Adán Martín Menis: ´Me gustaría ser recordado por intentar que Canarias no llegara tarde al futuro´

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Adán Martín Menis: ´Me gustaría ser recordado por intentar que Canarias no llegara tarde al futuro´
Adán Martín Menis: ´Me gustaría ser recordado por intentar que Canarias no llegara tarde al futuro´ josé luis gonzález

Adán Martín, 65 años, ex presidente del Gobierno de Canarias, superando la convalecencia de un tratamiento de autotrasplante de médula ósea. Con apenas medio centímetro de pelo blanco sobre el cráneo, muy delgado y con la voz castigada por el efecto del tratamiento en las mucosas, sigue siendo exactamente el mismo Adán Martín de siempre. Un tipo abierto, con voluntad de hacer pedagogía en cada minuto de su vida. El mismo Adán, pero distintos afanes: aparcar la enfermedad diez años, recuperar una vida privada, aprender francés, hacer otras cosas. Dos horas de conversación en su casa dan mucho de sí: detrás de las palabras, una cabeza bien amueblada, la cordialidad distante del político que nunca dejará de serlo y la sinceridad prudente de alguien que ha burlado la muerte dos veces y aún aspira a dejar alguna huella en el sendero de la historia de las islas.

FRANCISCO POMARES | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Han pasado tres meses desde que fue sometido a un trasplante de médula. ¿Cómo se encuentra usted?
-Pues ahora con ilusión. La semana pasada me hicieron las últimas pruebas para ver como estaba el linfoma y me dijeron que todo está bien y que tirara millas p´adelante. Y estoy con muchas ganas: en los últimos 25 días he tenido una recuperación importante, me ha crecido el pelo y físicamente empiezo a encontrarme bastante bien. Estoy contento.
-A pesar de su enfermedad no ha dejado usted nunca de moverse: aparte sus desplazamientos a Barcelona para tratarse el cáncer, ha viajado usted varias veces a Venezuela, a Cabo Verde, a Marruecos… ¿De dónde saca tanta energía?
-Bueno, después de dejar la Presidencia del Gobierno, tuve que adaptarme a cambios importantes en mi vida, y luego supe que tendría que afrontar un nuevo tratamiento. He tenido que combinar ambas cosas y eso me exigía dedicar un tiempo a la enfermedad, a los médicos y los hospitales, y buscar también un espacio para recuperar mi vida profesional, mi trabajo. Yo soy ingeniero, y decidí dedicarme a actividades de ingeniería o en la industria, que es lo que conozco más fuera del ámbito de la política, y a lo que quería volver. Pero también soy una persona condicionada por mi propia responsabilidad social, he estado muchos años en política y mantengo mis preocupaciones e intereses, intentando siempre contemplar todos los asuntos desde su globalidad. Comprenderá que con tantos campos abiertos he tenido que mantener un ritmo fuerte de vida. Pero a mí eso me ayuda. Me agota, pero me ayuda. La tensión me da vidilla. Tener cosas en la cabeza, asuntos profesionales o preocupaciones generales, no es una rémora frente a la enfermedad, sino un acicate. Me ha ayudado a poder combinar el tratamiento con una vida relativamente normal, y creo que lo he conseguido.
-Debe ser complejo para una persona que ha estado casi toda su vida en política volver a la actividad profesional. Más con su edad… ¿A qué se ha dedicado profesionalmente?
-Cuando uno rompe con la Presidencia y la actividad política, es necesario encajar un camino. Hay que evitar las suspicacias, y hacer las cosas bien. Yo he optado por trabajar fuera de Canarias. Estoy haciendo varias cosas, sobre todo en planificación –me presente con mi hermano y otras personas a un concurso en Cabo Verde y lo ganamos- y hemos presentado un proyecto imaginativo y creo que muy bien planteado, y allí están muy satisfechos con la propuesta. También estoy moviendo la creación en Europa de un Instituto, el Instituto Libertad y Democracia…
-¿Eso tiene origen en Perú…?
