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El terrorismo independentista del mpaiac (I) 

La bandera de Nelson y la operación Estrella

 
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El presidente Adolfo Suárez observa el material incautado al Mpaiac tras la operación Estrella.
El presidente Adolfo Suárez observa el material incautado al Mpaiac tras la operación Estrella. la opinión

El cómico robo de la bandera de Nelson y de la enseña de las milicias tinerfeñas, ocurrido en la iglesia de La Concepción en enero de 1977, denota lo desastrosa que llegó a ser la intentona terrorista de los independentistas del Mpaiac.

ANTONIO HERRERO - DANIEL MILLET | SANTA CRUZ DE TENERIFE Ahora que ha vuelto a rebrotar el sentimiento separatista, tan minoritario y residual como entonces, es bueno recordar qué supuso, cuantos atentados protagonizó y de qué forma fue desarticulado tras apenas dos años de violencia. Un comando de cuatro personas que quería entrar en el brazo armado de los independentistas del Mpaiac –más que pertenecer a él formalmente– se plantó la madrugada del 20 al 21 de enero de 1977 en la iglesia de la Concepción, de Santa Cruz de Tenerife, y penetró por el coro con el objetivo de robar el Pendón de la Conquista y ganarse la confianza del líder de la organización, Antonio Cubillo. Con las prisas y la oscuridad, agarraron lo primero que trincaron: dos estandartes que estaban tras una vitrina en el patio principal del templo. Cuando fueron a celebrar la hazaña, se dieron cuenta de que no era el Pendón: eran la bandera tomada a las fuerzas de Nelson cuando en 1797 intentaron tomar la capital tinerfeña, perteneciente a la fragata Esmerald, y una bandera española de las milicias defensoras tinerfeñas al mando del general Gutiérrez.

Entonces, ¿qué le iban a decir a Cubillo? Uno de los miembros del comando llamó poco después al líder del Mpaiac a Argel y le reveló el fatídico error –el Pendón era símbolo del yugo colonial, pero la bandera de Nelson y la de las milicias representaban precisamente lo contrario– con el temor a recibir una bronca. Pero no, Cubillo lo celebró y consideró que aún así era un buen golpe, porque se trataba de dos símbolos de gran importancia para la sociedad chicharrera. Así es que les pidió discreción y que se las hicieran llegar a su exilio en la capital de Argelia. Le hicieron caso en lo primero, pero no en lo segundo. De fogalera, uno de los insurgentes relató a una persona lo que acababan de hacer. Fue el absurdo principio del fin de la efímera existencia de la rama terrorista del Mpaiac.

Esta historia, que destacaron los diarios de la época y amplió después con todo lujo de detalles el profesor de la Universidad de La Laguna, Domingo Garí, en su obra Historia del Nacionalismo Canario, refleja hasta dónde llegaba la capacidad organizativa del grupo armado separatista canario, el único en la historia que intentó la vía del terrorismo. Y si tan curioso fue el robo en sí de los dos estandartes, más curiosa fue la forma en que las autoridades se percataron de la sustracción y cómo uno de los integrantes del comando fue localizado y detenido en el aeropuerto de Los Rodeos, sólo 8 días después. "Una vez finalizada la solemne ceremonia religiosa que, presidida por el obispo de la Diócesis, se celebró en la parroquia de La Concepción con motivo del primer centenario de su consagración, se observó que una de las vitrinas donde se conservaba la bandera española de las milicias tinerfeñas y la de Nelson se encontraba abierta y dichos estandartes habían desaparecido". Así lo contó El Día, que precisa que el gobernador civil de la provincia, "señor" Mombriedro de la Torre, y el alcalde accidental, "señor" Acuña Dorta, volvieron al interior del templo para cerciorarse de que lo que les acababan de decir era verdad. El Movimiento para la Autodeterminación y la Independencia del Archipiélago Canario (Mpaiac), creado a mitad de los sesenta por Cubillo y cuyos postulados independentistas se habían radicalizado durante aquellos años duros de la transición a la democracia, denominó aquella lucha "violencia creadora".

