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Crónica

Don Pepito le pega a todo

 
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ANTONIO CACEREÑO
El viernes de la semana pasada El Día sorprendía con la excentricidad que suponía una soflama independentista que coincidía con la celebración de un funeral de Estado y un Consejo de Ministros en la "maldita, seca y fea" Gran Canaria. Ya saben, "la isla tercera en extensión, pero la primera en fealdad. Un territorio desangelado". La bestia negra de siempre para el editor del diario, José Rodríguez Ramírez, que jamás dudó en hipertrofiar hasta el disparate el viejo pleito entre las dos islas capitalinas hasta llegar a su delirante teoría de que a Gran Canaria hay que mutilarle el nombre y retirarle el ´Gran´ para no confundir a los turistas. Este martes, Rodríguez dio otra vuelta de tuerca a su particular bestiario. Esta vez, y como expresión de la deriva que le lleva ahora a pretender que Canarias debe ser una nación libre del Estado opresor español (sic), se permitió banalizar los crímenes contra la humanidad y los asesinatos industriales que impulsaron los nazis en el siglo pasado con un balance de millones de muertos y desplazados.

"¿No son nazis, o neonazis, todos los que se califican o proclaman como españolistas, amantes de la españolidad o españoles?", vino a escribir, no sin antes despacharse con una serie de periodistas que no habían compartido con él la provocación del viernes anterior. "¿En qué se diferencian de los nazis [el diputado y portavoz socialista en el Parlamento de Canarias] Santiago Pérez y [el ex diputado regional de AP y actual concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife por Ciudadanos] Ángel Isidro Guimerá, dos ejemplos vergonzosos de defensores de la españolidad del Archipiélago canario?".

Pérez y Guimerá se han convertido en blanco de sus diatribas por no seguirle el juego. Guimerá, que hasta hace bien poco era colaborador habitual del diario, justo hasta que se mostró disconforme con quienes cuestionan la españolidad de Canarias, considera calumniosa la comparación con los criminales nazis y pretende exigir una rectificación. De no producirse, habrá querella. Al parecer, la actitud de Pérez es otra, y de momento sólo toma nota de la nueva arremetida.

CAUSA ABIERTA. No será el único frente que se abre a Rodríguez en los tribunales. A instancias de la Fiscalía, ya hay una causa abierta contra él y su diario por la publicación de unos ripios en los que se aprecian indicios de racismo. Se le acusa de un delito de incitación al racismo y la xenofobia, tras la publicación de unos versos en los que se animaba a la población a pertrecharse de mosquetones para disparar contra los inmigrantes subsaharianos llegados en patera ("cigarrones" en el original)... Antes, en 2008, en un hecho sin precedentes en la historia autonómica española, el Parlamento de Canarias ya había realizado una reprobación expresa de la línea editorial del diario. Así, la Cámara ratificó por unanimidad de todos los diputados, a excepción del nacionalista Miguel Zerolo, alcalde de Santa Cruz, que protagonizó una significativa ausencia, una manifestación institucional en la que expresó "su firme rechazo ante los ataques a la unidad de los canarios y la dignidad de la isla de Gran Canaria, y sus ciudadanos, así como a la ideas xenófobas y a la incitación de la subversión del orden constitucional que reiteradamente se defienden en el editorial del periódico".

Junto con el actual presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, Zerolo, imputado por presunta corrupción en la venta del frente marítimo de la única playa santacrucera en el llamado caso Las Teresitas, es de los pocos políticos que se libran de momento de las andanadas del singular don Pepito.

Quien acaba de estrenarse, de momento en versión ligera, es el portavoz del PP en el Parlamento, Miguel Cabrera Pérez-Camacho. Su defensa de la españolidad de las Islas, un "absurdo", a juicio del editor, le ha costado un rapapolvo, pero queda apercibido. "Nos ha dolido por venir de una persona a la que asignábamos una alta cuota de inteligencia, de patriotismo y de honradez". Cabrera Pérez-Camacho fue incluso aplaudido cuando protagonizó hace meses un escándalo en el Parlamento al pronunciar en la tribuna un pareado machista dedicado a la diputada socialista Paquita Luengo en el que jugaba obscenamente con las palabras higo y moño. Frente al bochorno general, don Pepito aplaudió: "Muy bien don Miguel Cabrera; chucho con estas calamidades". Las calamidades no eran otras que Luengo, "ofendida por unos versos de nada", y las diputadas del PP por Tenerife y CC por Gran Canaria, Cristina Tavío y María del Mar Julios, a las que no perdona que sean miembros de la Mesa del Parlamento que inspiró la reprobación de su argumentario. Tampoco escapa a sus peroratas el presidente del órgano en el que reside la soberanía popular isleña, "el jesuítico Antonio Castro". Claro que no ha sido la única sutileza de género del singular editor frente a las mujeres con cargos públicos que se niegan a reírle las gracias.

