SARO DÍAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Quizá por su esencia de artista, Ramos no aporta su opinión sobre política de esa manera contundente de quien está seguro de todo. Pero algunas de sus intuiciones sobre el ámbito político ya se han demostrado en los juzgados, como la atadura a la deuda que arrastran los partidos tras las campañas electorales.
- ¿Qué visión tiene de la política canaria en general? ¿Qué cree que le falta o le sobra?
- Hay varios puntos fundamentales, que no son necesariamente exclusivos de la política canaria y que hacen que la acción legislativa no responda a lo que hemos dado en llamar el bien común. Creo que casi cualquier persona estaría de acuerdo en llamar bien común a una economía diversificada, que genere pleno empleo, que sea sostenible en todos los sentidos -incluyendo el ambiental-, que permita mantener unos servicios sociales que alcancen a todo el mundo, una distribución de la renta que corrija las enormes desigualdades que definen nuestra sociedad, una educación pública bien financiada, unas competencias en política exterior que nos permitan avanzar en la normalización de las relaciones con nuestro entorno sin estar tan sujetos a lo que a España le convenga, un control efectivo de nuestras aguas interiores... Sin embargo, después de más de veinte años de autonomía, aunque sería injusto decir que no hemos avanzado nada, la verdad es que todas estas cosas siguen estando utópicamente lejos. Y se instala en la población la idea de que tal vez no sean posibles. Yo creo que son posibles. Pero no tengo ni idea de cómo alcanzarlas. Y por eso no me meto en política, claro. Así que tengo una cierta sospecha de que en alguna medida los partidos políticos presentes en el Parlamento de Canarias representan intereses que no coinciden exactamente con el bien común. O que lo persiguen por vías muy tortuosas que yo no soy capaz de entender. A veces incluso llego a pensar que la forma en que financian sus campañas electorales puede estar generándoles deudas políticas que pagamos los ciudadanos, pero no puedo demostrarlo en un juzgado, así que me callo.
- Si tuviera oportunidad de hablar en el Parlamento de Canarias ¿de qué lo haría y en qué términos?
- El Parlamento de Canarias es una cámara legislativa en la que teóricamente reside la soberanía popular, delegada por el sufragio. A mí nadie me ha votado, no represento al pueblo canario, así que no tengo nada que decir allí. Pero si fuera diputado, y considerara que la ley electoral canaria y las componendas posteriores a su aplicación me habilitaran como representante legítimo de la voluntad popular, me da la impresión de que no tendría mucha capacidad de maniobra a la hora de proponer acciones políticas o de votar las ya propuestas. Desde la confección de las listas electorales hasta la disciplina de voto en el Parlamento, todo parece estar muy ajustado a un guión preestablecido que no tengo muy claro quién escribe, aunque parece muy claro a quién beneficia. ¿Qué puedo hacer como diputado ante la propuesta de ley que revisa a la baja las figuras de protección de los espacios naturales o de las especies protegidas, como se está planteando ahora mismo? ¿Qué futuro político tendría un diputado que votara a favor de iniciativas legislativas populares como las que se han rechazado en varias ocasiones en la Cámara por intereses que nada tienen que ver con los de la mayoría de los canarios?
- De formar parte de un hipotético gobierno de Canarias ¿de qué área se ocuparía y qué parte de la realidad isleña le gustaría contribuir a cambiar?
- No tengo perfil político. Por mi trabajo tengo experiencia en crear y coordinar equipos, pero no sé vender resultados. Voy con los datos pelados y al cliente le sabe a poco. Los buenos políticos son aquellos que saben venderte bien su gestión, incluso los que son capaces de venderte lo que todavía no han hecho. Hay un político muy bueno en lo suyo al que ya le han dado premios por cosas que todavía no ha hecho. Hubo un presidente del Gobierno de Canarias que era muy buen político. A mí no me gustaba la orientación de su Gobierno, ni lo que hacía, pero sabía venderlo muy bien y si me cogía medio despistado, casi me convencía y todo.
- Desde su punto de vista, ¿la población canaria se involucra suficientemente en la política que se practica en el Archipiélago o, por el contrario, pasa de ella?
- Si hablamos de política institucional es evidente que no se involucra. Ni siquiera votamos, la abstención es altísima. Sin embargo sí que hay mucha gente que se moviliza en ocasiones excepcionales, llegando incluso a hacer replantearse al gobierno sus políticas. Que parece mentira también que sea algo llamativo que la población controle al gobierno, que es lo suyo, digo yo.