La primera acción armada, recuerda Garí en su libro, se produce en noviembre de 1976 con la colocación de una bomba casera en los almacenes Galerías Preciados de Las Palmas, que sólo se saldó con daños materiales. Las posteriores acciones, siempre caseras, habían hecho movilizarse aún así a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Hasta que llegó el robo de las banderas, una historia más propia de las películas de José María Forqué –sobre todo el de Atraco a las tres–, que de una revolución con fundamento.
El comando iba por su cuenta y estaba en ese momento casi integrado en el Mpaiac. Se denominó Erelca, de tendencia anarquista. Estaba integrado por Juan Pedro Hernández Rodríguez (alias Juan el Barba o Juan Banderas), director del hotel Seguro de Sol de Puerto de la Cruz; Pedro Aniceto Medina Calero, policía armado; Luis Alberto Martín Garbote y Miguel Hernández Herrero (alias Babán). Las bravuconadas de uno de ellos, entre trago y trago, poco después de la hazaña les iba a terminar costando mucho más caro de lo que jamás imaginaron, ya no sólo al Erelca, sino a todo el brazo armado del Mpaiac. Para empezar, la redacción de El Día recibió unos días después del suceso de las enseñas la visita de una persona que tenía algo que decir. Tuvo un amago de arrepentimiento, pero volvió a las tres de la madrugada para cantar. El Día trasladó la confidencia a la Policía.

El 29 de enero, Juan Hernández Herreros era detenido cuando iba a tomar un avión a Zurich, Suiza, para desde allí volar hacia Argel y encontrarse con Antonio Cubillo. El joven (26 años) fue llevado a las dependencias policiales para proceder al registro de su equipaje. Los agentes ya se lo esperaban: dentro de una maleta negra se encontraron la bandera de Nelson y la española de las milicias. "El nombre del detenido con las enseñas fue el facilitado a El Día y comunicado a la Policía", tituló el periódico tinerfeño en las páginas de sucesos.
Tanto Hernández como los otros tres integrantes del grupo pasaron a la prisión de Santa Cruz de Tenerife el 3 de febrero de 1977, de donde salieron en el mes de abril, si bien Pedro Medina Calero estuvo con anterioridad en el Castillo de San Joaquín, por su condición de policía. En la investigación, la Guardia Civil concluyó que los arrestados proyectaban la venta de los símbolos y con el importe adquirir fondos que sirvieran para subvencionar futuras acciones encaminadas a la obtención de la independencia del Archipiélago. Pero hallaron mucho más. Un dosier con futuras acciones: localizar un campo de base en Taganana, robar explosivos en la cantera La Jurada de San Andrés, volar los repetidores de Radio Nacional de España en el parque Las Mesas; realizar pintadas y colocación masiva de banderas separatistas canarias, secuestrar a un mando militar, vigilar y destruir un presunto campamento de Guerrilleros de Cristo Rey y robar el Pendón de Castilla para su posterior traslado a Argel.

Parecía un reto demasiado exigente para un grupo que había confundido hasta el Pendón. Su desarticulación iba a terminar desencadenando los dos mayores golpes policiales contra el brazo armado y político del Mpaiac. El primero se desarrolló apenas unas semanas después del robo de las banderas, con detenciones en Santa Cruz y Las Palmas (la más sonada, la del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Guanches, Guillermo Santana García Guetón) y la incautación de armas y otro material logístico y de propaganda.
En marzo del año siguiente, 1978, tuvo lugar el golpe definitivo. Cubillo ya había sufrido el atentado que casi le cuesta la vida (5 de abril), por parte de dos mercenarios contratados por el Estado para impedir que se plantara en la ONU con la descolonización, cuando se lleva a cabo la que recibió el nombre en clave de operación Estrella. El día 26 de marzo, el entonces gobernador civil de la provincia, Francisco Laina García, da una rueda de prensa en la que informa de la detención de 23 miembros del Mpaiac en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, pertenecientes a las tres ramas: militar, cultural y propagandística.

A los imputados, que llevaban operando desde finales de 1976 y principios de 1977, se les incautó abundante material consistente en: explosivos, detonadores con retardo de hasta 99 horas, pistolas, escopetas, machetes, dinero en metálico procedente del atraco a la Caja de Ahorros de La Esperanza, planos de edificios militares y otros con la ubicación de cuarteles de la Guardia Civil en Tenerife, banderas separatistas y un avión de aeromodelismo. Con éste último se supuso que iban a intentar atentar contra el avión del presidente, Adolfo Suárez, que tenía anunciada su visita al Archipiélago. No obstante, según la Guardia Civil, hubiera resultado muy complicado que el avión no tripulado fuese utilizado para ello, puesto que el soporte donde iba montado no admitía tanto peso para cargar el combustible como artefacto explosivo en sí, lo que imposibilitaría su control.

