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Fernando Savater, filósofo y político

´El nacionalismo es el caciquismo con Autonomía y banda de música´

"Cuando yo empecé a venir a Canarias el independentismo sólo existía en algunos personajes folclóricos"

 
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FRANCISCO POMARES | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Filósofo, publicista y activista político, Fernando Savater asume que la polémica acompañe sus declaraciones. Crítico del nacionalismo, amenazado de muerte por ETA y cuestionado en la derecha por su laicismo y su posición sobre el aborto, dice que el nacionalismo actual es sólo una reinvención del caciquismo español de siempre, actualizado "por el afán de sacar algo".

– En los últimos años se ha destacado usted por una crítica feroz al nacionalismo. En Canarias gobierna un partido nacionalista que lleva cinco legislaturas. ¿Es consustancial al nacionalismo hacerse con el poder y no soltarlo?

– Eso es lo que se ha visto en todos los casos, esa voluntad de perpetuación es evidente. En el fondo, el nacionalismo no es otra cosa que el viejo caciquismo español de siempre con Autonomía y banda de música. De hecho, el nacionalismo se entiende con el Gobierno central con los mismos mecanismos que ya usaban los caciques, que consiste en decirle "tú déjame a mí mano libre en mi territorio, que yo te apoyo a ti en el Parlamento con mis diputados". Cánovas y Sagasta gobernaron así decenios. Eso está muy reflejado en la novela del siglo XIX…

– ¿Es el nacionalismo una enfermedad de la política, como creían Ortega o Lenin?

– Yo creo que el nacionalismo es una dolencia, pero también que algunos son peores que otros. Hay casos graves y casos leves. Hay algunos nacionalismos que no pasan de ahí, de ser puro caciquismo actualizado, y luego hay otros que tienen un componente étnico, o que juegan con la amenaza del independentismo. Aunque lo que quieren no sea la independencia, sino la gestión indefinida de esa amenaza, que es lo que da dinero y posibilidades de influencia. Lo malo es que se ha creado la impresión de que todo el mundo, para lograr ventajas políticas, tiene que poner cara de nacionalista. Y ahora tenemos 17 nacionalismos diferentes, 17 regiones inventando mitos identitarios y banderas, y usando un lenguaje sobre "los de aquí" frente a "los de Madrid". Ese tipo de lenguaje absurdo se produce porque los políticos han llegado a la conclusión de que si no se disfrazan de nacionalistas no van a conseguir nada. Y así, lo que ocurre es que nadie quiere ser como los demás, cuando lo perfecto sería que en un Estado de Derecho, todos fuéramos como los demás, iguales en derechos y garantías

– Coalición Canaria no abanderó el independentismo en sus orígenes, pero en los últimos tiempos el componente nacionalista es más denso en sus discursos…

– Por lo que he visto, así es. Es curioso, porque cuando yo empecé a venir a Canarias, no hace tanto, el independentismo sólo existía en algunos personajes más o menos conocidos y folclóricos. Lo que había era lo contrario, miedo a que España se olvidara de Canarias. La mayoría de los canarios reivindicaban su españolidad, defendían que se tuviera en cuenta su insularidad. Ahora hay una obsesión con la amenaza independentista (algo que todo el mundo sabe que no se va a cumplir), pero que está ahí y que sirve para obtener ventajas.

– Hay incluso un medio de comunicación –El Día- que reivindica claramente el independentismo. Pero en Coalición el verbo se maquilla, y se habla de "soberanismo". ¿Cree que significa lo mismo?

– Habrá que preguntárselo a ellos. Desde que existe, el Estado se basa en la ciudadanía, y todo lo que no sea la soberanía del pueblo español es folclore. No hay ni bases históricas ni étnicas, pero si fueran propuestas, si alguien dijera "esto es lo que nosotros creemos que va a ser lo mejor", habría que razonar esa petición, y no alcanzo a ver qué ventajas podría tener Canarias al independizarse de Europa. Porque dejar de pertenecer a España es dejar de pertenecer a Europa.

– En las reformas de los Estatutos de Autonomía que se han producido en los últimos años se tiende a resaltar la diferencia como un valor.

– La diferencia no es un valor, es un hecho. Si en ocasiones ese hecho tiene valor en la gestión de la comunidad, pues es lógico que se tome en cuenta. No es lo mismo administrar una región insular que una región de montaña. Pero las diferencias no son para enorgullecerse. Lo de que hay que ser diferente por ser diferente, eso es algo clínicamente estudiado. Freud escribió del narcisismo de las pequeñas diferencias, que es el que padecen quienes están constantemente buscando algo que los distinga de su prójimo, porque ven que su única identidad es "no parecerse a". Se trata de gente que tiene pánico a la semejanza y a la fraternidad. Gente ingenua puede caer ahí de forma inocente, pero en general, cuando se traslada a la política, creo que se hace porque es rentable.

– En Canarias el discurso identitario se ha vinculado en los últimos años al desprecio a quien viene de fuera.

– Ese discurso político en Europa es el del fascismo. Eso es lo que sostiene Le Pen o lo que en su día sostuvo Sabino Arana. La sociedad se acoraza y se blinda frente al de fuera. Es muy peligroso y por eso la cuestión de la inmigración es tan importante. Una postura excesivamente buenista puede provocar reacciones que den pábulo a los grupos xenófobos, a quienes hacen demagogia. Es lógico que en una sociedad como la canaria este asunto preocupe. Pero es un asunto humanitario que debemos resolver las personas civilizadas.

– En el País Vasco camina con dificultades el acuerdo entre PSOE y PP. ¿Es un pacto exportable?

– Allí era un pacto necesario. Desde los movimientos cívicos vascos luchamos mucho por él, mientras que los que hoy forman ese pacto nos acusaban de ser crispadores por proponerlo. Yo creo que se ha visto que ese acuerdo era imprescindible si se quería ofrecer una alternativa al nacionalismo. Al margen de los aciertos que pueda tener el Gobierno de Patxi López, sólo el hecho simbólico de que haya un gobierno no nacionalista es de enorme importancia. Porque una cosa es saber que uno pertenece a una nación, y otra cosa ser nacionalista. Ahora se puede vivir en el País Vasco sin necesidad de griteríos, y volver -con toda naturalidad- a ver la Vuelta ciclista a España, a que la selección española juegue, a escuchar el discurso del Rey el día de Nochebuena, a saber que formamos parte de un país.

– ¿La crisis está desmovilizando a la ciudadanía?

– Es probable que haya cierta apatía. La gente se ocupa de lo colectivo cuando no está ocupada de lo que le pasa a su familia. En las crisis, no suele haber grandes movimientos sociales. Y además hay una desmovilización favorecida porque los políticos dan una visión muy sectaria. Y eso es desmovilizador.

– ¿Le sorprenden los actuales niveles de corrupción?

– Me sorprende que haya estado impune tanto tiempo. La corrupción existe donde hay libertad. Soy muy pesimista y creo que los seres humanos hacemos todo el mal que nos dejan, y si no nos dejan hacer mal, no podemos hacerlo.

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