SARO DÍAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
- ¿Qué opinión genérica tiene de la política canaria?
- Las Islas están sumergidas en una espiral decadente. Pienso que el desprestigio de las instituciones y la falta de credibilidad de la clase política provocada por los escándalos de corrupción ha destronado la vitalidad democrática que tuvo en las décadas más conflictivas de la Transición, cuando hubo un par de generaciones educadas en el debate social y la participación activa en la vida pública. Por eso, cada vez más la ciudadanía parece alejarse de la política oficial y entre la juventud el juego electoral de los partidos se ve como algo tedioso y sin sentido. Es una pena que en estos tiempos de crisis, cuando más falta hace el compromiso y la solidaridad, no tengamos a mano un ambiente más favorable para revitalizar la política canaria con nuevas ideas. Además, al ser un Archipiélago, compartimos los mismos problemas económicos y sociales, pero en la búsqueda de soluciones todavía seguimos muy divididos entre islas y por eso la visión de conjunto se hace más necesaria. La salud democrática de la política canaria pasa por una vertebración más efectiva entre todas las islas, lo peor de todo es seguir promoviendo los pleitos y pensar ciegamente que las típicas subvenciones europeas serán para toda la vida. Tal como está el panorama actual, con un circuito turístico estrangulado y las polémicas ecológicas sobre el territorio, la pérdida de los derechos sociales y la precariedad del mundo laboral, hacemos un flaco favor a las generaciones futuras pasando de la política.
- Si pudiera hablar en el Parlamento de Canarias ¿sobre qué lo haría y en qué términos?
- Una vez pude asistir como representante de estudiantes a una mesa de diálogo sobre el transporte público en Tenerife. Recuerdo que lo más cerca que estuve del poder en el Cabildo fue aquella ocasión donde esperamos casi una hora en la Sala Miami. Cuando me tocó hablar lo hice en inglés para ridiculizar la escena frente al político de turno que no se enteró de la misa la mitad. Al final conseguimos mayor sensibilidad de las autoridades hacia la grave situación de colapso en los campus universitarios y cuando llegaron las elecciones nos ofrecían guaguas gratis. Si algún día hablase en el Parlamento creo que recitaría el poema completo de La Maleta, de Pedro Lezcano. Resume muy bien la esencia reivindicativa de la historia insular y pone en su sitio a las personas que maltratan esta tierra con tanta especulación. Además, como joven, ni siquiera llevaría una corbata puesta; lo más seguro es que me pondría una camiseta contra el puerto de Granadilla y no pararía de hablar por las miles de personas a las que los partidos hegemónicos han silenciado sus firmas. Hace falta cambiar la Ley Electoral y poner el Parlamento al servicio de la sociedad, no al revés. Precisamente el mayor mal endémico de las Islas ha sido la profesionalización de la política. Hay una casta de familias con influencia histórica que controla el poder desde hace mucho tiempo; pero la partida del tiempo la tenemos ganada, ya les queda poco a los alcaldes vitalicios y a los presidentes de alta alcurnia, hace falta gente con frescura que traiga nuevos aires a la política canaria.
- De formar parte de un hipotético Gobierno de Canarias ¿qué área le gustaría llevar y qué parte de la realidad canaria le gustaría contribuir a mejorar ?
- Provengo de una educación política reivindicativa, mi sitio natural es hacer oposición desde la calle. Además mi padre es un emigrante libanés y mis abuelos eran campesinos de los caseríos de Anaga, por eso tengo un vínculo muy fuerte con los ideales de izquierdas a favor de la paz y la justicia social. Lo primero que haría en el Gobierno de Canarias sería una ley para sacar las Islas del recuadro meteorológico de la televisión y quitar la rayita de la división provincial en los mapas, hace mucho daño al propio imaginario de nuestro lugar en el mundo y genera distancias absurdas entre las islas, tenemos que empezar a construir otra Canarias posible. También convertiría la sede capitalina del gobierno en un espacio alternativo, parece un búnker futurista que nada favorece a la promoción de la cercanía democrática de estos nuevos tiempos globales. Sin lugar a dudas, al pasar mi infancia en una ciudad turística me pediría el área de turismo y relaciones internacionales; iría hasta Bruselas de cabeza, no para contarle al mundo nuestros problemas en plan lloriqueo, como hacen ahora los diplomáticos de CC, sino para hacer partícipe a la ciudadanía europea que nos visita cada año de que las Islas son un patrimonio que tenemos que defender entre todos, como decía aquella canción de Taburiente.
- ¿Le parece que la población canaria se implica en política?
- La legitimidad democrática de nuestras instituciones está en la cuerda floja, no sólo por las carencias generadas desde la burocracia administrativa y la verticalidad en la toma de decisiones, por no mencionar otra vez el tráfico de influencias y los chanchullos urbanísticos, sino por la propia dinámica de los partidos que se mueven en base a muchos intereses particulares. En el mapa de la política actual cada vez tienen más poder las élites económicas y eso conlleva que se tenga que achicar mucha agua para mantener a flote la autonomía de la política, los males de la globalización son iguales en todas partes. El sistema democrático necesita ponerse al día. Los mecanismos de legislación tienen que hacerse más participativos y horizontales; hay que poner de moda ejemplos participativos como el de Porto Alegre sobre los presupuestos participativos.