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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 15
    Diciembre
    2015

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    20-D: Goya en el geriátrico

    Es verdad. Sólo faltó Penélope Cruz: and the winner is… ¡¡¡¡Pedrooooo!!! La prueba es que hasta Marhuenda lo reconoce, rezongando por las tertulias mañaneras mientras recibe las collejas de los compañeros periodistas. Ganó Pedro Sánchez, no hay más que hablar. Ganó Pedroooo, que fue vestido de Pablo Iglesias a un debate moderado por un Campo Vidal que no dejaba de cortarle el rollo destroyer al líder socialista para que dejara de morder en el cuello al registrador Mariano. El popular escribía y escribía, cambiaba de boli -azul, rojo, azul-, pero luego sólo balbuceaba.

    Campo Vidal lleva un tinte lila de abuelita Disney y todo el rato estuvo haciendo de hada madrina del Presidente del Gobierno. Llegó en carroza y le estaban lloviendo calabazas. Pobre Mariano, que tenía ojo, boca, manos y piernas en una pura muñeira y le iban y le venían unas ganas irresistibles de levantarse y marcharse a fumar un puro y leer el Marca al lado oscuro, al otro lado del plasma, a Doñana, a Ribadumia, cuando más lejos mejor. Tendrían que haberle advertido de cómo estaba el frente. Pensaba que el asunto de anoche iba de tomar unos mejillones y echar una al futbolín, como en casa de Bertín, y, manda carallo, menudo fregado.

    ¿Pero ganó Pedroooooo? Pelea bipartidista en el barro; los abuelos, en silla de ruedas, liándose a bastonazos. Lo del cuadro de Goya, pero a las puertas del geriátrico. Mientras tanto, los frescos emergentes del barrio, fresquísimos en los platós, esperaban para comentar la jugada con el bisturí en la boca, pescando indecisos, que es el asunto clave. Levantaron el meñique y dictaminaron: qué vergüenza, qué sonrojo, qué brusquedad, qué poca ilusión. Pero si esto es más viejuno que la tarta helada al whisky, proclamaban. Cómo se le ocurre llamarlo indecente, apuntaba Pablo, el mismo que los llamó ladrones, corruptos, gentuza, el que inventó con Monedero el peligrosísimo binomio decencia/indecencia.

    Tras la batalla, los hijos enseñaban modales a los padres divorciados. Que aprendan de nosotros, de Albert y de mí, que hemos debatido, sí, pero siempre con balas de fogueo. Es pesca sin muerte. Esgrima, nunca bayoneta calada. Y Albert a todo que sí, Pablo, tú dí que sí, que si hace falta nos reconstruimos el himen para legalizar esta virginidad nuestra tan ilusionante.

    No ganó Pedro. No perdió Mariano. Sin debatir, triunfaron Albert y Pablo, que proclaman que el hombre no viene del barro.

     

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