saludaba y poco después dieron cuenta de unos pinchitos. El cumpleaños de la Constitución Española va perdiendo su brillo de antes, como siempre sucede con lo que se repite un año tras otro.
Quien no titubeó a la hora de valorar el discurso institucional fue el portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, Santiago Pérez, quien calificó de "acierto que el acto recupere su perfil netamente parlamentario", en referencia a que fuera Castro y no Rivero quien pronunciara el discurso de rigor, "pese a que Castro haya tenido que hacer suyo un ritual de reivindicación competencial muy del libro de estilo de Coalición Canaria", matizó.
Santiago Pérez echó en falta que se citara en ese discurso la necesidad de un esfuerzo "por mejorar la calidad democrática y el prestigio de las instituciones". "El presidente del Parlamento tendría que haber hecho una apelación a las relaciones de unidad y fraternidad de todos los canarios frente a algunas voces que continúan predicando la confrontación y el pleito insular". En opinión de Pérez, Castro se refugió "en lo que ya es casi un ritual, como son las apelaciones a la Reforma de la Constitución (algo que puede acometerse aunque no es muy útil hablar de ello) y la reivindicación de ampliación competencial" que dijo poder compartir "si no sirve para huir de un balance de la acción de los gobiernos durante estos años". "Canarias no necesita tanto competencias como una mejor calidad democrática; y no tanto reformas estatutarias (que podrían ser bienvenidas), como responsabilidad y balance de la acción de gobierno". "El Gobierno de Canarias ha tenido en sus manos muchas herramientas para mejorar las Islas, pero se resiste a hacer balance sobre cómo las ha utilizado mientras el Archipiélago sigue teniendo indicadores no tolerables de marginación ", añadió Santiago Pérez.
Por su parte, el portavoz del Grupo Popular, Miguel Cabrera, optó por el misterio de "no valorar un discurso institucional" del que le había llamado la atención "alguna peculiaridad".