-Sí, fue creado por un economista peruano, Hernando de Soto, que lleva desde el año 80 trabajando en como mejorar las posibilidades desarrollo de los pobres en los países en vías de desarrollo. A mí me pareció una iniciativa muy interesante, y además suponía hacer algo uniendo el Sur con el Sur. Una de las líneas de trabajo del Instituto en la recuperación y asignación de las propiedades en los países africanos, dónde sólo las élites y los ricos tienen títulos de propiedad, y con ello acceso a créditos y otras oportunidades basadas en la tenencia de propiedad. Hay millones de personas que poseen pequeñas propiedades rústicas o urbanas, pero sin titularizar: no pueden pedir una hipoteca, no pueden venderlas o alquilarlas con garantías. El Instituto estudia qué hacer en esos países para que millones de pequeños propietarios titularicen y pasen a tener algo de valor que no les pueda ser quitado. Parece algo de poca importancia, pero supondría un impulso enorme a la economía de esos países y a la calidad de vida de esos pequeños propietarios. El Instituto ha hecho un desarrollo conceptual y legal de qué es lo que hay que hacer en esos países con el que yo me identifico absolutamente, y creo que esta es una buena actividad para un ex presidente comprometido con el área geográfica en la que vivimos. Por eso voy a estudiar francés, me va a hacer falta, porque ahí enfrente todo el mundo habla francés y yo sólo me defiendo un poco el inglés.
-¿No le produce melancolía que ese potencial de energía suyo tenga que proyectarse fuera de Canarias? ¿No le parece absurdo que sus compañeros –su partido sigue en el Gobierno– prescindan de su experiencia y capacidad?
-La posición de un ex presidente es complicada. Felipe González dice que un ex presidente es como un florero que nadie sabe dónde colocar. Es un asunto difícil. Es verdad que acumulas experiencia y conocimientos, pero quienes gobiernan son otras personas. Por eso hay que buscar la forma de no estorbar.
-Hecha usted de menos la actividad pública. No me mienta…
-No, no, de verdad: la responsabilidad de las políticas ya no pesan sobre mí. Si me piden consejo lo doy, pero ya no son mi responsabilidad. Pero le reconozco que hay algo que no puedo obviar, que es pensar en el futuro. Qué va a ocurrir en esta parte del mundo en que vivimos, que va a pasar en África, cómo vamos a salir de esta crisis, cómo mejorar el uso de nuestros recursos, como afrontar la escasez de los recursos… pero en la política ejecutiva, en lo de ver cómo se están haciendo las cosas, a mí no me corresponde ahora tomar decisiones. Pero nadie puede pedirme que no piense.
-Este gobierno esta formado por personas que usted promocionó… ¿Echa de menos que se le pida consejo?
-No, eso es una ley normal. Cuando uno deja un cargo debe saber que lo deja. Y además yo creo que es bueno cambiar, no perpetuarse en el cargo mucho tiempo. Es difícil mantener la frescura. Yo ahora estoy concentrado en dedicarme a lo mío…
-Es usted ingeniero…
-Sí, antes de dedicarme a la política, yo empecé trabajando con el acero, cosas de calderería, y luego estuve en la impresión. Es un campo que conozco, que me gusta y he vuelto a él. Y la parte de responsabilidad social, que toda persona tiene con la sociedad y que quien ha sido cargo público lo tiene o debería tener un poco más, pues intento -Yo estoy más cómodo así. Acabo de volver de Marruecos, dónde me invitaron a un foro que apuesta por la tricontinentalidad atlántica y estuvimos sesenta personas encerradas durante dios días, gente de la que se puede aprender mucho: el jefe de gabinete de Sarkozy, un representante de Lula, gente de Sudáfrica, Nigeria, México. Es curioso que en Marruecos y en muchos sitios de África y América estén trabajando en la misma línea de liderar el proceso de tricontinentalidad, de creación de un espacio triatlántico que ha sido una de mis constantes preocupaciones de futuro. Los canarios estamos en el epicentro de ese espacio, y creo que puedo seguir aportando cosas en el campo del pensamiento y de la colaboración. Haciendo eso me siento muy libre y muy cómodo, y además creo que así cubro mi cuota de responsabilidad social, asumiendo mi papel de ´ancien´ –que no significa anciano, sino antiguo, antiguo presidente, ex presidente-, trabajando por articular la solidaridad europea con África.
-No es por faltar, pero en su caso, lo de ancien también puede tener que ver con la ancianidad. ¿Usted no debería estar ya jubilado?
-Sí, sí, ya tengo 65 años. Cumplo 66 en octubre.
-¿Y cómo lo lleva?
-Bien. He estado más afectado por la enfermedad y la dureza del tratamiento que por la edad. Pero por debajo están los años que tengo. Una de las cosas que te plantean cuando te enfrentas a un trasplante de médula es precisamente la edad. A partir de 70 años no se hacen. Es un tratamiento que afecta a todos los órganos y que te da mucha leña. Y son muy pocos los casos de éxito después de los 70. Le digo esto porque yo soy consciente de la edad que tengo, muy consciente, pero me siento con fuerzas para seguir haciendo cosas. Los tratamientos de este tipo no afectan sólo físicamente, también te dejan la cabeza más pesada. Yo ahora tengo la cabeza mucho mejor que hace dos meses…
- ¿Y qué se siente cuando uno percibe que pierde recursos mentales…?
