TONY M. ÁLAMO (IDEAPRESS) | SANTA CRUZ DE TENERIFE
De esta manera, el presidente del Gobierno de Canarias rompía una tradición inaugurada desde los tiempos de Manuel Hermoso, según la cual el líder del ejecutivo autonómico realizaba una declaración y atendía a los medios cada 15 de agosto.
Sin embargo, atosigado por los escándalos que circulan a su alrededor, siempre derivados de sus palabras, Paulino Rivero prefirió callarse y no hacer declaración alguna. Así, el presidente no quiso dar la cara y prefirió marcharse antes de responder a preguntas sobre las palabras que pronunciara el pasado miércoles en referencia a que "sí hay escuchas telefónicas ilegales" realizadas por el Estado o la conversación telefónica intervenida por orden judicial entre Rivero y el alcalde de Arona, en la que el presidente pedía que su sobrina fuera enchufada en la Policía Local del municipio.
Tradición
Este hecho inaudito venía a romper una tradición de las fiestas que, cada 15 de agosto, se celebran en honor a la Virgen de Candelaria. El presidente del Gobierno siempre realizaba alguna declaración tras la finalización de los actos, contestando después a las preguntas de los medios. En ese sentido, la costumbre marcaba que la presencia de Paulino Rivero en los festejos era un presagio de que, tras la parada militar, la solemne eucaristía y la procesión, el más alto representante del ejecutivo respondería a preguntas sobre la solicitud de trato de favor para una sobrina suya o sus sorprendentes declaraciones a nivel nacional en la Cadena Ser, donde se mostró convencido de que el estado realiza escuchas telefónicas ilegales, como ha venido denunciando su socio de gobierno, el PP. Sin embargo, la escena, más bien propia de un programa del corazón, incluía a una serie de periodistas de los principales medios de comunicación, persiguiendo al presidente del Gobierno de Canarias quien, del brazo de su jefe de protocolo, huida de los micrófonos que, en algunos casos, sólo le pedían una valoración de los actos festivos.