SARO DÍAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Aestas alturas de la legislatura, el discurso político canario está trufado del devocionario que los partidos políticos transmiten a sus cargos públicos. Da igual que puesto se ocupe, de qué área se es responsable, qué asunto se esté tratando: las consignas están claras. Así, los cargos públicos del Partido Popular (PP) acaban culpando al presidente del Gobierno estatal, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, de todos, absolutamente todos los males de esta región. Da igual que se sea concejal del municipio más pequeño y remoto del Archipiélago o secretario general del partido, el caso es acabar adjudicando el origen de cualquier problema a Zapatero. De modo que puedes preguntar en los pasillos del Parlamento por cualquier materia a un diputado popular y, por muy transferida que esté a la comunidad autónoma la misma, Zapatero será el responsable de cualquier incumplimiento al respecto.
Otra muy distinta es, naturalmente, la consigna política del Partido Socialista Canario (PSC-PSOE), aunque queda igual de clara al interlocutor: Zapatero habita el vértice de cualquier mejora registrada en esta Comunidad, frente a la absoluta dejación del Gobierno de Canarias. Así sucedió esta misma semana en el ámbito de la vivienda, donde el secretario de ese área de la Ejecutiva Regional, Carlos González Segura, la secretaria insular en la misma materia, Pilar Magariños, y la diputada autonómica Laly Guerra reinvindicaron lo bien que lo hace el Ministerio de Vivienda, que ya ha firmado con todas las comunidade autónomas y entidades financieras los convenios correspondientes para vivienda pública, mientras la Consejería canaria que se ocupa de la misma materia oculta datos y retrasa la ejecución de las políticas de vivienda anunciadas a bombo y platillo.
Por su parte, la consigna de Coalición Canaria (CC) es muy parecida a la de su socio en el Gobierno, el PP, en tanto en cuanto Zapatero es una especie de demonio con patas que se ocupa en su tiempo libre de pensar cómo puede perjudicar a las Islas. Con una matización: la reinvindicación de todo el dinero que históricamente el Estado debe a Canarias. Si trasladamos la cuestión a las coordenadas de la ironía, se puede calcular la deuda remontándonos a hace cinco siglos. Así sería mayor.
Las consignas políticas que se transmiten en las declaraciones e intervenciones protagonizadas por cargos públicos con representación en el Parlamento de Canarias oscilan entre el victimismo ("nosotros hacemos lo posible, pero Madrid no ayuda") y el triunfalismo ("Lo hacemos genial, pero luego no nos siguen"). Muy humano, aunque el electorado, en medio de una crisis económica que ha dejado 270.000 parados y perpetúa las peticiones de siempre entre la clase empresarial, tal vez necesite menos consignas y sí un mayor reconocimiento de errores por parte de uno y otros y observar algo de humildad, también por parte de todos.
Las consignas mencionadas a veces chocan con contradicciones, como las que da lugar la escenificación entre Paulino Rivero y Zapatero de una relación tendente al entendimiento, mientras el resto de cargos públicos de CC y PSC-PSOE continúan alentando y repitiendo las consignas. Rivero y Zapatero se saludan, posan y sonríen. Y luego diputados socialistas cuentan que menos mal que Zapatero no deja solos a los canarios porque a ver qué sería de ellos con un Ejecutivo regional como el que hay; o los nacionalistas prolongan su queja de que Madrid no hace nada y sólo improvisa medidas para quedar bien. Incluso el PP esboza las más duras críticas al PSOE a diestro y siniestro y luego dobla la cerviz del acuerdo bajo el argumento de que no queda otra.
Y es cierto. No queda otra que llegar a acuerdos, dialogar y buscar soluciones entre todos porque para eso han sido elegidos por la población como sus representantes políticos en las instituciones. Pero las consignas siguen y seguirán sonando como una cantinela a no ser que se rompa algún pacto y cambie la letra.