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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 25
    Septiembre
    2013

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    Joachim el aburrido

    Todos los días de Joachim Sauer son iguales. Este catedrático de química en la Universidad Humbolt de Berlín es un figurón mundial en su disciplina; un maniático del orden, de la discreción y del ahorro. Tiene la cara que dice su apellido. Sauer en alemán significa 'amargo'. Herr Sauer es un hombre tan misterioso y discreto que cuando acude con su esposa al teatro a escuchar a Wagner  lo conocen como “El Fantasma de la Opera”. Casi nadie sabe qué es lo que piensa este hombre invisible y metódico que todos los viernes visita obediente el supermercado para hacer la compra que su mujer apunta en una lista. Joachim Sauer, se me olvidaba decirlo, es el marido de la canciller alemana Angela Merkel.

    Si ustedes tienen la oportunidad de ver una fotografía de Sauer caerán en la cuenta de que vale más morirse que salir con él de cañas. Sin embargo, fue precisamente ese carácter suyo soporífero el que enamoró a la joven Angie, que estaba harta de su marido de entonces, el señor Ulrich Merkel quien al parecer era la anarquía en persona. Aquel primer marido sólo dejó a aquella joven química un mal recuerdo, una lavadora y un apellido con el que tenemos pesadillas la mayoría de los europeos.

    Podrá quebrar media Europa pero, por lo que he leído, nada de eso perturbará en absoluto a Joachim Sauer, que todas las mañanas toma el café que le prepara Angela y después los dos juntos hablan un ratito de lo que más les interesa: la química. Es muy probable que tengan una apasionante charla sobre las zeolitas, un aluminosilicato microporoso en el que está especializado este prestigioso catedrático. Luego Joaquin se marcha, siempre apacible, a trabajar y ya nos deja todos a merced de la señora de la casa.

     

     

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