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zoilo López Bonilla

Nacido en La Laguna, Tenerife y residente en Cataluña Licenciado en Hª del Arte y Grado en Bellas Artes, respectivamente, por la Universidad de Barcelona

Sobre este blog de Cultura

Artículos sobre arte, política, narrativa, etc.etc.


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  • 03
    Enero
    2017

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    Cultura Tenerife

    LA MENTIRA MÁS GRANDE JAMÁS CONTADA

     

    LA MENTIRA MÁS GRANDE JAMÁS CONTADA

    Recién llegado al Puerto de la Cruz, siendo aún muy joven, tuve ocasión de creerme LA MENTIRA MÁS GRANDE JAMÁS CONTADA.
    SOBACO ILUSTRADO, apodado así porque a diario se paseaba por S. Telmo con algún libro o media docena de revistas o ambas cosas a la vez debajo del brazo, me señaló un buen día a un venerable anciano a quién apodaban "El Cubanito", instándome a que, pretextando ignorar yo la hora, me interesara por el extraordinario reloj (Cuervo y sobrinos) de plata que se alojaba en el bolsillo de su chaleco de lino y cuya cadena, del mismo metal, reverberaba bajo la luz atlántica del Puerto de la Cruz. Así obtendría yo la “increíble” historia que "El Cubanito" estaba dispuesto siempre a contar a todo aquel, dispuesto también, a querer escucharla.

     

    El pretexto consistía en preguntarle la hora. Él sabía sobradamente que, en realidad, lo que de verdad nos interesaba a todos era escuchar, de su propia voz, la "alucinante" historia sobre su precioso reloj (Cuervo y sobrinos) de plata y de bolsillo que siempre estaba dispuesto a contar.

    "Cuando fui llamado a filas para combatir en la guerra de Cuba, mi abuelo me regaló este extraordinario reloj (Cuervo y sobrinos) por dos motivos fundamentales: porque me había hecho mayor de repente y como talismán que me proporcionaría, en tierras tan lejanas, la suerte suficiente de librarme de los peligros de la guerra.
    Como bien saben Vds., perdimos la guerra. Los americanos, con la excusa del hundimiento del Maine, se apoderaban paulatinamente de la isla. En los últimos días de la contienda mientras huíamos de los yankis, que nos perseguían muy de cerca, mi compañía hubo de retirarse apresuradamente hacia la playa donde esperaba una barcaza para luego depositarnos sobre la cubierta de un barco fondeado a tal fin en la bahía.
    Atravesábamos una selva; yo el último y con ganas de hacer de vientre. Me detuve en un claro, a la luz de la luna, he hice allí, a toda prisa, mis necesidades. Evacué rápidamente. A pesar de ser el último, conseguí llegar a tiempo sano y salvo. Una vez en cubierta, descubrí, para mi desdicha, que había extraviado el tan preciado reloj (Cuervo y sobrinos); posiblemente, en aquel claro de la selva virgen. Me resigné tarde a ello aunque siempre lo lamenté muchísimo. Tras una larga y penosa travesía, arribamos a Canarias. Para entonces mi abuelo había fallecido.
    ¡¡..Y EN ESTO LLEGÓ FIDEL!!
    Ya felizmente casados, mi mujer y yo aprovechamos una ventajosa oferta del IMCERSO por la que nos ofrecían la oportunidad de visitar la Cuba de Castro.
    Una vez allí, un buen día arrastré a mi mujer por los senderos que, durante la guerra, en mi huida, me habían permitido llegar hasta la playa con vida. Nos adentramos en la selva pero el claro dónde en el pasado yo había hecho mis necesidades, ya no existía, ya no era tan claro como entonces. En su lugar, una exuberante e intrincada vegetación se había apoderado del lugar. Nuestra presencia había logrado enmudecer a las aves, la brisa dejó de soplar dando lugar a una calma tensa. Y en medio de aquel silencio tropical comenzamos a escuchar perfectamente el inconfundible y acompasado sonido de un TIC-TAC, TIC-TAC, TIC-TAC,........
    Alzamos la vista y allí estaba, radiante, brillante, palpitante, suspendido de la rama más alta de un sicomoro. Logré, no sin dificultad, trepar al viejo árbol y recuperar el tan ansiado regalo de mi abuelo (q.e.p.d.).
    Anulamos las reservas en el hotel y zarpamos de inmediato hacia Canarias.
    Sólo me desprendo de él cuando tengo que ir al RETRETE”.

     

     

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