SARO DÍAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
En condiciones normales, disponer de un reglamento resulta tranquilizador por aquello de saber a qué atenerse, a no ser que el documento tenga tantas interpretaciones como diputados el Parlamento de Canarias. El Reglamento provocó ayer el encono de los josemigueles nacionalistas, González y Barragán, y del popular Manuel Fernández, contra el presidente del Parlamento, Antonio Castro Cordobez, cada vez más crispado ante quienes ponen en cuestión su manera de moderar el debate político.
El primer pleno de este curso político ha resultado incómodo debido a que las obras trasladaron las sesiones a una sala más pequeña; las votaciones se hacen a mano alzada; el timbre para avisar a sus entretenidas señorías parece el del tranvía advirtiendo riesgo de atropello, y todo ello junto provoca el mal humor ante las confusiones del presidente del Parlamento.
La posibilidad de que Santiago Pérez cerrara su intervención para defender una enmienda a su propia propuesta causó las airadas protestas de sus señorías contra Castro Cordobez. Hasta pudiera pensarse que Castro se muestra más benigno en los tiempos que concede a los socialistas que a los de su propio grupo político, Coalición Canaria. Así que el fantasma de que la rivalidad por la sucesión de Paulino Rivero empañe el debate parlamentario flota en el ambiente, un tanto cargado de todas formas después de que el socialista Julio Cruz y la nacionalista María del Mar Julios se acusaran mutuamente de "sacar rédito político" del accidente que acabó con 154 personas en Barajas el pasado verano.
Sí se tomó, sin embargo, el acuerdo unánime de plantear al Estado, con motivo del Consejo de Ministros del próximo 9 de octubre en Gran Canaria, la exigencia de que cumpla con el REF por lo que a la media de inversión estatal en Canarias se refiere, aunque el socialista Blas Trujillo matizó que los problemas con las inversiones en Canarias no tienen tanto que ver con el incumplimiento del REF como con "la maraña administrativa que nos está ahogando" y que los repartos no son una simple operación aritmética sino algo mucho más complejo.
Lo que no quedó muy claro es si finalmente sus señorías, al votar en contra de la enmienda socialista a la propuesta socialista y rechazar la propuesta misma (¿una enmienda que cambia los términos de una propuesta tiene rango de propuesta o sigue siendo una enmienda?) no estaban sin quererlo rechazando la decisión tomada por el presidente del Gobierno de Canarias de repartir el 58% de los fondos del extinto ITE que remitirá el Estado entre las corporaciones locales. El galimatías quedó en pie porque, como sentenció Antonio Castro, "lo que no prevé el Reglamento yo no lo puedo interpretar".
El encono contra Castro por su interpretación del Reglamento ha sido la novedad de este nuevo curso político, pues en el anterior sólo parecía enfadarse con él la Oposición, mientras que ahora el cabreo de miembros de su propia fuerza política como Barragán y el poco dado a excesos José Miguel González resulta tan llamativo como esa campana tranviaria que recuerda a los diputados y diputadas que se requiere su presencia para votar alguna propuesta, único modo de que algunos se sienten en su escaño para escuchar a quienes intervienen. Porque esa es otra, Castro cada vez encuentra más dificultades para que se callen y presten la atención debida.