- Pues mire, la primera vez, cuando estaba en el Gobierno, allá por el año 99, estaba más preocupado. Hablaba con frecuencia con la gente que trabaja conmigo, con Pilar [Parejo, su mujer], con mis colaboradores y les decía que me vigilaran y que me avisaran si detectaban algún síntoma de no estar con la cabeza en plenitud de condiciones. Era algo que me obsesionaba, que pudiera llegar a afectarme el tratamiento. La gente que estaba conmigo sabe cuanto me preocupaba no responder al nivel de exigencia de un debate parlamentario o un Consejo de Gobierno. Recuerdo sobre todo los Consejos de Política Fiscal y Financiera, dónde se maneja muchísima información económica. Mi preocupación era ir siempre bien armado. Y creo que no hubo ningún problema. Pero ahora esa preocupación no existe, y es un gran alivio. El problema de estar en política es que tus decisiones afectan a los demás, pero ahora ya no es así. Estoy trabajando y si me equivoco, pues me equivoco. Pero si estas gobernado y me equivoco, no me equivoco yo, es que hay un montón de gente que confía en uno detrás, y también quien sufren las consecuencias del error. Por eso se me acusa de tardar mucho en tomar decisiones. Las apuro siempre hasta el último minuto para evitar equivocarme.
-Ha sido más duro esta vez, verdad…
-Sí, mucho más. Tengo diez años más, y ya he pasado antes por lo mismo. El trasplante ha sido muy duro, ha sido un machaque terrible, me dejó sin defensas, marcado, y con dolor desde el dedo chico hasta el último pelo de la cabeza
-Pelo no tiene mucho…
-No, ja, ja. Pero ya va, ya va. Tardas mucho en recuperarte, pero durante este tratamiento no he sentido la responsabilidad de tener que adoptar decisiones colectivas. Porque cuando tienes un dolor de cabeza no piensas igual que cuando no lo tienes. Ahora, Si mi cabeza ha estado mejor o peor ha sido un problema mío. Y eso ha sido un gran alivio. Y cuando el proceso termina por fin y comienza la recuperación, todo se convierte en una alegría. Porque pensar es precioso, y crear, imaginar…
-¿Es usted un buen paciente?
-Sí, yo dejo hacer a los médicos. No soy de esas personas que se meten en Internet a estudiar…
-Eso ya lo hace Pilar Parejo…
-Sí, ja, ja. Es verdad que Pilar es la que se ha estudiado todo. Sabe de esto mucho más que yo.
-La vi hace dos meses, cansadísima. Olía a cloro. Se lo dije y me contestó que se había convertido en la reina de la lejía.
-Sí. Después de diez días en el hospital nos instalamos en un apartamento, y como las defensas siguen bajando, y no hay una burbuja inmune, como en los hospitales, pues te pones en manos de un cuidador responsable, que es clave en el proceso de autotrasplante ambulatorio. Mi cuidador fue Pilar. Se pasó el tiempo a mi lado con mascarilla, o fregando como una loca con lejía por todos lados. Nunca podré agradecérselo bastante. Ha sacrificado completamente su carrera profesional. Tiene 45 años y en el momento en el que tenía que resetear su vida política y volver a lo profesional, lo dejó todo.
-Yo siempre pensé que su carrera política ha sido un mal negocio para Pilar Parejo, para su hermano Fernando, para muchos de sus colaboradores… cuando se fue no dejó a ninguno colocado. Es usted un mal jefe. Y esta es la tercera vez que le jeringa usted la vida a Pilar Parejo.
-Es verdad. He sido un hándicap para ella. Lo fui en el Cabildo, lo fui en el Gobierno, donde necesitaba una persona que se ocupara de Turismo, y la forcé a venir para echarme una mano, y soportó muchísimas críticas, críticas injustas, porque fue una decisión mía, y he sido también un hándicap ahora que tenía que empezar a arrancar de nuevo con su vida profesional.
-Volviendo a su enfermedad… ¿Pensó en algún momento que no lo superaría?
- Sí. En algún momento determinado sí. Se pasan días malos. Pero lo mío fue un autotrasplante, que es menos duro, porque no hay rechazo. Había gente en la habitación de al lado pasándolo peor que yo. Y conté con la ayuda de otros, que pasaron por lo mismo, y que me decían "Adán esto acaba, en unas semanas verás la luz al final del túnel". Pero mientras estás en el túnel es jodido.
-¿Está la muerte muy presente en esos momentos?
