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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 17
    Diciembre
    2015

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    El “selfie-bomba” de Pontevedra

    El magistral desarrollo narrativo de la campaña hace pensar en la mano negra de un guionista. Cabe preguntarse si el azar puede escribir tan bien. Todo comenzó con una escena encantadora –de fondo sonaban violines y pajarillos- con Bertín y Rajoy haciéndose arrumacos y manoseos. Mientras tanto, el resto de los protagonistas (Albert, Pablo, Pedro, etcétera…) cantaban y bailaban por los platós de televisión entre más violines y más pajarillos y más manoseos y más hormigueros. El género de la película electoral se podía situar entre la comedia romántica y el musical de Broadway. Apto para todos los públicos. Parecía increíble tanta amnesia colectiva: el país cabreado del 15-M, el país empapelado con los manuscritos de Bárcenas, el país amputado por la crisis, se disponía a saldar cuentas con su clase política cantando todas y cada una de las canciones de “Sonrisas y lágrimas”. Qué buen rollo.

    Pero en la siguiente escena ya empezaron a aparecer nubarrones que nos hacían mover el culo en el sofá. Se acabó la música de variedades con el primer debate. Vimos que no había ya dos Españas. Que había cuatro, horror. Además, en ese debate Pedro Sánchez se asomó al abismo y en el cara a cara con Rajoy tuvo que salir con el cuchillo en la boca. La tensión subía segundo a segundo y el termómetro acabó estallando cuando el socialista llamó “indecente” al Presidente y este le llamó "ruíz". El musical del 20-D, a fuerza de cuchilladas, tornaba en Viernes 13. Empezábamos a engullir las palomitas de puro nervio.

    En la penúltima escena del filme, llegó el “selfie-bomba” de Pontevedra. Rajoy acercó la jeta para hacerse una foto con un chaval de diecisiete y se la partieron. Un escalofrío recorrió el patio de butacas. Algunos dieron un bote, otros se taparon los ojos de pavor. Inmediatamente, el golpe (de guión) centró toda nuestra atención. Otra vez la retorcida lógica de la violencia: nada como una hostia a tiempo. Y así, fascinados con el atentado manual perpetrado en la queridísima ciudad del Gran Registrador, nos lanzamos a dilucidar los temas verdaderamente importantes: ¿pero qué le pasa a nuestra juventud?, ¿tiene algo que ver el fútbol con este tipo de conductas violentas?, ¿ho habrá que suspender la Liga, no?, ¿cómo ha sido posible que los escotas estuvieran tan despistados?, ¿Dónde estaban las gafas de repuesto del Presidente? ¿Podrá el Presidente seguir saliendo a dar esos paseos por Ribadumia? ¿Defcon 3 o Defcon 4? Elijan ustedes.

    Luego no se quejen. Porque la historia contará que el domingo íbamos a celebrar unas elecciones trascendentales pero acabamos haciendo un referéndum sobre un niñato de 17 años.

     

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