"LAS NIÑAS". Rodríguez le ha cogido afición al intento de ridiculizar sin descanso a las mujeres de la política. Así, llama "la niña Tavío" a la diputada y presidenta del PPtinerfeño y de la actual consejera de Sanidad y diputada por Gran Canaria dice que "la señora Roldós está genéticamente condicionada a barrer para su casa". También arremetió contra "las niñas de Adán Martín [las ex viceconsejeras de Turismo Pilar Parejo y de Cultura Dulce Xerach Pérez], que favorecieron a una isla paramera y anodina" -imagínense cuál, sí, la de Gran Canaria, que define constantemente como "un secarral"-. Claro que su musa favorita es la portavoz de CC en el Congreso, "la otra niña Ana Oramas (...), convertida en la Barbie del Congreso de los Diputados, enseñándoles a los godos lo que es la política pura". Con Oramas llegó más lejos para sugerirle desde un editorial que cuidara su discurso, no fuera que un día la corrieran a pedradas de un mitin. Cuando una periodista de Las Palmas salió en defensa de Oramas y apreció incitación a la violencia, Rodríguez contestó con una columna sin firma en la que se preguntaba si la periodista en cuestión era "virgen de cuerpo y de mente".

Lo peor todavía estaba por llegar. "Las tetas de nuestras mujeres deben amamantar a nuestros hijos, no a los hijos de los peninsulares", bramó en vísperas del Consejo de Ministros que Zapatero había convocado en Gran Canaria. ¿O a los hijos de los peninsulares sí y los de los godos, no? Porque las incoherencias son frecuentes. Un día escribe: "No hay más que ver la actitud de los godos y peninsulares que soportamos". Al otro: "No quisimos escribir ´godos y peninsulares´, sino ´godos y no peninsulares".

El catálogo parece inacabable y variopinto, así como sus lindezas a los políticos. Rodríguez se despacha en función de las coyunturas: a Paulino Rivero le lisonjea con un "usted puede ser el primer presidente, aunque provisional, de la nueva nación canaria" y a Zapatero le tilda de "mofletudo" antes de mofarse de él como "el único varón sobre la tierra" por osar reunir a su Gobierno en Gran Canaria.
Frente al Gobierno de España, invoca el independentismo que descubrió hace cosa de dos años, justo cuando algunos políticos tinerfeños, empezando por Miguel Zerolo, comenzaron a tener problemas con la Justicia por presuntos casos de corrupción. Rodríguez parece dejar atrás los tiempos en los que el periódico cubría con profusión los homenajes a la bandera que el capitán general Jesús González del Hierro promovía a lo largo y ancho de Tenerife en vísperas del 23-F o la defensa de Santa Cruz como sede la Capitanía General. Por comentarios elogiosos al régimen franquista hay un diputado regional que baraja presentarle una querella por apología del totalitarismo.

El prohombre juega también en el filo de una navaja peligrosa al sugerir que se puedan producir estallidos de violencia, "como ha ocurrido en las colonias francesas del Caribe, si seguimos dependiendo de España". "Los dirigentes políticos canariones están provocando la excitación del pueblo tinerfeño". "Cualquier día se echará la gente a la calle para rebelarse contra tanto atropello". "La independencia ya está en marcha (...). Los que no se unan a ella ahora serán acusados en el futuro de cobardes al servicio de Las Palmas". Señalar con el dedo es otra cosa que le encanta. A un grupo de personas vinculadas a la cultura que se atrevieron a discrepar de sus editoriales, su periódico lanzó poco menos que una condena bíblica y los hizo merecedores de "un estigma que ya será permanente para ellos y sus descendientes".

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