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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 12
    Febrero
    2013

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    Schavan y otra gente que dimite

     

    Hace unos días, dimitió Annete Schavan como ministra de educación de Alemania por plagiar una tesis doctoral hace 33 años. Pocos antes, abandonaba el ministro británico de Energía, Cris Hume, por mentir sobre una multa de tráfico.

    Ya se ve que los ministros extranjeros dejan el cargo con una ligereza preocupante.

    En 2010, el jefe de Estado alemán, Horst Kölher, tuvo que dimitir por decir que la participación de su país en la misión de Afganistán convenía al interés nacional.

     Edmund Storiber, presidente del lander de Baviera, dimitió en 2000 porque un ayudante suyo había espiado a críticos dentro de su partido.

    El ministro del interior de Brandemburgo, Rainer Speer, dimitió hace tres años por ocultar la existencia de un hijo ilegítimo cuya manutención pagaba el Estado.

    La señora Marlies Mosiek-Urbahn dimitió en 2001 como ministra alemana de Familia. Resulta que se había divorciado y ya no se veía capacitada para el cargo.

    Y lo de Japón, ¿qué?

    En 2011 el ministro de Asuntos Exteriores, Seiji Mehara, lo dejó al desvelarse que una señora coreana a quien conocía desde niño le donó 450 euros. La ley nipona no deja a los extranjeros hacer donaciones. El asunto era gravísimo. En el transcurso de los años, aquella pérfida mujer le había hecho regalos por valor de 1.735 euros.

    En 2011, el ministro de economía Yoshio Hachiro tuvo que dejarlo porque después de visitar la central nuclear de Fukushima bromeó con los periodistas y les dijo: “Cuidado, estoy radiactivo”.

    Un año antes, el ministro de Justicia Minoru Yanagida tuvo que dejar el cargo por decir que su trabajo era fácil, algo que ofendió al parlamento.

    No me extraña nada. A mí también me ofende. Gente como ésta nos deja tirados a la mínima.

     

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