Los Servicios Especiales de la Guardia Civil envían a muchos agentes hasta Tenerife y estos comienzan a infiltrarse en los ambientes universitarios y en cuantos actos de tendencia radical se llevan a cabo en las dos provincias. Los agentes detectan a un joven, identificado como Antonio Jorge Callico, estudiante de segundo curso de Filología inglesa de la Universidad de La Laguna que se hacía llamar comandante Toño de las Fuerzas Armadas Guanches (FAG). Interceptan una serie de llamadas desde el bar de la pensión Guanapay, en La Laguna, donde residía, por las que levanta sospechas. Fue su carácter fantasioso lo que permitió a la Guardia Civil localizarlo. Su detención traería consigo un reguero de arrestos y la sentencia de muerte para el Mpaiac.

El comandante Toño, que en aquel entonces tenía 30 años, se hacía denominar entre sus amigos con esa graduación militar y para ello exhibía un colgante en forma triangular con una estrella de ocho puntas. Un día de regreso de la casa paterna en Tafira, fue abordado por otro miembro del Mpaiac que le obligó a mostrarle el colgante con su condición de comandante. El mensajero se lo arrebató y le dijo que él no era comandante ni nada y que el único comandante de las FAG era Guetón. El comandante Toño se derrumbó y manifestó su deseo de ingresar en el Mpaiac. Varios días después, recibió una llamada de Cubillo, quien le dijo –según el autor del libro Mpaiac, de Carlos Millán Cazorla– lo siguiente: "Aquí Cubillo. Estoy al corriente de lo tuyo. Deja de hacer tonterías. Te aceptamos, pero empezarás a trabajar con conciencia. Tu misión de momento será la información y lectura de la prensa local para lo que te llamaré todos los martes y los jueves a las diez de la mañana al teléfono de la pensión y me mantengas así informado".

Estrechado el cerco sobre todos aquellos sospechosos, la Guardia Civil comienza la operación Estrella ante el anuncio de la visita de Adolfo Suárez. El primero en ser detenido el 6 de abril de 1978, en el domicilio paterno de Tafira, es el propio comandante Toño. Nada más comenzar los interrogatorios, confiesa su pertenencia al Mpaiac y pone al corriente a la Benemérita de que en cada Isla hay cuatro comandantes de las FAG y que como uniforme utilizan una camisa gris, un pantalón haciendo juego con la camisa y una estrella de ocho puntas con galón verde. Asimismo, precisa que los soldados emplean una camisa de color crema, las cuales eran enviadas desde Argelia. En el registro de la pensión Guanapay, la Guardia Civil halla una pistola del calibre 7,65, banderas separatistas, diversa propaganda y otros efectos, así como una fotografía de comandantes de las Fuerzas Armadas Guanches.

El día siete de abril se detiene a cuatro personas, dos de las cuales quedan en libertad bajo fianza y las otras en libertad tras prestar declaración, entre ellos la novia del comandante Toño. Dos días después, son arrestadas otras ocho personas, de las cuales tres salen en libertad bajo fianza el 5 de junio de 1978. El 10 de abril se procede al apresamiento de seis imputados más, dos de los cuales quedan en libertad dos meses después. Entre ellos, el autor material de la colocación del explosivo que mató al policía Rafael Valdenebros Sotelo, cuando se disponía a desactivarlo en La Laguna. Se trata de uno de los integrantes del Grupo 58 del Mpaiac. Las últimas detenciones se producen el día 12 de abril, concretamente cinco. De ellos, dos salen en libertad bajo fianza el 5 de junio y otro tras prestar declaración.
Era el fin del intento por crear una revolución armada "contra la dominación española" del siempre minoritario independentismo canario, que a pesar de nutrirse de delincuentes comunes y de sus chapucerías, hizo movilizarse al Estado y sembró la alarma en una fase crítica de la historia.

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