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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 20
    Noviembre
    2013

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    Los dos hijos de Aribert Heim

    Aribert Heim, también conocido como el Doctor Muerte,  falleció en agosto de 1992 en El Cairo. Heim se ganó el sobrenombre por los experimentos que hizo en la enfermería del campo de concentración de Mauthausen, donde se entretuvo inyectando benceno en el corazón a 300 presos judíos sanos para ver qué les ocurría. Todos murieron, evidentemente.

    Hace dos décadas que Heim murió, pero acaba de saberse que los descendientes de aquel nazi tienen una cuenta esperando en el banco con un millón de euros. La herencia procede de una inversión inmobiliaria que el Doctor Muerte hizo después de la guerra y que, por distintas razones, no llegó a ser incautada por las autoridades.

    Heim dejó dos hijos. El mayor se llama Aideberg, tiene 63 años y está casado. El pequeño se llama Rudiger, tiene 57 años y está soltero. El mayor no quiere ni oir hablar de su padre y ha renunciado a un dinero manchado por la infamia. El hermano pequeño, en cambio, ha aceptado la herencia de buena gana y sostiene que una cosa es la verdad judicial –es decir, que el Doctor Muerte fue un asesino de los peores- y cosa bien diferente, razona, la verdad que su padre le contaba. Se ve que con este argumento Rudi puede dormir tranquilo y millonario.

    Y ahora el gran dilema: ¿Ustedes qué harían si estuvieran en la misma situación que los hermanos Heim? ¿Se taparían la nariz y aceptarían la pasta como el hermano pequeño o, como el hermano mayor, se mantendrían fieles a sus principios y rechazarían la herencia? Nunca está de más preguntárselo. Hay que estar preparados. No sea que un día de estos tengamos que elegir qué tipo de persona queremos ser.

     

     

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