- Cuando estás luchando contigo mismo en lo que piensas es en salir, pero siempre te ronda la idea de que puede ser. Sobre todo cuando pones la cabeza en tus hijos, en las personas a las que quieres y piensas que quizá no vas poder darles todos los consejos que querrías. A mí me ayudó mucho una llamada del hijo de Manolo [Hermoso] al que le hicieron también un trasplante muy duro…
-Es más joven que usted…
-Sí, mucho más, pero hablar con él me ayudo mucho. Fueron días muy duros.
-Recuerdo haberme tropezado con usted en Barcelona, cuando estaba bajo tratamiento aún, y en uno de los primeros días en que le convencieron de salir a la calle. Apareció usted en un restaurante donde estábamos unos amigos y hablamos un rato. Y daba una cosa verle… Estaba usted tiritando de frío, y prácticamente no podía ni comer. Y yo le pregunté si estaba seguro de lo que había hecho y usted me contesto: "Lo que intento es ganar otros diez años...". Me impresionó muchísimo.
- Pues yo creo que los he ganado, esos diez años. Mire, el cáncer que yo tengo no es curable. De lo que se trata es de echarlo p´atrás durante un período largo de tiempo. Morirme sé que me voy a morir. Todos nos vamos a morir…
-Los estadounidenses dicen que las dos únicas cosas seguras en la vida son la muerte y los impuestos…
-Ja, ja, es verdad. Aquí se trataba de ganar tiempo para vivir bien y hacer cosas. Y eso es lo que yo pretendía. Cuando me dijeron que el autotrasplante era el camino que procedía, pues yo evalué los riesgos, las dificultades, y que eso me daba la posibilidad de ganar un tiempo importante, esos diez años. Sólo entonces me decidí.
-Ese mecanismo refleja su forma de hacer todo en la vida: antes de pensar en el resultado, darle vueltas a la relación que hay entre el esfuerzo en recursos y el resultado que se obtiene.
-Es que eso es clave en la vida, en los procesos sociales, económicos. Es la forma correcta de enfocar las decisiones. Ver cómo consigues afrontar las cosas, que esfuerzo se requiere y en que condiciones sales. Es como ésta crisis: no sólo se trata de plantear medidas paliativas para que la gente sufra lo menos posible, sino de ver como la enfocamos para que al salir estemos en mejores condiciones. Pensar en corto y en largo al mismo tiempo.
-¿Tiene usted hoy la percepción de haber dejado un legado?
- Yo creo que eso es muy intangible. Yo creo que el poder por el poder no tiene sentido, que el poder tiene que servir para cambiar y mejorar las cosas. Percibo cosas pequeñas: cuando paso por la calle de la Noria y veo a la gente cenando y divirtiéndose, pienso que la de de recuperar esa calle surgió siendo yo concejal de Santa Cruz, hace treinta años. Y me decían que estaba chiflado. Para mí es suficiente.
-A los políticos se les recuerda por las obras públicas de su mandato: En 30 años de política -22 de ellos en Tenerife-, ha dejado muchas obras para ser recordado. La más emblemática ha sido el Auditorio.
-Es una obra importante. El Auditorio y los Museos, y el TEA son obras del tiempo que pasé en el Cabildo, y han cambiado cosas en Tenerife. Pero las ideas a veces nacen en las personas y a veces son fruto de escuchar, de aprender a escuchar. La mayoría de las obras y proyectos que se han hecho todos estos años son fruto de un esfuerzo colectivo. Recuerdo que hubo un momento en que el Cabildo de Tenerife tenía en marcha 1.200 obras. Pero eso no es lo importante. Lo importante fue el esfuerzo para ordenar la administración y lograr que se hicieran las obras que eran necesarias y no otras. Porque ha habido visiones personales, pero también mucho trabajo de equipo.
- ¿No quiere ser recordado por el Auditorio?
- Yo preferiría ser recordado por haber intentado hacer las cosas pensándolas, por haber creído que el rigor no está reñido con la creatividad, por haber querido planificar la adopción de decisiones y por haber tenido una idea de Canarias y haber trabajado con entusiasmo por esa idea. Los edificios y las infraestructuras son importantes, pero el motor del cambio y del futuro son las ideas. Me gustaría ser recordado por haber hecho lo posible para que Canarias no llegara tarde al futuro.
- Vaya… la idea más extendida es que a usted eso de llegar tarde…
- Sí, tengo esa fama.
- Yo creo, señor Martín, y perdone la barbaridad, que es usted de esas personas que van a llegar tarde incluso a su propio entierro.
- Ja, ja, sí, es verdad. Eso de llegar tarde al entierro de uno mismo es un buen reto.

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