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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 13
    Octubre
    2015

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    ¿Y por qué no llamasteis “Mariano” a la cabra?

    Es de suponer que algún legionario estaría hoy purgando su gravísima imprudencia en un calabozo si se le hubiera ocurrido llamar “Mariano” a la cabra de la Legión, que ahora se llama “Pablo” y ayer se convirtió en la gran protagonista del desfile de las Fuerzas Armadas en día de la Fiesta Nacional. La cabra fue la reina del día si prescindimos de Albert Rivera, claro, con el que todos querían desfilar. Pero eso fue en el besamanos posterior en el Palacio Real.

    En ausencia de Pablo Iglesias, que excusó su presencia, estuvo la cabra “Pablo” y su nombre fue sobradamente destacado por los periodistas de TVE que estaban retransmitiendo el desfile. Juraría que les escuché reírse. Una de esas risas que no se oyen y que suenan en el fondo del pulmón.

    No. Rectifico. No “Mariano”. Imaginen que le hubieran puesto a la cabra “Felipe” y allí hubieran desfilado, con su característico modo “fast forward”, delante del monarca, su esposa de mármol y las dos nenas, que son de caramelo. Si cabra y monarca hubieran sido equiparados en mala hora, hoy asistiríamos a una crisis nacional de primer orden, con tertuliados propopulares (que son la mayoría) quemándose a lo bonzo ante semejante agresión a los pilares del sistema. Y en Ceuta y Melilla, habría una saca inmediata de caballeros legionarios para apartar de este cuerpo medular del Estado Español a todos aquellos infectados por el virus republicano. Si la cabra se hubiera llamado “Felipe”, hoy sería el fin del mundo tal y como lo imagina Artur Mas.

    Yo soy de los que entre echarse unas risas y no echárselas, siempre digo que hay que procurar partirse el eje. Que la vida son dos días. Pero, al paso que vamos en este país, de tanto reírnos vamos a acabar llorando. Ya es conocida la afición del español por fusilar a su hermano y llenar cunetas con los frutos de su ira fratricida, así que deberíamos de dejar de hacer el idiota.

    Cierto, es verdad que empezó Pablo -no la cabra, el de la coleta­- anunciando que no iba a asistir al acto institucional porque consideraba "más útil" su presencia "en la defensa de los derechos y de la justicia social". Como si fuera Superman, tuviera que estar de guardia las 24 horas para salvar gatitos y detener meteoritos que caen sobre la tierra y no pudiera tomarse siquiera la mañana libre. Es verdad que la monarquía es una institución de raíz mágica y atenta contra la racionalidad, y también que empieza a ser incomprensible que para celebrar nuestro día nacional –el día de un país laico, civilizado, profesional y en ocasiones culto- haya que sacar a los militares a la calle, como si fuéramos Corea del Norte. Eso es verdad, Pablo, pero, coño, si te tomaste un descanso para desayunar con Ana Rosa Quintana, qué no podrás hacer tú por España.

    Cierto, es verdad que Pablo –no la cabra, el de la coleta- tiró la primera piedra, pero la tarea de la Legión viene siendo ser la novia de la muerte y hacer exactamente lo que el Gobierno se le encomienda. Ni más, ni menos. Y si alguien quiere enviar legionarios al Club de la Comedia, mejor se lo preguntaban antes al Ministro de Defensa. No sea que se estén extralimitando y no sea esa su función en un estado democrático. Recuerden, hay españoles que sí votan a Podemos. Incluso entre los legionarios.

     

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